“Hebreos 1–6”, Ayudas para las Escrituras: Nuevo Testamento, 2024
Ayudas para las Escrituras
Hebreos 1–6
Jesucristo es el Hijo de Dios, el “heredero de todo”. Él es el Creador y está sentado a la diestra de Dios. Jesucristo es superior a los ángeles y a todos los profetas, incluido Moisés. El antiguo Israel no pudo entrar en el reposo del Señor porque endureció su corazón contra Jesucristo. Como el Gran Sumo Sacerdote, Jesús es superior a todos los sumos sacerdotes mosaicos. Él es el autor de eterna salvación para todos los que le obedecen. Se alienta a los santos a perseverar con fe, como Abraham, teniendo esperanza en las bendiciones prometidas.
Recursos
Nota: La cita de una fuente no publicada por La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no implica que esta o su autor cuenten con el respaldo por la Iglesia ni que representen la posición oficial de la Iglesia.
Antecedentes y contexto
¿Para quiénes se escribió el libro de Hebreos y por qué?
Debido a diversas aflicciones, muchos cristianos judíos se estaban alejando de la Iglesia y regresando a su antiguo culto judío en la sinagoga. El libro de Hebreos alienta a los conversos judíos a permanecer fieles a Jesucristo y a no volver a su antiguo modo de vida.
El libro de Hebreos es como un sermón extenso que señala hacia Jesucristo apelando repetidamente a las enseñanzas del Antiguo Testamento. El libro tiene tres secciones principales para alentar a los conversos judíos a perseverar con fe en Jesucristo:
En esta carta se afirma que Jesucristo y Su Evangelio reemplazan la ley de Moisés. También explica que Jesucristo cumplió la ley de Moisés.
Algunos eruditos han puesto en duda que Pablo escribiera Hebreos, ya que en el libro no se menciona a ningún autor y el estilo de escritura es diferente al de sus otras cartas. “No obstante, debido a que las ideas expresadas en Hebreos son congruentes con las otras enseñanzas de Pablo, los Santos de los Últimos Días están de acuerdo con tradición cristiana y han aceptado, en general, que Pablo al menos participó en la escritura de esa [carta]”.
No está claro cuándo se escribió el libro de Hebreos. Dado que el libro siempre se refiere al templo en tiempo presente, se supone que fue escrito antes del año 70 d. C., año en que los romanos destruyeron el templo. Se desconoce dónde se escribió Hebreos.
¿Qué significa que Jesucristo sea la imagen misma del Padre?
El término “imagen misma” proviene de la traducción de una palabra griega que significa que algo es una “representación o expresión exacta”. El presidente Dallin H. Oaks enseñó: “La Biblia contiene un testimonio apostólico de que Jesús era ‘la imagen misma’ de la sustancia de Su Padre (Hebreos 1:3), lo cual simplemente explica la enseñanza del mismo Jesús de que ‘[el] que me ha visto a mí, ha visto al Padre’ (Juan 14:9)”.
¿Por qué se comparó a Jesucristo con los ángeles?
La mayoría de los judíos creían que “los ángeles eran seres exaltados”. Algunos líderes judíos incluso consideraban a los ángeles con más reverencia que al Mesías. Un erudito de la Biblia señaló: “Con su fe en Jehová y Sus ángeles, [los conversos judíos] aparentemente habían asimilado a Cristo en su sistema religioso como una parte, pero no como el centro”. Para corregir ese malentendido, Pablo citó el Antiguo Testamento para demostrar que Jesucristo es superior a todos los ángeles.
¿A quiénes se considera como la descendencia de Abraham?
“La descendencia de Abraham” no se refiere solo a los descendientes directos de Abraham, sino también a todos los que aceptan el convenio del Evangelio, independientemente de su linaje. Cuando una persona se convierte al Evangelio de Jesucristo y se bautiza, se convierte en miembro de la familia del convenio.
¿Cómo puede Jesucristo socorrernos cuando somos tentados?
La palabra boētheō se traduce como socorrer en la versión Reina-Valera de la Biblia y significa “ayudar; rescatar; acudir en ayuda”. El presidente Dallin H. Oaks enseñó: “Nuestro Salvador siente y conoce nuestras tentaciones, nuestras dificultades, nuestras angustias y nuestros sufrimientos, porque los padeció todos por voluntad propia como parte de Su Expiación […]. Todos los que padecen cualquier clase de debilidad terrenal deben recordar que nuestro Salvador también sufrió ese tipo de dolor, y que, mediante Su Expiación, nos ofrece a cada uno de nosotros la fortaleza para sobrellevarlo”.
