2025
“Arrebatado a una montaña extremadamente alta”
Febrero de 2025


“Arrebatado a una montaña extremadamente alta”, Liahona, febrero de 2025.

Perspectivas históricas sobre la Casa del Señor

“Arrebatado a una montaña extremadamente alta”

Al igual que los profetas que tuvieron visiones extraordinarias de las eternidades, podemos ver en la investidura la función del Salvador en el Plan de Salvación y aprender a prepararnos para el día en que literalmente entremos en la presencia de Él y de Su Padre.

Templo de Kirtland

Fotografía antigua del Templo de Kirtland

Como el profeta de la Restauración, José Smith tuvo la bendición de presenciar extraordinarias visiones de las eternidades. Vio al Salvador más de una vez y experimentó en visión “lo que fue, […] lo que ahora es, y […] lo que será”.

José no fue el único profeta que tuvo tales visiones. Las Escrituras contienen varios relatos de personas fieles que tuvieron una visión de las eternidades. Abraham vio las eternidades, incluso el Concilio Preterrenal de los Cielos y la creación de la tierra (véanse Abraham 34). Moisés fue “arrebatado a una montaña extremadamente alta” y se le enseñaron todas las cosas “acerca de esta tierra” (Moisés 1:1, 36), incluso la Creación, la caída de Adán y Eva, y la misión salvadora de Jesucristo. Enoc, Nefi y Juan el Revelador tuvieron visiones comparables por medio de las cuales lograron una perspectiva profética (véanse Moisés 7; 1 Nefi 11–15; Apocalipsis 1).

¿Alguna vez ha leído estos relatos y deseado tener una experiencia similar? ¿Cómo sería ver la extensión del plan del Padre con nuestros ojos y escuchar Su voz con nuestros oídos?

La investidura dio a los santos una visión de las eternidades

En Kirtland, Ohio, EE. UU., José procuró preparar a otros de los primeros santos para el privilegio de vislumbrar las eternidades por sí mismos, como los antiguos profetas. Mientras los santos construían el Templo de Kirtland, el Señor prometió que “todos los de corazón puro” que entraran en ese primer templo de los últimos días “ver[ían] a Dios” (Doctrina y Convenios 97:16).

José instó a los santos a prepararse física y espiritualmente para recibir esa bendición. Ayunaron, oraron, estudiaron el Evangelio, se lavaron el cuerpo y se vistieron con ropa limpia. Luego, a partir de enero de 1836 y culminando con la dedicación del templo y una asamblea solemne dos meses después, muchos santos de Kirtland entraron en la Casa del Señor y obtuvieron la prometida visión de la eternidad. “El Salvador se apareció ante algunos”, escribió José en su diario, “en tanto que ángeles ministraron a otros”. Haciéndose eco de la promesa del Señor de que Él investiría a los santos con poder en Su casa, José Smith se refirió a esas experiencias como “ciertamente una investidura”.

El tiempo alrededor de la dedicación del Templo de Kirtland fue un momento extraordinario, una época sagrada, uno de los grandes milagros en los primeros años de la historia de la Iglesia, y mediante la visita de mensajeros celestiales en ese templo, el Señor dio al profeta José Smith las llaves necesarias para llevar a cabo la obra del templo en el futuro (véase Doctrina y Convenios 110).

Pocos años después, la Iglesia en Nauvoo, Illinois, EE. UU., había crecido. Miles de nuevos conversos que no habían experimentado la “investidura de poder” en Kirtland llegaron desde las misiones de la Iglesia en Inglaterra y de todo Estados Unidos.

Cuando los santos se congregaron en Nauvoo, el Señor inspiró a José Smith a utilizar la representación actuada de la investidura para presentar una majestuosa visión del plan del Señor. Esa recreación de la Creación, la Caída y nuestro potencial regreso a la presencia de Dios por medio de la misión salvadora de Jesucristo fue la esencia de una ceremonia de investidura que se podía repetir y que se efectuaba en los templos. Permitió que los santos participaran a su favor y a favor de sus antepasados. Aunque era diferente de las experiencias en las visiones relatadas por Abraham y Moisés, el contenido esencial de la ordenanza era el mismo.

La investidura situaba a los participantes en una narración espiritual elevada. En lugar de simplemente leer acerca de una visión profética, a los santos se les enseñaba sobre las eternidades por medio de imágenes y sonidos. Se convertían en actores de la historia mientras hacían convenios que los ayudarían a regresar a la presencia de Dios. Era como si fueran Nefi en la montaña o José Smith en Kirtland. Y el mismo Espíritu que enseñó a los profetas podía instruirlos mientras participaban en la ceremonia de investidura.

Templo de Nauvoo, Illinois

Fotografía del Templo Nauvoo, Illinois; por Shane Michael Bezzant

La investidura ponía en perspectiva sus preocupaciones cotidianas

Participar en la investidura del Templo de Nauvoo ayudó a poner en perspectiva las preocupaciones cotidianas y las difíciles pruebas de los santos. Les reafirmó el amor del Salvador y les recordó el glorioso futuro que les espera a quienes hacen convenios y los guardan. Al reflexionar sobre la forzada salida de los santos de Nauvoo y su largo trayecto hacia su nuevo hogar en Utah, Sarah P. Rich testificó: “Si no hubiera sido por la fe y el conocimiento que se nos otorgaron en ese templo por la influencia y la ayuda del Espíritu del Señor, nuestro viaje habría sido como dar un salto en la oscuridad”.

El presidente Russell M. Nelson confirmó la observación de Sarah cuando enseñó que la instrucción y los convenios de la investidura “nos elevan más allá de los límites de nuestro propio poder y perspectiva”.

“Cada templo es una casa de instrucción”, declaró el presidente Nelson. “Allí se nos instruye en el camino del Maestro. Su método se diferencia del de los demás”. En alusión a cómo la preparación espiritual, tal como el estudio de las Escrituras, puede mejorar nuestra experiencia en el templo, el presidente Nelson agregó: “El estudio de esas Escrituras antiguas es aún más esclarecedor después de que uno se ha familiarizado con la investidura del templo”.

Con el tiempo, los métodos utilizados para presentar las gloriosas verdades del Plan de Salvación en los templos han cambiado, pasando de ser los miembros de la Iglesia quienes interpretaban los papeles a una presentación en video que se ha traducido a muchos idiomas. Independientemente del modo de presentación, millones de Santos de los Últimos Días en los últimos 180 años han sido bendecidos por la perspectiva eterna ampliada que experimentan cuando ascienden al monte al entrar en la Casa del Señor.