2025
Testimonio a la hora de la merienda
Junio de 2025


Testimonio a la hora de la merienda

Un pensamiento acudió a la mente de Zoe: “Defiende lo que crees”.

Una historia real de Australia

Una niña con un sándwich pasa junto a dos niñas sentadas a la mesa del comedor

Era la hora de la merienda en la escuela. Zoe tomó su sándwich y caminó hacia la mesa. La luz del sol entraba por la ventana y brillaba sobre ella. Era un día cálido y Zoe se sentía feliz.

Todos hablaban y en el salón de clases bullía el sonido de niños felices. Una niña llamada Luna se sentó cerca con su amiga Jesse.

“¿Eres cristiana?”, Zoe escuchó a Luna preguntarle a Jesse.

Zoe sintió que se le encogía el corazón. ¡Luna siempre decía cosas desagradables! ¿Qué diría ahora? Toda la clase se quedó en silencio mientras escuchaban.

“No creo en Jesús”, dijo Luna a continuación.

Uno por uno, muchos niños de la clase de Zoe dijeron lo mismo.

Niña asustada, sentada a la mesa con un sándwich en la mano

El corazón de Zoe latía rápidamente ahora. Ella quería tener valor y decir que creía en Jesucristo, pero tenía miedo de lo que sucedería. ¿Qué pensarían todos los demás? ¿Perdería amigos?

De repente, tuvo un sentimiento cálido y apacible. Un pensamiento acudió a su mente: “Defiende lo que crees. Yo te protegeré”. Zoe sabía que provenía del Espíritu Santo.

Una niña sentada en el comedor hablando con dos niñas

Ella respiró profundamente. “Yo creo en Jesucristo”, dijo. “Y yo sé que Él me ama. Él también te ama, incluso si no crees en Él”.

El sentimiento de calidez se hizo cada vez más fuerte; Zoe sintió que la felicidad crecía en su interior.

Pronto, la hora de la merienda terminó y llegó la hora de jugar afuera. Zoe corrió hacia el patio. Algunos de los niños de su clase la siguieron.

“Me gustó lo que le dijiste a Luna”, dijo una niña.

“A mí también”, dijo otro niño. “¿Cómo puedo yo también creer en Jesús?”.

Zoe sonrió. “¡Puedes ir a la Iglesia y leer las Escrituras para aprender más acerca de Él! Y puedes esforzarte por seguir lo que Él enseñó”.

Zoe estaba feliz de haber tenido el valor de expresar sus creencias. Sabía que Jesucristo siempre estaría allí para ayudarla a ser valiente.