Aplicar Doctrina y Convenios a tu vida
¿Preocupado por la Segunda Venida? Esta es la razón por la que no tienes por qué estarlo
Podemos prepararnos y esperar con gozo el regreso del Salvador.
Como jóvenes adultos, tenemos mucho futuro por delante, y lo más probable es que no sepamos cómo será.
¿Qué tipo de trabajo obtendré? ¿Cómo será mi futura familia? ¿Dónde viviré? ¿Qué aventuras tendré? ¿A qué desafíos me enfrentaré?
Creo que todos podemos estar de acuerdo en que pensar en el futuro incluye aspectos tanto de miedo como de emoción, de nerviosismo y expectativa. Personalmente, me encanta la idea de que algunos de mis mejores recuerdos aún no se hayan creado. ¡Eso me da tanto por anhelar!
Pero hay una cosa en el futuro que siempre me pone un poco más nerviosa que otras: la Segunda Venida de Jesucristo.
El día grande y terrible
Ya saben a lo que me refiero. Todas esas señales de los tiempos que suenan aterradoras cuando las escuchamos. ¿El “día grande y terrible del Señor”? (Doctrina y Convenios 110:16; cursiva agregada). Falsos profetas y engaños, “guerras […] y rumores de guerras”, “pestilencias, y hambres y terremotos” (Mateo 24:6–7). Las montañas siendo “rebajadas” (Doctrina y Convenios 49:23), “las olas del mar que se precipitan allende sus límites” (Doctrina y Convenios 88:90), las estrellas cayendo y el sol que se oscurece (véase Mateo 24:3–7, 29).
Todo eso suena simplemente aterrador. ¿Son esas realmente las circunstancias a las que regresará el Salvador?
Cuando me siento desesperada por los acontecimientos de la Segunda Venida, a menudo recurro a las Escrituras y a las palabras de los profetas en busca de paz y tranquilidad. Lo que he descubierto es que, aunque Su regreso encierra muchas incógnitas, una cosa es segura:
Si estamos haciendo todo lo posible por vivir el Evangelio, realmente no tenemos que temer.
Así que, en lugar de pensar en todas las cosas aterradoras que asociamos con el regreso del Salvador, pensemos en cómo podemos prepararnos para ese día.
Preparación para Su Venida
Piensa en tu primer día de universidad o en tu nuevo trabajo. ¿Recuerdas lo nervioso e intranquilo que estabas? En mi caso, recuerdo cómo todas las incógnitas se combinaron en una gigantesca ola de ansiedad.
Sin embargo, a pesar de que pensar en la Segunda Venida trae muchos de esos mismos sentimientos, se nos ha enseñado cómo podemos prepararnos. En una conferencia general reciente, el élder Steven D. Shumway, de los Setenta, nos enseñó que servir en la Iglesia y cumplir con nuestros llamamientos nos ayudará a estar preparados para encontrarnos con el Salvador:
“Al participar en la obra de Dios, nos preparamos a nosotros mismos y a otros para el regreso de Cristo. La promesa del Señor es poderosa en cuanto a cómo los llamamientos, la ministración, la adoración en el templo, el seguir las impresiones y otras formas de embarcarnos en la obra de Dios nos preparan de manera singular para encontrarnos con el Salvador […].
“Al buscar sinceramente representar al Salvador, llegamos a ser más como Él. Esa es la mejor preparación para el momento sagrado en que cada uno de nosotros se arrodillará y confesará que Jesús es el Cristo”.
Siempre me ha animado la verdad de que el Evangelio nos ayuda a llegar a ser más como Cristo para que podamos reconocerlo mejor cuando venga de nuevo (véase 1 Juan 3:2).
En las Escrituras aprendemos que “la caridad es el amor puro de Cristo” que se “ha otorgado a todos los que son discípulos verdaderos de […] Jesucristo”. Y debido a que tenemos la capacidad de orar y recibir esa clase de amor, “cuando él aparezca, seamos semejantes a él, porque lo veremos tal como es; para que tengamos esta esperanza; para que seamos purificados así como él es puro” (Moroni 7:47, 48).
El presidente Russell M. Nelson enseñó: “La adoración regular en la Casa del Señor aumenta nuestra capacidad tanto para la virtud como para la caridad […]. Aumentar el tiempo que pasamos en el templo nos ayudará a prepararnos para la Segunda Venida de nuestro Salvador, Jesucristo. No sabemos el día ni la hora de Su venida. Pero yo sí sé que el Señor me está inspirando a instarnos para que nos preparemos para ese ‘día […] grande y terrible’ [Malaquías 4:5]”.
Ese gran día
Claramente, ese día está llegando, independientemente de cómo nos sintamos al respecto. Sin embargo, realmente no creo que ese día vaya a ser terrible para aquellos de nosotros que miramos hacia adelante con fe en Jesucristo.
Ese día, escucharemos Su voz (véase Doctrina y Convenios 133:21–22).
Lo veremos como realmente es, tan lleno de gloria “que el sol esconderá su faz avergonzado, y la luna retendrá su luz” (Doctrina y Convenios 133:49).
Recordaremos cómo nos salvó y redimió “en su amor” (Doctrina y Convenios 133:53).
Los fieles “se postrarán, y serán coronados de gloria” (Doctrina y Convenios 133:32).
Estaremos “llenos de cantos de gozo sempiterno” (Doctrina y Convenios 133:33).
El “evangelio será predicado a toda nación, y tribu, y lengua, y pueblo” (Doctrina y Convenios 133:37).
Los fieles santos que hayan fallecido se levantarán de nuevo y cantarán alabanzas “día y noche” (Doctrina y Convenios 133:56).
Él “estará en medio de su pueblo y reinará sobre toda carne” (Doctrina y Convenios 133:25).
¡No puedo imaginar un día mejor que ese!
El élder Dale G. Renlund, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “El mejor consejo para [los que tienen miedo], para ustedes y para mí es seguir las enseñanzas del Salvador. Sus instrucciones no son misteriosas ni complejas. Cuando las seguimos, no tenemos por qué temer ni sentirnos ansiosos”.
Así que la próxima vez que se sientan asustados, preocupados o ansiosos por lo que pueda suceder durante la Segunda Venida —o los acontecimientos que la precedan— recuerden que lo grande superará lo terrible para aquellos que están tratando de ser como Él.
“¿Quién podrá soportar el día de su venida?” (Doctrina y Convenios 128:24).
Si confiamos en Jesucristo, podemos hacerlo.