De la Publicación semanal para jóvenes adultos
Estaba atrapada en mi situación, pero Dios abrió el camino a seguir
Cuando mi hermano y yo heredamos la deuda de nuestros padres, no sabíamos cómo podríamos construir un futuro mejor.
Tras el inesperado fallecimiento de nuestra madre, mi hermano y yo no solo nos sentimos afligidos, sino que también nos enfrentamos a una crisis económica.
Nuestro padre había fallecido años antes y, durante nuestra crianza, nuestra madre a menudo prestaba dinero a otras personas en momentos en que lo necesitaban. Lamentablemente, su generosidad hizo que no tuviera bastante dinero para pagar su propia deuda, lo que nos dejó a mi hermano y a mí con la responsabilidad de pagar sus préstamos.
Los dos aún estábamos terminando los estudios y no habíamos empezado a trabajar, así que estábamos nerviosos por pagar la deuda y, al mismo tiempo, cubrir los gastos mensuales.
No sabíamos qué hacer, así que acudimos al Padre Celestial en busca de ayuda.
Encontrar el camino a seguir
Después de muchas oraciones, mi hermano y yo nos sentimos inspirados a pedir consejos financieros a amigos que fueran buenos elaborando un presupuesto. Habíamos estado considerando vender la casa porque no teníamos suficiente dinero para pagarla y saldar los préstamos cada mes. Pero con su ayuda, decidimos vender objetos de valor de la casa para hacer frente a los pagos hasta que yo me graduara y encontrara un empleo.
De algún modo, siempre tuvimos dinero suficiente para pagar los préstamos.
A pesar de ese milagro, a veces seguía sintiéndome desanimada. Me esforzaba mucho y quería seguir adelante con mi propia vida. Tenía mis propios sueños, incluso el de servir en una misión, lo cual parecía imposible aunque lográramos pagar esa deuda.
Oré al Padre Celestial y le expresé mi deseo de prestar servicio misional. Le prometí que haría todo lo posible para que eso sucediera y le pedí que me mostrara el camino para poder ir y servir.
Tenía un testimonio de la autosuficiencia y del diezmo, pero era realmente tentador no pagar un diezmo íntegro hasta que hubiéramos resuelto nuestra deuda. Sin embargo, traté de recordar las bendiciones prometidas de poner al Señor en primer lugar y pagamos la cantidad completa (véase Malaquías 3:10–11). También hallé esperanza en estas palabras del Señor: “Es mi propósito abastecer a mis santos, porque todas las cosas son mías” (Doctrina y Convenios 104:15).
Al final seguí confiando en el tiempo del Padre Celestial, practicando la paciencia y creyendo que Él se preocupaba por mi vida.
El trabajo arduo, con ayuda celestial, produce milagros
Con el tiempo, mi hermano también consiguió un empleo después de graduarse. Seguimos siendo conscientes de los gastos y destinamos cualquier dinero adicional que tuviéramos a la deuda, que parecía no tener fin.
Después de cuatro años, hicimos el último pago de los préstamos. No podía creerlo, de alguna manera nos las habíamos arreglado para vivir, terminar los estudios y pagar las deudas a tiempo. Fue liberador ya no sentir esa carga financiera sobre los hombros. Sabía que el Padre Celestial nos había ayudado.
Realmente fue un milagro.
Por medio de esa experiencia, aprendí que el Señor magnificará nuestros esfuerzos si tenemos fe y trabajamos arduamente. Él nos promete: “Estaré a vuestra diestra y a vuestra siniestra, y mi Espíritu estará en vuestro corazón, y mis ángeles alrededor de vosotros, para sosteneros” (Doctrina y Convenios 84:88).
Cuando mis circunstancias parecían imposibles de superar, el Señor preparó una vía (véase 1 Nefi 3:7).
Esperar pacientemente en el Señor
Como jóvenes adultos, a veces podríamos esperar que el Señor cambie nuestras circunstancias. Tal vez estemos enfrentando dificultades en la familia, buscando un nuevo empleo u oportunidad, o simplemente necesitemos saber cómo seguir. No sé por qué a veces solo nos queda esperar bendiciones, pero sí sé que el Padre Celestial está al tanto de nuestras circunstancias y nuestros deseos.
Luego de mis esfuerzos firmes y constantes y de los milagros del Señor, finalmente pude servir en una misión. El momento en que me di cuenta de que tenía esa posibilidad a mi alcance fue un milagro. No había visto ninguna manera de lograrlo antes, pero sabía que mis oraciones habían sido contestadas.
El presidente Jeffrey R. Holland, Presidente en Funciones del Cuórum de los Doce Apóstoles, aconsejó:
“Afronten sus desafíos personales sabiendo que, con fe, las cosas resultan bien al final […].
“Los bendigo y ruego para que, con paciencia, perseveren mientras su Padre Celestial, en Su sabiduría, encuentra la mejor manera de dales regularmente lo que pidan, pero infaliblemente lo que necesiten”.
Todavía estoy tratando de descubrir hacia dónde ir en la vida. A veces, cuando esperamos en el Señor, puede ser difícil ver Su mano en nuestra vida. Sin embargo, sé que, con fe inquebrantable en Él, sabrás que Él no está ausente, que no desaparece en tus momentos de necesidad. Al contrario, Él está contigo, guiándote en cada paso hacia el futuro brillante por el que te esfuerzas.
Cree en que Él abrirá un camino a seguir. Él lo hizo por mí.