2025
La misión es un llamado que transforma vidas
Liahona, diciembre de 2025


Voces de los santos

La misión es un llamado que transforma vidas

Entre 2005 y 2007, mi servicio como misionero en Carolina del Norte me enseñó que los mayores milagros no siempre están en las cifras, sino en el poder del Espíritu, la transformación del alma y el compromiso con una causa eterna.

Serví en la Misión Carolina del Norte Charlotte, en Estados Unidos, entre marzo de 2005 y marzo de 2007. Desde que conocí La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, sentí el deseo profundo de servir en una misión de tiempo completo. Aunque parecía lejano, ese anhelo fue constante. Quería retribuir lo que la Iglesia me había dado y representar al Salvador Jesucristo.

Imaginé que mi servicio incluiría lodo, barrios peligrosos y caminos escabrosos, pero el Señor me ofreció algo inesperado: ciudades seguras, viviendas cómodas, coche permanente y paisajes históricos que marcaron mi fe. Tuve la bendición de estar en lugares emblemáticos de la Iglesia, contemplar el Templo de Salt Lake City, conocer a varios apóstoles y descubrir culturas nuevas, sabores distintos y milagros que reafirmaron mi testimonio.

Aunque solo bauticé a tres personas, entendí que el éxito misional no se mide en números, sino en transformación espiritual. Aprendí a reconocer la voz del Espíritu Santo, a tomar decisiones con humildad y a confiar en la guía divina. Además, adquirir el idioma inglés fue un regalo que ha sido clave en mi vida personal y profesional.

Al concluir la misión, seguí siendo tan humano como siempre: cometiendo errores, enfrentando retos y persiguiendo sueños. Sin embargo, puedo afirmar que, gracias a la misión, mi vida tomó un rumbo mejor. Inspirado por el consejo de mi presidente de misión —“Sé un poseedor del sacerdocio”— y el de mi obispo —“Mantén el mismo nivel espiritual”—, decidí seguir sirviendo y cultivar una disciplina que me sostiene hasta hoy.

Servir en una misión es un mandamiento. Puede que no siempre se haga con entusiasmo, pero se hace por fe. Como dijo Adán: “Lo hago porque el Señor lo ha mandado”. Así damos el paso, entramos en el agua y presenciamos los milagros.