2025
Dios hablaba a los primeros santos; ¿me habla a mí?
Marzo de 2025


“Dios hablaba a los primeros santos; ¿me habla a mí?”, Liahona, marzo de 2024.

Jóvenes adultos

Dios hablaba a los primeros santos; ¿me habla a mí?

Él les hablaba a ellos. Él nos hablará a nosotros. Solo tenemos que escucharlo

un joven orando

Una columna de luz, una voz del cielo, una revelación de Dios, hay muchos relatos de jóvenes adultos como José Smith y otras personas que pidieron ayuda y guía a Dios en Doctrina y Convenios. Aunque recibir revelación de Dios es una experiencia personal, el proceso está registrado una y otra vez en las Escrituras.

Aunque tal vez no interactuemos a diario con el profeta ni recibamos revelaciones para la Iglesia, Dios puede hablarnos de la misma manera que lo hizo hace 200 años. Esos santos recibieron mensajes personalizados de Dios y nosotros también podemos recibirlos.

Retrato de José Smith

La humilde oración de José

Comenzó con una pregunta y llegó a ser lo que el élder Alexander Dushku, de los Setenta, describió como “una explosión de luz y verdad”. La humilde oración de José Smith condujo a una hermosa visita del Padre Celestial y Jesucristo (véase José Smith—Historia 1:14–17). Por increíble que sea hablar con Dios cara a cara, esas experiencias son escasas y sagradas.

Si bien no todos tendremos la misma oportunidad que tuvo José, “nosotros también podemos tener nuestra propia columna de luz, un rayo a la vez”. Si hacemos una pregunta y nos arrodillamos en humilde oración, recibiremos una respuesta de Dios por medio del Espíritu Santo.

Pila bautismal del Templo de Ogden, Utah

Fotografía de la pila bautismal del Templo de Ogden, Utah

El poder del templo

Los santos de Kirtland, Ohio, sacrificaron tiempo, dinero y trabajo para edificar la Casa del Señor. En la dedicación del Templo de Kirtland, José Smith oró para que Dios bendijera con poder a esos fieles santos al entrar y adorar (véase Doctrina y Convenios 109:13). El templo debía ser “una casa de oración, una casa de ayuno, una casa de fe, una casa de gloria y de Dios” (Doctrina y Convenios 109:16).

En los últimos días, somos bendecidos con templos por todo el mundo y se nos promete que recibiremos revelación al asistir al templo. El presidente Russell M. Nelson dijo recientemente que “en el templo podemos ‘recib[ir] la plenitud del Espíritu Santo’ [Doctrina y Convenios 109:15]. Imaginen lo que significa esa promesa en términos de que los cielos estén abiertos para cada persona que busque fervorosamente la verdad eterna”.

Retrato de Hyrum Smith

La pregunta de Hyrum al Profeta

¿Te has preguntado alguna vez cómo sería pedirle al profeta que hable con Dios por ti? Hyrum, el hermano del profeta José, hizo eso. Él recibió este consejo del Señor por medio de José: “He aquí, tú eres Hyrum, mi hijo; busca el reino de Dios, y todas las cosas serán añadidas según lo que es justo” (Doctrina y Convenios 11:23).

A veces, la guía se recibe por medio de otras personas. El presidente Russell M. Nelson nos aconsejó: “Busquen guía en las voces en las que pueden confiar: en los profetas, videntes y reveladores y en los susurros del Espíritu Santo”. Aunque no todos podemos hacerle nuestras preguntas directamente al profeta, sí podemos recibir respuestas a nuestras preguntas personales.

Retrato de Oliver Cowdery

Retrato de Oliver Cowdery, por Lewis A. Ramsey

El estudio con fe de Oliver

Oliver Cowdery fue una ayuda inestimable para José durante la traducción del Libro de Mormón. Sin embargo, en 1829 se sentía frustrado. ¿Por qué no podía él traducir? El Señor dio a Oliver algunos consejos específicos sobre cómo obtener la respuesta a su pregunta, consejos que todavía se aplican a nosotros en la actualidad.

