Voces de los miembros
Servir en el programa de puertas abiertas del Templo de San Pedro Sula, Honduras
Fue una gran bendición poder servir en la Casa del Señor durante las semanas del programa de puertas abiertas. Aun cuando el templo no estaba dedicado, seguía siendo un lugar sagrado y pude sentir paz, consuelo y el amor de mi Padre Celestial. Todos los días al regresar a mi casa aún tenía que terminar mis tareas y además de eso asistía a Seminario muy temprano en la mañana. Era mucho lo que tenía que hacer y me sentía cansada, pero me emocionaba poder servirle a mi Padre Celestial. Testifico que el Señor bendice a Sus siervos y nos ayuda con nuestras cargas.
No estaba sola, mis amigos y yo decidimos escoger los mismos horarios para servir juntos. El estar sirviendo juntos en el templo nos brindaba gozo. Ese mismo gozo lo quise compartir con mis amigos de la escuela; aquellos que lograron asistir me agradecieron por haberlos invitado. El tiempo que pasé en los recorridos, todas las veces que logré entrar al salón celestial y ver cómo impactaba a las personas que visitaban me ayudó a fortalecer mi testimonio y a encontrar respuestas a varias dudas que tenía en mi corazón. Siento que esta experiencia me cambió mucho. El estar allí me inspiraba a esforzarme por ser una mejor persona cada día y, cuando todo terminó, esperé con ansias la dedicación para volver a estar ahí.
Con la colaboración de Ada Laínez.