El problema del reloj
“¡Ya nunca juegas con nosotros!”, dijo Liam.
Un relato verídico de EE. UU
William abrió el paquete y levantó su reloj nuevo y reluciente. ¡Finalmente había llegado! ¡Estaba tan entusiasmado! Había trabajado mucho para ganar el dinero para comprarlo, y valió la pena.
Se colocó el reloj en la muñeca y empezó a desplazarse por la pantalla. ¡Había tantos juegos divertidos! Tocó un juego de dinosaurios y comenzó a jugar.
Al día siguiente, durante el recreo, William le mostró su reloj a su amigo Liam. “¡Guau, genial!”, dijo Liam. Observó a William jugar con él durante un rato. Luego le preguntó: “¿Quieres jugar kickball ahora?”.
“Tal vez más tarde”, dijo William. Liam salió corriendo a jugar y William se sentó debajo de un árbol para jugar al juego de los dinosaurios.
En el recreo del día siguiente, William volvió a jugar con su reloj. Liam corrió hacia él. “¿Vas a venir a jugar?”.
William levantó la vista de su reloj. “No, quiero seguir jugando este juego. Quizás luego”.
Liam frunció el ceño. “¡Pero siempre jugamos kickball en el recreo!”.
“Solo quiero terminar este juego”, dijo William.
Liam se dio la vuelta y se marchó.
Lo mismo sucedió al día siguiente; y al día siguiente. En el autobús de regreso a casa, Liam se sentó junto a William. “¿Por qué no jugaste con nosotros hoy?”.
“Estaba jugando un juego rápido en mi reloj”, dijo William. “Estoy tan cerca de pasar al siguiente nivel”.
Liam se cruzó de brazos. “Tú siempre juegas con tu reloj. ¡Ya nunca juegas con nosotros!”.
William sintió que su rostro se enrojecía. “El recreo es el único momento en la escuela en que puedo jugar”, dijo. Su voz era cada vez más fuerte. “¡Puedo hacer lo que quiera durante el recreo!”.
Liam parecía molesto. “¡Bueno, entonces ya no somos amigos!”.
William no dijo nada después de eso. Se volteó hacia la ventana para que Liam no pudiera verle la cara; sus ojos estaban llenos de lágrimas.
Cuando el autobús llegó a la parada de William, él corrió a casa lo más rápido que pudo; se dejó caer en el sofá y comenzó a llorar. Deseaba nunca haber comprado su reloj.
“¿Qué pasa?”, preguntó la mamá.
William resolló. “Liam dijo que no podemos ser amigos porque siempre juego con mi reloj”.
Mamá se sentó a su lado. “Parece que piensa que te preocupas más por tu reloj que por él”.
“¡Eso no es verdad!”.
“Sé que te preocupas por Liam”. La mamá le dio un abrazo. “Pero la forma en que empleamos nuestro tiempo puede mostrar lo que creemos que es más importante”.
William pensó por un momento. “Las personas son más importantes. Pero, ¿no puedo jugar también con mi reloj?”.
“¿Se te ocurre alguna manera de hacer eso?”, preguntó la mamá.
William asintió. “Tal vez pueda jugar kickball con Liam en el recreo, y solo jugar con mi reloj por un rato cuando llegue a casa de la escuela”.
“Es una gran idea”.
Al día siguiente, en la escuela, William encontró a Liam en el recreo. “Lamento haber jugado demasiado con mi reloj”, dijo. “¿Puedo volver a jugar kickball contigo?”.
Liam sonrió. “¡Claro!”.
Cuando llegó su turno, William pateó la pelota y corrió tan rápido como pudo. Podía oír a Liam animándolo.
Su reloj podía esperar; se sentía bien estar con su amigo.