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28 septiembre – 4 octubre. “Consolad a mi pueblo”: Isaías 40–49


“28 septiembre – 4 octubre. ‘Consolad a mi pueblo’: Isaías 40–49”, Ven, sígueme — Para el hogar y la Iglesia: Antiguo Testamento 2026 (2026)

“28 septiembre – 4 octubre. ‘Consolad a mi pueblo’”, Ven, sígueme: Antiguo Testamento 2026

Jesús sana a un hombre ciego

Healing the Blind Man [Se sana al ciego], por Carl Heinrich Bloch, en el Museo Nacional de Historia de Dinamarca, Frederiksborg

28 septiembre – 4 octubre: “Consolad a mi pueblo”

Isaías 40–49

“Consolad” es la primera palabra del capítulo 40 de Isaías. Marca el comienzo de un tono diferente; un énfasis diferente en el mensaje del profeta. Los escritos anteriores de Isaías advertían a Israel y a Judá acerca de la destrucción y el cautiverio que sobrevendrían a causa de sus pecados. Pero esas profecías posteriores tenían como fin consolar al pueblo judío durante los siguientes 150 años, luego de que Jerusalén y el templo hubiesen sido destruidos, y Babilonia hubiera llevado cautivo al pueblo. No obstante, estas profecías se extienden aún más adelante en el futuro, y no solo a esos israelitas derrotados y descorazonados. Nos hablan a nosotros, quienes a veces también nos sentimos derrotados, descorazonados e incluso perdidos.

El mensaje de Isaías para su pueblo y para nosotros es sencillo: “No temas” (Isaías 43:1); no todo está perdido. El Señor no te ha olvidado y Él tiene poder sobre las situaciones que parecen estar fuera de tu control. ¿No es el Señor, el “Creador de los cielos” (Isaías 42:5), más poderoso que Babilonia, que el pecado, que cualquier cosa que te tenga cautivo? Él nos ruega: “Vuélvete a mí, porque yo te redimí” (Isaías 44:22). Él puede sanar, restaurar, fortalecer, perdonar y consolar; Él puede hacer cualquier cosa que sea necesaria para que tú, en tu caso en particular, seas redimido.

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Ideas para aprender en el hogar y en la Iglesia

Isaías 40–49

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Jesucristo puede consolarme y darme esperanza

Cuando los israelitas estaban cautivos en Babilonia, es posible que muchos de ellos se hayan preguntado si acaso habían perdido para siempre su lugar como el pueblo escogido y del convenio de Dios. Al leer Isaías 40–49, busca los pasajes que podrían haberles brindado consuelo y esperanza. En cada pasaje que encuentres, medita y escribe lo que Jehová podría decirte a ti en esos versículos. Los siguientes son algunos con los que podrías comenzar:

¿Qué crees que el Señor desea que sepas sobre Él?

Quizás observes que el himno “Qué firmes cimientos” (Himnos, nro. 40) se basa en las palabras de Isaías que se encuentran en Isaías 41:10; 43:2–5; 46:4. Considera cantar o escuchar este himno, buscando paralelismos entre la letra y estos versículos de Isaías. ¿De qué manera ha cumplido el Señor las promesas que se hallan en estos versículos en tu vida?

Véase también Patrick Kearon, “Ha nacido con sanidad en sus alas: Podemos ser más que vencedores”, Liahona, mayo de 2022, págs. 37–40.

Utiliza pasajes de las Escrituras adicionales. A veces podemos entender mejor el Antiguo Testamento si complementamos nuestro estudio con versículos del Libro de Mormón. Por ejemplo, Nefi y Jacob, los profetas del Libro de Mormón, tuvieron acceso a los escritos de Isaías en las planchas de bronce (véase 1 Nefi 19:22–23) y utilizaron esas profecías para enseñar acerca del Salvador. Para conocer cómo Nefi y Jacob aplicaron Isaías 48–49 a su pueblo, véanse 1 Nefi 22. Eso podría ayudarte a aplicar estos capítulos a tu propia vida.

Un río ancho y poco profundo

Al obedecer al Señor, podemos tener “paz […] como un río” (Isaías 48:18).

Isaías 40–49

“Mi siervo eres tú”

A lo largo de Isaías 40–49, Jehová habla de Su “siervo” y Sus “testigos”. Dichas palabras pueden referirse a Jesucristo (véase Isaías 42:1–7), a la Casa de Israel (véase Isaías 45:4), y al rey Ciro, quien permitió que los judíos regresaran a Jerusalén y reconstruyeran el templo (véase Isaías 44:26–28; 45:1–4). Igualmente puedes considerar el modo en que tales pasajes se aplican a ti como siervo y como testigo del Señor. Por ejemplo, medita en preguntas como las siguientes:

Isaías 40:1–3, 9–11; 43:1–12. ¿En qué sentido eres testigo de Jesucristo? ¿Cuáles son las “buenas nuevas” que puedes compartir como testigo de Él? Podrías imaginarte que se te ha llamado al estrado de los testigos en un juicio ante un tribunal. En ese juicio, se ha acusado a Jesucristo de declarar lo que se encuentra en Isaías 43:11. ¿Qué testimonio podrías dar para respaldar la afirmación de Jesús? ¿Qué evidencia de tu vida presentarías?

