2025
Para la reciente mamá cuyo bebé nunca duerme
Septiembre de 2025


Para madres de niños pequeños

Para la reciente mamá cuyo bebé nunca duerme

En medio de las noches sin dormir con dos bebés, recordé que el Señor nunca duerme.

una pintura del Salvador colgada sobre dos cunas

Fotografía por cortesía de la autora

Yo era madre primeriza de gemelas de nueve meses. Mi esposo trabajaba en turnos nocturnos, lo que me dejaba sola para cuidar a las bebés durante la noche. Vivíamos en una pequeña casa alquilada con pisos de madera originales que crujían cada vez que me movía. La noche se convirtió en una experiencia traicionera con nuestras dos habitaciones tan cerca la una de la otra, y siempre estaba intranquila con cada paso que daba.

En su mayor parte, nuestras bebés dormían bien, por lo que estaba muy agradecida. Pero algunas noches, cuando la que dormía mejor se despertaba llorando, inevitablemente despertaba a la que dormía menos profundamente, y yo terminaba con dos bebés cansadas que lloraban.

No hace falta decir que era estresante y frustrante tratar de calmar yo sola a dos bebés en medio de la noche.

Una noche sucedió esto mismo y rápidamente logré que una bebé se calmara y casi volviera a dormir en nuestra sala de estar. Volví a buscar a mi otra bebé, que todavía lloraba, y la levanté. En medio de mi creciente frustración, levanté la vista y vi la pintura de Cristo rodeado de niños que estaba colgada en la pared junto a su cuna. Pensé en lo paciente, amoroso y tierno que se veía con ellos.

Al mirar hacia un lado, vi, en la oscuridad, el reflejo de mi propia silueta sosteniendo al bebé. Cuando coloqué ese pequeño espejo en la pared adyacente, no me había dado cuenta del paralelismo que crearía con la pintura. Pero al mirar de un lado a otro entre la imagen del Salvador con esos niños y yo con mi dulce bebé que lloraba, de repente me invadió el pensamiento de que no estaba sola en esto. Sentí que yo, la mamá cansada que veía reflejada, podía ser más paciente, más amorosa y más tierna de lo que me sentía, tal como Él lo era, gracias a Él y a Su ejemplo.

Fue un momento que deseo no olvidar nunca. Estoy agradecida por el recordatorio de que nunca estoy sola y por Su ejemplo de cómo tratar a mis hijas, incluso (y especialmente) en esos momentos a mitad de la noche.

Desde esa noche he encontrado un consuelo especial en las palabras de las Escrituras que nos recuerdan que nunca estamos solas: en nuestras pruebas, en nuestros pesares, en nuestro agotamiento por ser madres recientes.

Como expresó el élder Robert D. Hales (1932–2017), del Cuórum de los Doce Apóstoles: “‘En mi Getsemaní’ no estoy solo ni lo están ustedes en el suyo. El que vela por nosotros ‘no se adormecerá ni dormirá’ (Salmo 121:4). Sus ángeles aquí y del otro lado del velo están ‘alrededor de [nosotros], para sostener[nos]’ [Doctrina y Convenios 84:88]. Doy mi testimonio especial de que esa promesa Suya es verdadera, porque Él dice: ‘Los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán las alas como águilas; correrán y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán’ [Isaías 40:31]”.

Es posible que nuestros bebés sigan despertándose en medio de la noche, pero podemos recibir consuelo al saber que, al estar ahí para nuestros hijos, por muy cansadas y frustradas que estemos, nuestro Salvador y nuestro Padre Celestial siempre están ahí para nosotras.