Solo para la versión digital
¿Estoy siendo amiga del Salvador tal como Él lo es para mí?
Los amigos pueden ir y venir, pero nuestra relación con el Salvador puede durar para siempre.
Me encanta tener amigos.
Tener seres queridos que me hagan reír, sonreír e incluso llorar (en el buen sentido) es una de mis partes favoritas de la vida.
Sin embargo, con el paso de los años, me he dado cuenta de que no todas las amistades son iguales.
No obstante, hay una amistad que puede ser perfecta, infalible y sempiterna: nuestra relación con Jesucristo.
Él siempre es mi mejor amigo, pero ¿de qué modo me ha pedido que sea una buena amiga y discípula para Él?
Él los apoya en los buenos y en los malos momentos
Puedo recordar innumerables ocasiones en las que un amigo amoroso se ha acercado a mí para levantarme el ánimo durante alguna época difícil. También he tenido amigos que esperaban que yo llevara sus cargas, pero no estaban dispuestos a ayudar con las mías.
Nadie es perfecto, incluyéndome a mí, y ha habido momentos en los que mis amigos o yo podríamos habernos servido y amado mejor unos a otros.
Sin embargo, esa es la seguridad de nuestra relación por convenio con el Salvador: al guardar los convenios que nos ligan a Él, Él es nuestro amigo perfecto en las buenas, en las malas y en todo lo demás (véase Juan 15:14).
El presidente Russell M. Nelson testificó acerca de esto cuando dijo: “Si todas las cosas y todas las personas en el mundo, en quienes ustedes confían, les fallan, Jesucristo y Su Iglesia nunca les fallarán”.
¡Qué promesa!
Algunos amigos dan más de lo que reciben. Ese es el tipo de amigo que el Salvador es para nosotros.
Él siempre me tiende la mano, pero yo tengo que acordarme de extender la mano hacia Él. Como discípula Suya, tal vez no siempre soy tan leal a Él como debería serlo y necesito esforzarme más. Cuando nos esforzamos con toda intención por cultivar la relación con Él, nuestro compromiso y nuestro vínculo con Él pueden profundizarse.
Él los conoce por completo
Es probable que todos hayamos tenido nuevas amistades con las que dudamos en compartir nuestro ser completo y auténtico. Compartir mis luchas, inseguridades e incluso opiniones diferentes con mis amigos fue difícil durante mucho tiempo. No sabía cómo responderían mis amigos si vieran mi yo verdadero, con mis defectos y todo lo demás.
Sin embargo, el Salvador desea que vengamos tal y como somos. Él comprende todas las dificultades que afrontamos, por lo que sabe cómo socorrernos y ayudarnos personalmente (véase Alma 7:11–12).
El presidente Jeffrey R. Holland, Presidente en Funciones del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “[El Salvador] desea que vengamos a Él, que lo sigamos, que seamos consolados por Él. Luego desea que brindemos consuelo a otras personas. Por muy vacilantes que sean nuestros pasos hacia Él —aunque no deberían serlo en absoluto—, Sus pasos hacia nosotros nunca vacilan”.
El Salvador nos conoce y nos ama. Como un verdadero amigo, Él nos alienta a mejorar y, con Su ayuda, a llegar a ser mejores de lo que somos.
A cambio, nosotros podemos llegar a conocerlo al aprender acerca de Él por medio de Sus enseñanzas, la adoración en el templo, el hacer y guardar convenios y al orar a nuestro Padre Celestial.
Él los ama de forma perfecta
En Juan 15:13 leemos: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”. El significado total del sacrificio expiatorio del Salvador me llega al corazón cada vez que leo esta verdad.
Saber que Jesucristo estuvo dispuesto a sufrir y dar Su vida por mí es un testimonio del amor perfecto que Él tiene por cada uno de nosotros.
Y para mí, el amor es lo principal de toda amistad.
Cada abrazo que damos, cada risa que compartimos o cada lágrima que derramamos juntos a fin de cuentas es la caridad, “el amor puro de Cristo” (Moroni 7:47). Entonces, ¿qué mejor manera de recordar Su amor por nosotros y mostrarle amor a Él a cambio que esforzándonos por ser amigos de todos? (véase Juan 15:12).
Una relación duradera
Aunque algunas relaciones interpersonales pueden ir y venir, nuestra relación por convenio con Jesucristo durará para siempre y florecerá a medida que lo sigamos a Él y perseveremos hasta el fin (véase Doctrina y Convenios 14:7).
Como alguien que ama profundamente a sus amigos y especialmente al Salvador, eso me alegra el alma.
Espero que podamos seguir entendiendo cuánto Él ama, apoya y aprecia nuestra relación con Él, y considerar cómo podemos demostrarle mejor nuestro amor a cambio. Como toda hermosa amistad, lograr una relación firme con Él nos llenará la vida de gozo y significado, y nos ayudará a compartir ese gozo con los demás.