2025
Cinco maneras de procesar los recuerdos de la misión que no son del todo felices
Noviembre de 2025


Cinco maneras de procesar los recuerdos de la misión que no son del todo felices

Regresar de la misión es una transición significativa en la vida y es normal sentirse inquieto.

Dos hombres sentados en un sofá, sonriendo y hablando

Cuando imaginamos una misión, podríamos imaginar momentos que cambian la vida, un servicio centrado en el corazón y un profundo crecimiento espiritual. También podríamos imaginar algunos momentos difíciles, que nos imaginamos superando sin esfuerzo.

Sin embargo, ¿qué sucede cuando la misión no sale como la planeaste? ¿Qué sucede si llegas a casa sintiéndote decepcionado, confundido o incluso con menos confianza que antes?

Esta es la verdad: algunas misiones no resultan completamente como se esperaba (aunque las situaciones extremas son muy escasas). De hecho, debido a la naturaleza compleja de las misiones, no es raro que los exmisioneros se enfrenten a preguntas complicadas.

Algunos podrían pensar:

“¿Hice lo suficiente?”.

“¿Por qué me siento más inseguro ahora que antes?”.

O incluso: “¿Por qué, después de sacrificarme tanto, no soy tan feliz como esperaba?”.

Si la vida después de la misión es difícil, también podrían preguntarse: “¿Cómo encuentro las bendiciones prometidas por mi servicio?”.

Estos sentimientos son válidos, y no estás solo. A continuación se presentan algunas ideas a tener en cuenta a medida que procesas cualquier experiencia misional que no te haya hecho feliz:

1. Busca la guía de las personas adecuadas

Es importante hablar con alguien que pueda ayudarte a procesar tu experiencia de una manera saludable y acudir a Jesucristo, como amigos de confianza, líderes de la Iglesia o un terapeuta.

Evita a quienes juzguen tus sentimientos o que le echen la culpa a tu misión. En vez de ello, busca a alguien que logre un equilibrio provechoso; alguien que te ayude a reflexionar sobre tus experiencias sin sentir vergüenza, y que fomente el albedrío y la responsabilidad personales.

El presidente Russell M. Nelson enseñó: “Lleven sus preguntas al Señor y a otras fuentes fidedignas. Estudien con el deseo de creer más que con la esperanza de encontrar una falla”.

Con el Salvador, puedes darle sentido a tu misión, sin importar cuán difíciles hayan sido tus experiencias. He hablado con exmisioneros que esperaron años para procesar y superar las difíciles experiencias misionales, pero aferrarse al dolor no es necesario, no esperes años para comenzar. Puedes comenzar ahora mediante la Expiación de Jesucristo.

2. Permítete sentir dolor

Está bien sentir tristeza si tu misión no fue como esperabas. Este tipo de dolor —reconocer lo que no salió según lo planeado— puede ser sanador. Pensamientos como “Eso no salió como esperaba, y está bien” pueden ayudarte a aceptar la realidad, sentir y procesar la tristeza, y seguir adelante.

Por otro lado, pensamientos como “Algo debe estar mal conmigo” pueden llevarte a la frustración y a mantenerte atascado. Aceptar tu experiencia y tus emociones tal como son, sin culpa, abre la puerta a la sanación.

El élder Dieter F. Uchtdorf, del Cuórum de los Doce Apóstoles, testificó: “He aprendido que, si nos acercamos a Dios y extendemos la mano para tocarlo, podemos encontrar en verdad sanación, paz y gozo”.

3. Asume el control de tus pensamientos y sentimientos

Los pensamientos en los que te centres determinan cómo te sientes con respecto a tu misión. Intenta escribir tus pensamientos sobre tu misión. ¿Cuáles te traen paz? ¿Cuáles te causan desánimo?

Tu albedrío incluye no solo tus acciones, sino también tus pensamientos. Al cambiar gradualmente lo que piensas sobre tu misión, puedes cambiar cómo te sientes al respecto. La sanación comienza con este cambio interno, un pensamiento a la vez, pero solo cuando estés listo.

4. Escoge la caridad y el perdón

Es posible que hayas interactuado con personas (compañeros, líderes u otras personas) cuyas acciones fueron decepcionantes o hirientes. Es importante recordar que el comportamiento de ellos refleja sus propias dificultades, no tu valor. Todos experimentamos estrés, presión y emociones que a veces conducen a un mal comportamiento. Si bien esto no lo excusa, reconocer que sus acciones no tenían que ver contigo puede ayudarte a dejar de lado el resentimiento. El hacerlo te libera para seguir adelante con paz.

El presidente Russell M. Nelson dijo: “Los invito a procurar poner fin a un conflicto personal que los ha abrumado. ¿Podría haber un acto más apropiado de gratitud hacia Jesucristo por Su Expiación? Si en este momento el perdón parece imposible, supliquen por el poder que se deriva de la sangre expiatoria de Jesucristo para que los ayude. Si lo hacen, les prometo paz personal y un súbito aumento de su ímpetu espiritual”.

5. Sé bueno contigo mismo

Regresar de la misión es una transición significativa en la vida y es normal sentirse inquieto. La forma en que te sientes tiene sentido. Así que, en lugar de juzgarte a ti mismo, practica la autocompasión. Sé paciente contigo mismo y confía en que, al recurrir al Salvador y aprovechar el poder que Él te ha dado para cambiar y crecer, Él te ayudará a encontrar la sanación que buscas y cerrar esa etapa.

Recuerda que, a menudo, es en los momentos inesperados cuando se produce el crecimiento más profundo. A medida que busques ayuda, aprendas a ser paciente contigo mismo y con los demás, y “no te apoyes en tu propia prudencia” (Proverbios 3:5), la paz está a tu alcance.

El Padre Celestial y Jesucristo confían en ti, y tú puedes confiar en Ellos y en Su plan de felicidad, el cual siempre ha incluido momentos de desafíos y de crecimiento del alma.

Puedes aprender a contrarrestar la decepción al sentir comprensión, bondad y compasión; la misma empatía, bondad y compasión que nuestro Salvador tiene por ti.