¿Qué significa entrar en el reposo del Señor?
Basándose en el Salmo 95:7–11, Pablo habló de la desobediencia e incredulidad del antiguo Israel. Como resultado de su rebelión, Israel no entró en la tierra prometida de Canaán, o sea, en el reposo simbólico del Señor, simbolizado por la tierra de Canaán. Pablo alentó a los santos judíos a evitar la incredulidad y la dureza de corazón del antiguo Israel para que pudieran entrar en el reposo del Señor.
El presidente Joseph F. Smith enseñó: “Los profetas antiguos hablan de ‘entrar en el reposo de Dios’ [véanse Alma 12:34; Doctrina y Convenios 84:23–24]. ¿Qué significa eso? A mi entender, significa entrar en el conocimiento y en el amor de Dios, tener fe en Su propósito y en Su plan hasta el punto de saber que estamos en lo correcto y que no andamos buscando otra cosa, que no nos perturba ningún viento de doctrina ni la astucia ni las artimañas de los hombres que acechan para engañar […]. El hombre que ha alcanzado la fe en Dios hasta el punto de que toda duda y todo temor se han apartado de él ha entrado en el ‘reposo de Dios’”.
Así, por medio de Jesucristo, podemos experimentar descanso tanto en esta vida como en la venidera.
¿Por qué se nos invita a acercarnos confiadamente al trono de la gracia?
En tiempos bíblicos, el sumo sacerdote atravesaba el velo del templo y entraba en el Lugar Santísimo el Día de la Expiación. Ese sumo sacerdote era una semejanza de Jesucristo, nuestro Gran Sumo Sacerdote. Al igual que el sumo sacerdote que entra en el Lugar Santísimo, Jesucristo ha entrado en el cielo y ahora se sienta “a la diestra” de Dios.
Como nuestro Gran Sumo Sacerdote, Jesucristo tiene compasión por nuestras debilidades porque fue “tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”. La traducción griega de la palabra tentado también significa ser puesto a prueba. El élder Ulisses Soares enseñó: “Puedo asegurarles que Cristo está constantemente al tanto de las adversidades que experimentamos en la vida mortal. Él entiende plenamente la amargura, la agonía y el dolor físico, así como las dificultades emocionales y espirituales que afrontamos. Las entrañas del Salvador rebosan de misericordia y Él siempre está listo para socorrernos. Eso es posible porque Él personalmente experimentó y tomó sobre Sí en la carne el dolor de nuestras enfermedades y debilidades”.
Lleno de compasión por nosotros, Jesucristo nos invita a “acer[carnos] […] confiadamente al trono de la gracia”. La palabra griega traducida como “acercarse” en la versión Reina-Valera de la Biblia también se puede traducir como “aproximarse” o “allegarse”. Al saber lo que Jesucristo ha hecho por nosotros, podemos aceptar Su invitación y acercarnos a Él con confianza. El élder Dale G. Renlund enseñó: “En la vida terrenal, podemos ‘acercarnos confiadamente’ al Salvador y recibir compasión, sanación y ayuda […] de maneras simples, comunes y significativas”.
¿Cómo fue llamado Aarón por Dios?
En Hebreos 5:4–6, 10, Pablo señaló que Jesucristo recibió Su autoridad de Dios el Padre, así como Aarón y otros sumos sacerdotes de la antigüedad fueron llamados por Dios. Ellos recibieron el sacerdocio mediante la debida autoridad.
El profeta José Smith enseñó: “Creemos que ningún hombre puede administrar la salvación por medio del Evangelio a las almas de los hombres y en el nombre de Jesucristo, a menos que esté autorizado por Dios, por revelación o por haber sido ordenado por alguien a quien Dios haya enviado por revelación […]. Y yo pregunto: ¿Cómo fue llamado Aarón si no fue por revelación?”.
