Voces de los miembros
Un acto de amor que alivió el corazón de quien se sentía solo
El hospital UNAERC* es un centro donde muchas personas reciben tratamientos prolongados por enfermedades renales. Desde el momento en que llegamos, fue evidente que muchas personas estaban cansadas, preocupadas y con largas horas de espera. A esta actividad de servicio se nos unieron Mujeres Jóvenes, jóvenes adultos solteros (JAS) y miembros del sacerdocio. Más allá de cargos o responsabilidades, todos llegamos con un mismo propósito: llevar amor, consuelo y acompañamiento a quienes lo necesitaban.
Hubo un momento que quedó grabado en mi corazón. Una persona se acercó y nos contó que venía desde Zacapa, un lugar que queda a varias horas de distancia del hospital donde nos encontrábamos, para recibir tratamiento. Con mucha humildad y sencillez, nos pidió que oráramos por él y su salud.
Esa petición tan sincera me hizo comprender que, más allá de la refacción que entregábamos, lo que realmente estábamos ofreciendo era compañía, esperanza y apoyo espiritual. En ese instante, sentí que el servicio no siempre se trata de grandes acciones, sino de estar presentes, escuchar, mirar a los ojos y orar por alguien que está luchando. Lo que llevamos fue pan, una bebida caliente y una sonrisa que se convirtió en un acto de amor que alivió el corazón de quien se sentía solo.
El Señor multiplica los pequeños actos hechos con amor. Al servir, no solo bendecimos a otros, sino que nuestro propio corazón es transformado. Testifico que el servicio es una de las formas más puras de vivir el Evangelio. Sé que Jesucristo vive y que Él conoce a cada uno de Sus hijos, sus dolores y esperanzas. Sé que cuando servimos con caridad sincera, nos convertimos en instrumentos en Sus manos para llevar consuelo, paz y luz.
Con el auxilio de Lorena Alemán
*El Hospital UNAERC (Unidad Nacional de Atención al Enfermo Renal Crónico) sede Central de Hemodiálisis en Ciudad de Guatemala.