Isaías 41:8–13; 42:6; 44:21. ¿Qué te ha llamado a hacer el Señor? Ten en cuenta los llamamientos formales de la Iglesia, así como otras responsabilidades de servirle. ¿Cómo te ha “form[ado]” o preparado Él para que llegues a ser Su siervo? ¿Y cómo te sostiene Él cuando lo sirves?

Isaías 49:1–9. ¿Qué mensajes encuentras en estos versículos que puedan ayudarte cuando tus esfuerzos y tu servicio parezcan ser “en vano y sin provecho”? (Versículo 4).

Isaías 40:3–8, 15–23; 42:15–16; 47:7–11

El poder de Dios es mayor que el poder del mundo

Isaías recordaba reiteradamente a su pueblo en cuanto al poder de Dios, que era inigualable, incluso cuando se lo comparaba con el poder opresivo del mundo que los rodeaba. Busca este mensaje al leer Isaías 40:3–8, 15–23; 42:15–16; y 47:7–11 (nótese que el capítulo 47 está dirigido a Babilonia, el captor de Israel). ¿Qué te enseñan esos pasajes sobre las cosas del mundo? ¿Qué te enseñan sobre Dios? Medita en el motivo por el que ese mensaje pudo haber sido de valor para los judíos en el cautiverio. ¿Por qué es de valor para ti?

Isaías 48:10; 49:13–16

El Señor puede refinarme por medio de mis aflicciones

Al leer Isaías 48:10, medita en tu propio “horno de la aflicción”. ¿Cómo te está “purific[ando]” el Señor? ¿De qué manera te ayuda Isaías 49:13–16 cuando sufres aflicción?

Véase también “El fuego purificador” (video), Biblioteca del Evangelio.

4:57

The Refiner's Fire

Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.

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Ideas para enseñar a los niños

Isaías 40:3–5

Puedo ayudar a preparar “el camino de Jehová”

  • Piensa en algunas maneras de ilustrar lo que podría significar ”prepara[r] el camino de Jehová”, tal como se describe en Isaías 40:3–5. Por ejemplo, tú y los niños podrían enderezar algo que esté torcido, despejar un piso desordenado o demarcar bien algún sendero en un terreno pedregoso. También podrían ver láminas de Juan el Bautista y de José Smith (véanse Libro de obras de arte del Evangelio, nros. 3587). ¿Cómo prepararon ellos el camino para la venida del Señor? (Véanse Lucas 3:2–18; Doctrina y Convenios 135:3). ¿Cómo podemos ayudar? Esta podría ser una oportunidad para hablar sobre cómo los poseedores del Sacerdocio Aarónico ayudan a preparar el camino del Señor (véase Doctrina y Convenios 84:26–28).

Isaías 43:10

Puedo ser un testigo del Señor

  • Después de leer juntos Isaías 43:10, podrían hablar sobre lo que significa ser testigos. Compartan entre sí cosas que hayan experimentado de las que puedan ser “testigos”: por ejemplo, un alimento que hayan probado, un lugar que hayan visitado o una persona que conozcan. ¿Qué significa ser testigo del Señor? ¿Qué podemos decir a otras personas acerca de Él?

Isaías 44:3–4; 45:8

El Señor “derramar[á]” Sus bendiciones sobre mí

  • Después de leer esos versículos, los niños podrían regar alguna planta mientras hablan sobre las bendiciones que el Señor ha derramado sobre ellos. ¿Qué les sucede a las plantas cuando las regamos? ¿Cómo nos han ayudado a crecer las bendiciones del Señor?

Una gran ola en el océano

Nuestra “justicia [puede ser] como las olas del mar” (Isaías 48:18).

Isaías 48:17–18

Guardar los mandamientos de Dios brinda paz

  • Algunas imágenes o videos de ríos y olas del mar podrían ayudar a los niños a visualizar Isaías 48:18 (por ejemplo, las imágenes de esta reseña). Quizás a los niños les resulte entretenido mover las manos y los brazos como un río y las olas del mar. ¿De qué modo la paz es como un río? ¿De qué modo la justicia [o la rectitud] puede ser como las olas? Habla sobre cómo el guardar los mandamientos de Dios te ha ayudado a sentir paz como la de un río o fuerza como la de una ola.

  • Entonen juntos una canción que hable sobre los mandamientos, tal como “Siempre obedece los mandamientos” (Canciones para los niños, págs. 68–69). ¿Qué nos enseña esa canción en cuanto a la razón por la que debemos guardar los mandamientos de Dios?

Isaías 49:14–16

El Señor nunca me olvidará

  • Isaías 49:14–16 puede ser un gran consuelo para los niños en los años venideros. Al leer el versículo 14, podrían hablar sobre lo que podría hacer que las personas se sintieran olvidadas o desamparadas. ¿Cómo sabemos que el Señor no nos ha olvidado?

  • Para presentar los versículos 15–16, podrías preguntar a los niños acerca de alguien a quien nunca olvidarán, como un familiar o un amigo. De acuerdo con Isaías 49:15–16, ¿por qué nunca nos olvidará el Señor? Luego podrían compartir unos con otros sus sentimientos acerca de Jesucristo.

Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.

Jesús con un hombre y una niña

Balm of Gilead [Bálsamo de Galaad], por Annie Henrie Nader

Hoja de actividades de la Primaria: Puedo ser un testigo del Señor