Cuando tenemos una pregunta, se nos anima a estudiarla, ejercer fe y confiar en las impresiones que recibamos (véase Doctrina y Convenios 9:6–9). Podemos recibir impresiones en forma de emociones, sentimientos reconfortantes o paz en la mente. Como dijo el élder Mathias Held, de los Setenta: “Cuando [el razonamiento lógico y la inspiración del Espíritu Santo] se combinan en nuestra alma, el panorama completo muestra la realidad de las cosas como verdaderamente son”.

Una joven lee su bendición patriarcal

Fotografía por Craig Alan Shelley

Las bendiciones patriarcales de la familia Smith

Las bendiciones patriarcales han formado parte de la Iglesia desde la época del Antiguo Testamento (véase Génesis 48). Cuando se organizó la Iglesia en los últimos días, Dios le dijo a José que llamara a su padre, Joseph Smith, padre, como patriarca en 1834. Tres días después, la familia Smith se reunió para que Joseph Smith, padre, pudiera dar una bendición patriarcal a cada uno de sus hijos y a sus cónyuges. Esas bendiciones brindaron consejos y consuelo para sus vidas.

Además de incluir la declaración del linaje, la bendición patriarcal “es Escritura personal para ustedes”. Al estudiar con regularidad nuestra propia bendición patriarcal “debe[mos] atesorar sus palabras, meditarlas y vivir dign[os] de recibir las bendiciones prometidas en esta vida y en la eternidad”.

Retrato de Emma Smith

Retrato de Emma Smith, por Lee Greene Richards

La guía personal de Dios para Emma

Como esposa del Profeta, Emma Smith a menudo luchaba con las pruebas y los conflictos que su familia debía sobrellevar. En Doctrina y Convenios 25, podemos leer las palabras de consuelo y fortaleza del Padre Celestial a Emma.

Cuando buscamos nuestros propios mensajes de consuelo del Padre Celestial, podemos pedir bendiciones del sacerdocio. Como enseñó el presidente James E. Faust (1920–2007), Segundo Consejero de la Primera Presidencia: “Las bendiciones del sacerdocio nos darán guía en las decisiones que tomemos en la vida, ya sean pequeñas o grandes. Si mediante esas bendiciones del sacerdocio pudiésemos percibir, aunque fuera en parte, la clase de persona que Dios desea que seamos, se nos quitaría el temor y nunca volveríamos a dudar”.

Retrato de Joseph F. Smith

Retrato de Joseph F. Smith, por Albert Salzbrenner

El estudio de las Escrituras de Joseph F. Smith

Cuando las enfermedades, la guerra y la muerte asolaron el mundo en 1918, el profeta Joseph F. Smith recurrió a las Escrituras en busca de respuestas. Después de estudiar las palabras de Pedro en el Nuevo Testamento, comenzó a reflexionar y a meditar. Quedó totalmente inmerso en una visión para la Iglesia en la que vio al Salvador organizando la obra misional en el mundo de los espíritus (véase Doctrina y Convenios 138).

Como enseñó el élder Robert D. Hales (1932–2017), del Cuórum de los Doce Apóstoles: “Si deseamos hablar con Dios, oramos; y si deseamos que Él nos hable, escudriñamos las Escrituras”. Las Escrituras son las palabras de Dios preservadas por escrito, y en nuestra era digital, están más que nunca a nuestro alcance. Al leer las Escrituras y meditar sobre ellas, hallaremos la ayuda del cielo que necesitamos.

Joven sentado con la cabeza inclinada

Fotografía por John McKinney

Con intención, hacer el esfuerzo por escucharlo

El presidente Nelson enseñó: “Al tratar de ser discípulos de Jesucristo, nuestros esfuerzos por escucharlo a Él han de ser cada vez con mayor intención. Se requiere un esfuerzo consciente y constante para llenar nuestra vida diaria con Sus palabras, Sus enseñanzas y Sus verdades”. Al igual que los primeros santos, podemos recibir mensajes de Dios que son personales y reales.

Dios les hablaba. Él nos hablará a nosotros. Solo tenemos que escucharlo.