El llamamiento de Aarón vino de Dios, por medio de una revelación dada a Moisés: “Y harás que se acerqu[e] a ti Aarón, tu hermano […] para que sea m[i] sacerdot[e]”. Este mismo modelo se encuentra tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. El élder David A. Bednar enseñó acerca de la ordenación al sacerdocio: “‘Creemos que el hombre debe ser llamado por Dios, por profecía y la imposición de manos, por aquellos que tienen la autoridad, a fin de que pueda predicar el evangelio y administrar sus ordenanzas’ [Artículos de Fe 1:5]. Por lo tanto, un muchacho o un hombre recibe la autoridad del sacerdocio y es ordenado a un oficio en particular por alguien que ya tiene el sacerdocio y que ha sido autorizado por un líder que posea las llaves del sacerdocio necesarias”.
¿Qué aprendemos de Melquisedec acerca de Jesucristo?
El élder Bruce R. McConkie explicó que los versículos 6–8 de Hebreos 5 “se aplican tanto a Melquisedec como a Cristo, porque Melquisedec fue un prototipo de Cristo y el ministerio de ese profeta simbolizó y presagió el de nuestro Señor en el mismo sentido en que lo hizo el ministerio de Moisés (Deuteronomio 18:15–19; Hechos 3:22–23; 3 Nefi 20:23; [José Smith—Historia 1:40]). Por consiguiente, aunque las palabras de esos versículos, y particularmente las del versículo 7, se aplicaban originalmente a Melquisedec, estas se aplican de igual manera y tal vez con mayor fuerza a la vida y al ministerio de Aquel por medio de quien se cumplieron todas las promesas hechas a Melquisedec”.
¿A qué principios debemos aferrarnos para alcanzar la perfección?
La Traducción de José Smith de Hebreos 6:1 aclara el versículo de la siguiente manera: “Por tanto, sin dejar el comienzo de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección”. Los santos mencionados en el libro de Hebreos ya habían recibido los primeros principios, ordenanzas y doctrinas del Evangelio (que incluyen la fe en Jesucristo, el arrepentimiento, el bautismo y la imposición de manos para comunicar el don del Espíritu Santo). No debían abandonar esos principios, sino que debían continuar progresando hacia la madurez espiritual.
¿Qué significa “crucifica[r] de nuevo […] al Hijo de Dios”?
El élder Bruce R. McConkie explicó: “Cometer el pecado imperdonable consiste en crucificar nuevamente para uno mismo al Hijo de Dios y exponerlo a vituperio (Hebreos 6:4–8; Doctrina y Convenios 76:34–35). Para cometer ese crimen imperdonable, un hombre debe recibir el Evangelio, obtener del Espíritu Santo por revelación el conocimiento absoluto de la divinidad de Cristo, y después negar ‘el nuevo y sempiterno convenio por el que fue santificado, llamándolo una cosa inmunda, y despreciar el Espíritu de gracia’ [History of the Church, tomo III, pág. 232]. La persona, por consiguiente, comete asesinato al asentir a la muerte del Señor, es decir que, teniendo un conocimiento perfecto de la verdad, se rebela manifiestamente y se coloca a sí misma en una posición en la que habría crucificado a Cristo sabiendo perfectamente que era el Hijo de Dios. Es así como Cristo es crucificado nuevamente y expuesto al vituperio (Doctrina y Convenios 132:27)”.
¿Qué sabemos acerca de las promesas de Dios?
Pablo declaró que cuando Dios le hizo promesas a Abraham, “juró por sí mismo”. En la antigüedad, hacer juramentos era una parte formal de la vida religiosa. Debido a que es imposible que Dios mienta, podemos tener confianza en Sus promesas, pues traen esperanza y sirven como un “ancla del alma”.
Más información
Reposo del Señor
-
Russell M. Nelson, “Vencer al mundo y hallar descanso”, Liahona, noviembre de 2022, págs. 95–98
Descendientes de Abraham
-
Russell M. Nelson, “El convenio sempiterno”, Liahona, octubre de 2022, págs. 4–11
Trono de la gracia
-
Jeffrey R. Holland, “Surge en el corazón”, Liahona, mayo de 2024, págs. 7–9
-
Jörg Klebingat, “Acerquémonos al trono de Dios con confianza”, Liahona, noviembre de 2014, págs. 34–37
Multimedia
Imágenes
The Garden of Gethsemane [El Jardín de Getsemaní], por William Henry Margetson