“Sabrás qué hacer”, Liahona, febrero de 2025.
Voces de los Santos de los Últimos Días
Sabrás qué hacer
En momentos de gran necesidad de una familia, el Señor me demostró que Él los tenía presentes.
Ilustración por Katy Dockrill
Una mañana, poco después de haber sido llamada como presidenta de la Sociedad de Socorro, recibí una llamada telefónica de la madre de una familia de nuestro barrio. Me contó acerca de la pérdida de su empleo, problemas médicos y otros desafíos. Era evidente que la familia había agotado hasta el último de sus recursos. Mientras escuchaba, oré en silencio para que el Espíritu Santo guiara y dirigiera mis palabras y acciones.
Le aseguré que me pondría en contacto con nuestro obispo y que me comunicaría con ella más tarde ese mismo día. Sentí la urgencia de ayudar a esa familia, especialmente a los niños del hogar. Sin embargo, después de hacer varias llamadas telefónicas, me enteré de que todo el obispado y la presidencia del cuórum de élderes estaban fuera de la ciudad. Como era nueva en mi llamamiento, no estaba segura de qué hacer.
Después de arrodillarme en oración y pedir ayuda, decidí ir a comprar comestibles para la familia y arreglar las cosas con el obispo a su regreso. También decidí donar algunos artículos necesarios. Mientras me preparaba para salir en el auto, tuve una impresión clara e inconfundible: “Espera”. Obedecí la impresión y salí del auto. Una hora después, alguien llamó a la puerta de mi casa.
Afuera había una viuda de nuestro barrio. Me entregó dos bolsas grandes de comida y me dijo: “Hermana Smith, sé que usted sabrá qué hacer con estas cosas”. Luego bajó apresuradamente los escalones del porche de mi casa y se dirigió a su auto.
Me invadió la gratitud y los tiernos sentimientos del Espíritu. El Señor sí había respondido mi oración. Recordé a Nefi, quien fue guiado por el Espíritu sin saber de antemano lo que debía hacer (véase 1 Nefi 4:6).
Cuando oramos y seguimos las impresiones pequeñas y silenciosas, tenemos esta seguridad del Señor: “Os será dado en la hora, sí, en el momento preciso, lo que habéis de decir” (Doctrina y Convenios 100:6) y, a veces, lo que debemos hacer. El Señor conocía las necesidades apremiantes e inmediatas de esa familia antes que yo. Tuve la bendición de presenciar la tierna misericordia del Señor cuando aquella viuda brindó una ofrenda que alimentó a una familia en el momento preciso de necesidad.
Estoy agradecida por un Padre Celestial que provee para nosotros en el momento de nuestra necesidad conforme nos acercamos a Él.