2025
Cuando la vida era difícil, encontré consuelo en Seminario e Instituto
Febrero de 2025


Solo para versión digital: Jóvenes adultos

Cuando la vida era difícil, encontré consuelo en Seminario e Instituto

Desde que me uní a la Iglesia, he asistido a Seminario e Instituto para nutrir y fortalecer mi fe.

Un joven sentado en un escritorio estudia las Escrituras

Llegué a conocer el Evangelio restaurado cuando tenía once años.

Mis hermanos mayores se habían unido a la Iglesia cuando eran más jóvenes, pero habían dejado de asistir. Un día, los misioneros visitaron a mi hermano mayor y lo invitaron a regresar. Él lo hizo y, durante el proceso, al final yo asistí a la iglesia, acepté el Evangelio y fui bautizado.

Los años siguientes fueron difíciles por diversas razones. Estuve expuesto a muchos caminos que eran contrarios a las enseñanzas del Evangelio. Aunque mis padres apoyaban nuestra asistencia a la iglesia, no eran miembros de la Iglesia y no tenían las mismas normas. Así que yo no tenía una base en casa para el desarrollo espiritual.

Durante ese tiempo, asistir a Seminario y conectarme con mis líderes de los jóvenes realmente me ayudó a seguir adelante durante los momentos difíciles y a mantener mi compromiso para con el Evangelio. Crecí espiritualmente, gracias a los esfuerzos de los maestros y otros miembros de la Iglesia que me amaban y se preocupaban por mi crecimiento.

Con el tiempo, con el aliento de mi presidente de los Hombres Jóvenes y de otros líderes, serví en una misión. Esos dos años fueron una bendición increíble para mí y para mi testimonio. Puse en práctica todo lo que había aprendido en Seminario y compartí el Evangelio con muchas personas.

Sin embargo, cuando regresé a casa, afronté pruebas más difíciles.

Volver a casa y aprender a confiar

Mantener tu fe, tu testimonio y tu espiritualidad después de la misión puede ser difícil, pero una cosa que me ayudó a mantenerme firme después de la misión fue Instituto.

Me puse la meta de intentar asistir a las clases de Instituto cada semana y esa decisión fue sumamente importante para mi vida.

También estaba buscando trabajo, pero nada funcionaba; la ansiedad de estar desempleado me estaba carcomiendo y en un momento dado un amigo me invitó a ir a trabajar con él. El trabajo implicaba manejar el inventario de bebidas alcohólicas y trabajar los sábados por la noche, la misma noche que tenía Instituto, así que dudé en tomarlo.

Rechacé el ofrecimiento de mi amigo, pero siguió invitándome a trabajar con él. Me estaba quedando sin dinero y su oferta de trabajo era la única que tenía, así que empecé a considerar aceptar el trabajo.

Decidí preguntarle al Padre Celestial lo que debía hacer. Sentí que el Espíritu me testificaba que si no iba a Instituto mi testimonio probablemente se debilitaría. Sentí que el Espíritu me confirmaba que no debía aceptar el trabajo y rechacé la invitación de mi amigo una vez más.

No estaba seguro de lo que iba a hacer si no conseguía trabajo pronto, pero confié en el camino que el Padre Celestial quería que continuara siguiendo.

A la semana siguiente, en Instituto, me enteré de una vacante como coordinador de autosuficiencia. Presenté la solicitud, me entrevistaron y conseguí el trabajo. Sé que el Señor puso esa oportunidad en mi camino.

El lugar donde he hallado solaz y fortaleza

Las experiencias que he tenido mientras asistía a Seminario e Instituto han fortalecido mi fe en Jesucristo y han cambiado mi vida, tal como el presidente Russell M. Nelson prometió a los jóvenes y jóvenes adultos de la Iglesia: “¿Qué es, entonces, lo que les ayudará a llegar a ser esa clase de discípulo devoto de Jesucristo? Una respuesta es: Seminario e Instituto; no solo asistir, sino participar activamente en clase y cumplir fielmente con las asignaciones dadas”.

Desde que conseguí trabajo, la vida no ha sido fácil, pero me aseguro de dar prioridad al Señor y asistir a la iglesia, aferrarme al Libro de Mormón, magnificar mi llamamiento, participar de la Santa Cena y asistir a Instituto. Esas cosas me ayudan a encontrar solaz, aun cuando mi vida sea complicada. ¡Estoy muy agradecido por todos los recursos que tenemos en el Evangelio de Jesucristo!

Espero que Instituto pueda ayudarlos a hallar solaz y esperanza en el Salvador como lo ha hecho conmigo.