Mensaje de los líderes de Área
Creer en la senda de los convenios “universalmente inclusiva” del Señor
Una amiga y yo compartimos una comida juntos a principios del año pasado. No mucho antes de la reunión, ambos habíamos dado pasos para seguir el llamado del presidente Nelson de aprender acerca de “todo lo que el Señor ha prometido que hará por el Israel del convenio”, meditar esas promesas y luego hablar “acerca de ellas con su familia y amigos”. Nuestros corazones se conmovieron al maravillarnos juntos de las promesas del Señor. Ella me dijo en confianza que hasta que lo estudió por su cuenta, “quería gritar” cada vez que escuchaba la expresión “senda de los convenios” en las lecciones y discursos de la Iglesia. Esas palabras tenían poco sentido. Más tarde, con esfuerzo y concentración, ese malestar desapareció y en su lugar surgieron la comprensión y el gozo.
Nuestro propio estudio del Israel del convenio (un nombre que puede leerse con el significado de “que Dios prevalezca”) puede enseñarnos que las promesas del Señor desarrollan sus raíces en la presencia, y no en la ausencia, de las preocupaciones e inquietudes de la vida diaria. Como cualquier otra persona, Abram y Sarai (que se convirtieron en Abraham y Sara), su hijo Isaac y su esposa Rebeca, así como su nieto Jacob (que se convirtió en Israel) y su familia, todos tuvieron que ocuparse de encontrar sitios donde vivir, alimentos, agua, familias, una nación, paz y una identidad tanto para ellos como para su futuro pueblo. Conocemos ese sentimiento.
Pero el Señor les dio una solución audaz: no procurar esas cosas de la forma habitual, como lo hacen los hombres, tratando con todas sus fuerzas de asegurarse de obtenerlas por sí mismos. En su lugar, Dios les dice: relacionaos primero conmigo, poned en práctica las palabras que os daré y luego yo os relacionaré con otros a vuestro alrededor, os mostraré, proveeré para vosotros, os protegeré, os daré posteridad y también un nombre.
Este intercambio con Dios puede parecer incómodo al principio porque actúa en contra de los instintos naturales. Nuestra instinto reacciona con: ¿qué se obtiene cuando lo primero que se hace es dar?, ¿verdad? En lugar de ello, el Señor nos invita a aceptar esta tensión: dejar ir nuestro apego ferviente por la seguridad para asegurarnos un futuro cierto. Esto es lo que Moisés enseñó a los israelitas cuando el Señor hizo uso de él para volver a crear la identidad del Israel del convenio después de más de cuatro siglos de esclavitud en Egipto: “Y te humilló, y te hizo sufrir hambre y te sustentó con maná, […] para hacerte saber que no solo de pan vivirá el hombre, sino de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre”.
Podemos oír como Jesús se hizo eco de esta misma verdad al comienzo de Su ministerio. Allí donde los cuarenta años de travesía por el desierto de Israel reconstruyeron su conciencia del convenio, el prolongado ayuno en el desierto de Jesús mostró cómo se cuestionó Su divina identidad del convenio: “Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y se le acercó el tentador y le dijo: Si eres el Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Mas él, respondiendo, dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. La expresión de vivir según el convenio es tan profunda en Jesús y reside en Él de una manera tan plena que forma Su respuesta natural en el momento en que Su identidad y compromiso con el convenio se ven atacadas.
No mucho después, Jesús reforzó Su enseñanza: “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos o con qué nos cubriremos? Porque […] vuestro Padre Celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.
Teniendo esto en cuenta, entendemos mejor uno de los retos finales que nos dio el presidente Nelson: “Este es el momento de que hagamos de nuestro discipulado nuestra máxima prioridad. […] No es demasiado pronto ni demasiado tarde para que se conviertan en discípulos devotos de Jesucristo”. Sin duda, como nos animó el presidente Nelson: “La senda de los convenios está abierta para todos. Rogamos a todos que recorran esa senda con nosotros. Ninguna otra obra es tan universalmente inclusiva”.