“La vida es difícil, pero podemos hacer cosas difíciles”, Liahona, febrero de 2025.
Jóvenes adultos
La vida es difícil, pero podemos hacer cosas difíciles
Me preguntaba cómo esperaba el Padre Celestial que superara los desafíos.
Ilustración por Kylee Bodily
Nadie tiene fácil la vida.
¡De eso estoy segura! Debemos afrontar desafíos para que podamos regresar al Padre Celestial como personas más semejantes a Cristo; todo forma parte de Su plan (véase 1 Pedro 4:12–13).
Pero a veces todavía me pregunto por qué lucho con tantas dificultades, por qué hay tanto dolor en el mundo y por qué a veces me siento tan perdida y sola. Lucho contra la depresión, lo que me hace sentir que hay una sombra sobre todo lo que hago y vivo.
Hace unos años, me costaba sentir el Espíritu en mi vida. Me preguntaba cómo esperaba el Padre Celestial que superara los desafíos si me sentía débil e insegura. Tenía muchas dudas sobre mi capacidad de manejar la vida.
Me preguntaba si acaso simplemente carecía de la capacidad para hacer cosas difíciles.
Desesperada por sentir consuelo
Un día en que me sentía perdida, viajé hasta llegar a un lugar tranquilo desde donde podía ver el mar y escuchar el canto de los pájaros. Era un lugar de solaz, el lugar perfecto para hablar con el Padre Celestial.
Derramé el corazón en oración, preguntando por qué tenía que pasar por tantas dificultades. Le dije que pensaba que la vida era demasiado difícil y que no podía seguir adelante por mi cuenta. Le dije que no sabía cómo podría manejar las partes difíciles de la vida.
De repente, en ese momento de vulnerabilidad y desesperación, sentí cómo la calidez del Espíritu me envolvía, una dulce confirmación de que no estaba sola y de que nunca estoy sola. Y me vinieron a la mente palabras de amor y consuelo que me recordaron mi identidad divina, mi potencial y mi capacidad de hacer cosas difíciles con Jesucristo.
Después de meses de sentirme sola e insegura, sentí la confirmación celestial de que soy capaz, de que soy una hija amada del Padre Celestial con un propósito. He sido investida con dones espirituales y estoy ligada en unión a Él, el Ser más amoroso y poderoso del universo, debido a mis convenios. Él me dio la tranquilidad de que puedo y debo enfrentarlo todo en la vida con el Salvador a mi lado.
El presidente Russell M. Nelson testificó de esto cuando hizo esta pregunta: “¿Cuánto aumenta su confianza el saber que, por ser una mujer o un hombre investidos y armados con el poder de Dios, no tienen que afrontar la vida solos?”.
Echar fuera el temor
No fue fácil, pero di un salto de fe y decidí afrontar las cosas de la vida confiando en Jesucristo. He podido aprovechar muchas oportunidades y lograr mucho más de lo que jamás pensé que podría.
Sigo afrontando obstáculos y desafíos, y a veces siento que el temor reaparece de nuevo, pero cuando recurro a mi fe en el Salvador, sé que “el perfecto amor echa fuera el temor” (1 Juan 4:18).
Cuanto más experimento, más descubro que mis desafíos son oportunidades de crecimiento y aprendizaje. Como enseñó el élder Gerrit W. Gong, del Cuórum de los Doce Apóstoles, la “tristeza […] se convertirá en gozo eterno gracias a la Expiación restauradora de Jesucristo”.
Cuando reflexiono sobre mi travesía, me doy cuenta de que no es solo una historia de luchas. Estoy aprendiendo que la fe no se trata solo de creer; se trata de confiar en que mi Padre Celestial y Jesucristo me aman completamente. A través de nuestra relación por convenio, Ellos están conmigo todos los días.
El élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, prometió que “conforme edifiquemos el fundamento de nuestra vida sobre la ‘roca’ de Jesucristo, […] podemos ser bendecidos para hacer y superar cosas difíciles”.
Por medio de Él y gracias a nuestros convenios, en verdad podemos vencer cualquier cosa que se interponga en nuestro camino.
La autora vive en Salónica, Grecia.