De la Publicación semanal para jóvenes adultos
Sabía que no estaba viviendo como debería. ¿Qué cambios podía hacer?
Descubrí que algunos amigos parecían tener lo que a mí me faltaba en la vida.
Durante la mayor parte de mi vida me consideré ateo. No estaba seguro de lo que quería de la vida o cuál era su propósito, pero era lo suficientemente feliz.
Sin embargo, cuando comencé a ir a la universidad experimenté algunos desafíos. No estaba tomando las mejores decisiones y me sentía perdido. Unos años más tarde volví a ponerme en contacto con algunos amigos que eran miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Había crecido con ellos y siempre había disfrutado de su compañía, pero nunca había sentido que su forma de vida fuera para mí.
Cuando nos pusimos al día en cuanto a nuestras vidas, todo lo que vi fue alegría en sus rostros. Ambos se habían casado y tenido hijos, sus carreras iban en ascenso y, sobre todo, parecían irradiar bondad.
Cuando comparé mi vida con la de ellos, me di cuenta de que la mía era muy diferente. Iba por un camino que no quería seguir. Quería que la vida tuviera sentido y no quería perseguir cosas que no me brindarían felicidad a largo plazo.
Por primera vez sentí que algo faltaba en mi vida.
Estaba bastante seguro de que estos amigos tenían la pieza que me faltaba.
La decisión que marcó la diferencia
Al empezar a pasar tiempo con esos amigos de nuevo, me di cuenta de que no encontraban gozo y éxito solo por ser miembros de la Iglesia. Su sentido de propósito en la vida y su motivación para seguir progresando eran increíbles. Eran muy amorosos y motivados, y tenían una energía infinita. No entendía qué los hacía vivir así.
Con el tiempo, sin embargo, me di cuenta de que su entusiasmo por la vida provenía de seguir los principios básicos del Evangelio de Jesucristo. Así que empecé a hacer preguntas y mis amigos me animaron a aprender más.
Al principio, aprender sobre el Evangelio me resultó extraño. No tenía ninguna creencia espiritual sobre la cual edificar, pero las verdades del Evangelio empezaron a tener sentido para mí. Sentí que la vida finalmente tenía un propósito.
El presidente Russell M. Nelson dijo recientemente: “Mi decisión de seguir a Jesucristo es la más importante que he tomado en mi vida […]. ¡Esa decisión ha marcado toda la diferencia! Esa decisión ha hecho que muchas otras decisiones sean más fáciles, esa decisión me ha dado propósito y dirección, y también me ha ayudado a superar las tormentas de la vida”.
He sentido lo mismo al elegir seguir a Jesucristo y ser bautizado.
Unirnos al Padre Celestial
Desde que me uní a la Iglesia, mis circunstancias no han cambiado demasiado. Todavía tengo mucho que resolver, pero mis sentimientos generales sobre la vida son completamente diferentes de lo que solían ser.
Aprender acerca del Salvador, conocer mi identidad divina y darme cuenta de que no estamos solos en este trayecto me ha ayudado a sentir la misma sensación de paz y empuje que siempre tienen mis amigos.
Tengo mucha confianza en nuestro Padre Celestial y me aferro a la idea de que, pase lo que pase, Él me ayuda. Al guardar mis convenios y esforzarme por alinearme mejor con mi identidad divina, sé que Él estará conmigo en cada paso del camino; y si Él está conmigo, no tengo nada que temer.
El presidente Russell M. Nelson también testificó: “Concertar una relación por convenio con Dios nos une a Él de una manera que hace que todo en la vida sea más fácil. No me malinterpreten: no he dicho que efectuar convenios haga que la vida sea fácil. De hecho, esperen tener oposición, porque el adversario no quiere que descubran el poder de Jesucristo, pero llevar el yugo con el Salvador significa que tienen acceso a Su fortaleza y poder redentor”.
Creo que en eso consiste vivir el Evangelio. El Evangelio no hace la vida fácil, pero nos ayuda a crear la vida terrenal y eterna que Dios desea para nosotros.
A pesar de las preguntas sin respuesta, el miedo sobre el futuro y los reveses, veo cómo el Evangelio nos da las pautas que necesitamos para vivir la mejor vida posible.