De la Publicación semanal para jóvenes adultos
Así que acabas de volver de la misión. ¿Y ahora qué?
Una carta para el abrumado misionero que acaba de regresar de la misión.
Estimado amigo:
¡Felicitaciones por terminar tu misión! Estoy muy orgulloso de ti y de tu servicio al Señor.
Ahora que estás en casa, tal vez te preguntes: “¿Y ahora qué?”. Las cosas han cambiado: los miembros de tu familia son mayores, la cultura popular ha cambiado y, lo que es más importante, tú eres una persona nueva gracias a tu misión.
Cuando regresé de la misión a mi casa, me sentía abrumado ante la idea de descubrir qué era lo siguiente que tendría que hacer. Pero después de estar en casa durante casi cinco años, he aprendido algunas cosas sobre la adaptación a la vida después de la misión que espero que te ayuden.
Evita caer en viejos hábitos
Hay muchas cosas a las que adaptarse, pero te sugiero que evites volver a caer en viejos hábitos mundanos, como el uso excesivo de las redes sociales. Después de un ayuno de redes sociales, a veces me recompenso usándolas en exceso.
Es posible que te sientas tentado a hacer lo mismo con otros medios de comunicación después de regresar a casa. Es comprensible, pero tu misión te enseñó la importancia de ser consciente de tu tiempo y de hacer cosas que te ayuden a mantenerte cerca de Dios. No dejes que todo eso se desvanezca solo porque, de nuevo, tienes acceso a tu teléfono.
Continúa con los hábitos que aprendiste y que fortalecen el espíritu, como estudiar las Escrituras y orar a menudo. Es posible que tu tiempo de estudio no sea el mismo que en tu misión, pero aun así puede ser poderoso y significativo. El presidente Steven J. Lund, Presidente General de los Hombres Jóvenes, dijo: “Podemos hallar confianza y paz espirituales conforme cultivamos hábitos de santidad y rutinas de rectitud que pueden mantener y alimentar el fuego de nuestra fe”.
Continúa sirviendo
Acabas de terminar un período de servicio consagrado y puede ser difícil encontrar un sentido de propósito una vez que llegas a casa. El presidente M. Russell Ballard (1928–2023) nos recordó: “Cuando sean relevados de la misión, recuerden que no son relevados de la actividad en la Iglesia. Aprovechen los buenos hábitos que han adquirido en la misión, sigan fortaleciendo sus testimonios, trabajen mucho, oren y sean obedientes al Señor. Honren los convenios que han hecho, sigan sirviendo y bendiciendo a los demás”.
Así que ¡no pierdas el ímpetu! Sigue prestando servicio: pídele un llamamiento a tu obispo, considera servir como obrero del templo o busca maneras de servir en tu hogar, barrio o comunidad. Tu misión te ayudó a prepararte para toda una vida de servicio al Señor.
Busca buenos amigos y mentores
A continuación, asegúrate de buscar buenos amigos que te ayuden a adaptarte a la vida posterior a la misión mientras permaneces fiel al Evangelio. Es posible que tus viejos amigos estén en diferentes etapas de la vida, por lo que también es posible que sientas que tienes que comenzar a hacer amigos desde cero. Sin embargo, esta puede ser una buena oportunidad, ya que la elección de amigos influye en tu vida más de lo que te imaginas. Encuentra a aquellos que te ayudarán a seguir viviendo el Evangelio.
Un mentor (un obispo, un maestro o uno de tus padres) también puede guiarte. Busca a alguien que tenga más conocimiento que tú y aprende de esa persona, ya sea en lo referente al Evangelio, la profesión que te interese o un pasatiempo que te apasione. La mayoría de las personas estarán encantadas de compartir su conocimiento contigo y las lecciones que te enseñen pueden convertirse en algunas de las mejores herramientas de la vida. La guía de estos mentores te bendecirá a ti y ellos serán bendecidos por compartir su conocimiento.
Ejerce la fe y actúa con intención
Por último, sé consciente de en dónde pones tu fe. El presidente Russell M. Nelson enseñó: “Todo lo bueno de la vida —toda posible bendición de significado eterno— comienza con la fe”.
He decidido poner mi fe en Dios, quien me ofrece gozo eterno. Según tomaba decisiones deliberadas para acercarme más a Él, he sentido Su poder de maneras aún mayores que las que experimenté en la misión.
Recuerda: ¡Eres amado y puedes lograrlo! A medida que ejerzas fe en el Padre Celestial, Él te mostrará un gozo más allá de tu comprensión. Tal vez pienses que has visto todo lo que Dios puede hacer por ti, pero te prometo que aún no has visto nada.
Con amor,
Henry