2025
Cómo la operación de oído de mi hijo me ayudó a nutrir su conexión con Dios
Noviembre de 2025


Para madres de niños pequeños

Cómo la operación de oído de mi hijo me ayudó a nutrir su conexión con Dios

Sentí que mi Salvador me enseñaba a saber que Él estaba a cargo y cuidando de mi hijo.

Una joven madre toma de la mano a un niño pequeño

Cuando Jesús visitó a los nefitas después de Su resurrección, “mandó que trajesen a sus niños pequeñitos […].

“Y la multitud cedió el paso hasta que todos le fueron traídos”. (3 Nefi 17:11–12; cursiva agregada).

Hoy en día, ¿cómo “cedemos el paso” y llevamos incluso a nuestros más pequeños a Él? Permítanme compartir una historia que me ayudó a entender cómo podía hacer esto en tiempos modernos.

Cuando mi hijo menor era bebé y un niño pequeño, tuvo muchas cirugías para insertarle tubos y drenarle líquido de los oídos. Cuando tenía cuatro años, un oído no respondía bien y el líquido se había solidificado. Una última cirugía de tubos determinaría si perdería la audición por completo en ese oído.

Sabiendo que necesitábamos ayuda divina, mi esposo y yo comenzamos a enseñarle a nuestro hijo de manera más intencional acerca del poder de Dios que se da a través de las bendiciones del sacerdocio, la oración y la fe, al mismo tiempo que procuramos diligentemente ese poder a favor de él. La cirugía fue más invasiva que las otras. Cuando se despertó, llorando y retorciéndose de dolor, no me dejaba abrazarlo, ni siquiera tocarlo. ¡Yo me sentía destrozada! Sin embargo, pronto se recuperó y nos fuimos a casa a esperar a ver si su oído sanaba adecuadamente.

Durante semanas, nuestro hijo pidió en cada oración que su oído sanara. Nuestra familia oraba y oraba, pero cada vez que él oraba por sí mismo, de alguna manera yo me sentía más en paz. Se estaba esforzando por buscar una bendición de su Padre Celestial.

Sentí que mi Salvador me enseñaba a saber que Él estaba a cargo y cuidando de mi hijo. Lo que es más importante, vi que mi hijo también estaba empezando a entender esa verdad. Parecía saber, incluso a su corta edad, que Dios estaba con él. Me di cuenta de que sentía una conexión personal. Me sentí en paz. Cualquiera que fuera el resultado, el Padre Celestial y Jesucristo estarían con él y lo fortalecerían a él —y a nuestra familia— para que afrontara lo que se requiriera de él.

Guiarlos hacia el Padre Celestial y Jesucristo

Esta experiencia develó dos verdades esenciales.

Primero, tenía que confiar en el Padre Celestial y en Jesucristo, en Su sabiduría y el amor que Ellos sienten por mi hijo.

Va en contra de cada fibra de mi corazón de mamá no proteger, arreglar y rescatar a mis hijos de sus batallas. Sin embargo, a veces, amarlos y guiarlos a su Padre Celestial y a su Salvador mientras pelean sus batallas es lo que más puede bendecirlos.

Tienen un amoroso Padre Celestial que tiene un plan perfecto. Y, a veces, en Su sabiduría y amor, Él permite que nuestros hijos sientan dolor, sufrimiento y soledad mientras atraviesan esta experiencia terrenal y llegan a ser como Él. Me di cuenta de que, si eliminaba las dificultades, podría impedir algunas oportunidades de crecimiento en la gloriosa obra del Padre Celestial.

Segundo, me di cuenta de que es una bendición gozosa ayudar a nutrir la conexión de nuestros hijos con Jesucristo y el Padre Celestial antes de que tengan la edad suficiente para hacer convenios con Ellos.

Avivar la llama

El élder Neil L. Andersen, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “Nuestro reto, como padres y maestros, no es crear un núcleo espiritual en el alma de ellos, sino avivar la llama del núcleo espiritual que ya arde con el fuego de su fe premortal”.

Podemos avivar esa llama de fe de muchas maneras pequeñas y sencillas, incluso enseñando tres principios importantes a nuestros hijos:

Orar para saber que Dios está ahí

Al enseñar a nuestros hijos a dar gracias y pedir bendiciones, podemos considerar el sencillo consejo que dio la presidenta Susan H. Porter, Presidenta General de la Primaria, de “orar para saber […] ‘Padre Celestial, dime, ¿estás ahí?’”.

Conforme ayudamos a los niños a derramar su corazón, y a escuchar lo que sientan y los pensamientos que acudan a su mente, “pueden llegar a saber por sí mismos que Él está ahí y que los ama”.

Entonces, podemos ayudar a conectar a nuestros hijos con Él cuando necesiten ayuda para aprender algo nuevo. Volver sus corazones jóvenes a Él puede convertirse en un modelo de crecimiento natural.

Reconocer al Espíritu Santo

Cuando vemos que un niño está sintiendo la influencia del Espíritu Santo, podemos preguntarle: “¿Qué estás sintiendo? ¿De dónde crees que provienen esos sentimientos? ¿Por qué crees que el Padre Celestial desea que sepas estas cosas?”. De repente, tu hijo te está enseñando acerca del Espíritu Santo.

Entender el carácter sagrado de la palabra de Dios

Aun cuando los niños sean demasiado pequeños para leer, pueden aprender por medio de tu ejemplo que la palabra de Dios es sagrada y que somos bendecidos cuando seguimos Sus palabras.

He visto a niños de tres años abrazar las Escrituras y marcar con entusiasmo versículos y “leer” sus propios ejemplares. Incluso si las palabras estaban de cabeza, ¡estaban aprendiendo que es importante deleitarse en la palabra de Dios!

Guiarlos para que sientan Su presencia

Podrían hacerles a sus hijos una pregunta que me encanta hacerles a los niños de la Primaria: “¿De qué manera son bendecidos gracias a Jesucristo?”. Sus respuestas pueden dejarlos perplejos.

Los niños pueden aprender a confiar en Él para recibir consuelo, fortaleza y conocimiento. Podemos “ceder el paso” para que vean, sientan y conozcan Su poder y presencia en sus tiernas vidas.

Nuestro hijo fue bendecido con una sanación completa y la restauración de su audición, pero incluso si no lo hubiera sido, aprendí cómo ayudar a mi hijo a conectarse con Jesucristo y el Padre Celestial.

Por medio de cosas pequeñas y sencillas, su núcleo espiritual comenzaba a brillar intensamente.