“Ideas a tener presentes: Los profetas y la profecía”, Ven, sígueme — Para el hogar y la Iglesia: Antiguo Testamento 2026 (2026)
“Los profetas y la profecía”, Ven, sígueme: Antiguo Testamento 2026
Ideas a tener presentes
Los profetas y la profecía
En la división cristiana tradicional del Antiguo Testamento, la última sección (de Isaías a Malaquías) se llama “Los Profetas”. Esa sección, que conforma cerca de la cuarta parte del Antiguo Testamento, contiene las palabras de los siervos de Dios autorizados, quienes hablaban con el Señor y luego hablaban en Su nombre, y compartían Su mensaje con el pueblo entre el año 900 y el 500 a. C..
Los profetas comunican la voluntad de Dios
Los profetas y las profecías desempeñan una función primordial a lo largo del Antiguo Testamento. Abraham, Isaac y Jacob tuvieron visiones y hablaron con mensajeros celestiales; Moisés hablaba con Dios cara a cara y comunicaba Su voluntad a los hijos de Israel; los libros de Primer y Segundo Reyes narran las memorables obras y mensajes de los profetas Elías y Eliseo; el Antiguo Testamento también habla de profetisas como María y Débora, así como de otras mujeres bendecidas con el espíritu de profecía, tales como Rebeca y Ana; y aunque los Salmos no fueron escritos por profetas propiamente dichos, sus autores también rebosaban del espíritu de profecía, en especial, al anticiparse anhelosamente a la venida del Mesías.
Esto no es de sorprender para los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, pues, ciertamente, el Evangelio restaurado de Jesucristo nos enseña que los profetas no son solo personajes históricos interesantes, sino que son una parte esencial del plan de Dios. Aunque algunas personas podrían considerar que los profetas son algo exclusivo de la época del Antiguo Testamento, nosotros los vemos como algo que tenemos en común con dicha época.
A pesar de ello, leer los capítulos de Isaías o de Ezequiel puede ser distinto a leer los mensajes de la conferencia general que ofrece el Presidente de la Iglesia actual. En ocasiones, es difícil darnos cuenta de que los profetas de la antigüedad tenían mensajes importantes para nosotros; después de todo, el mundo en el que vivimos hoy en día es muy diferente de aquel mundo en el que ellos predicaban y profetizaban. Y el hecho de que nosotros ciertamente tenemos un profeta viviente podría plantear una pregunta: ¿Por qué vale la pena el esfuerzo (pues sí que requiere esfuerzo) leer las palabras de los profetas de la antigüedad?
Fulness of Times [El cumplimiento de los tiempos], por Greg Olsen
Los profetas de la antigüedad tienen un mensaje para nosotros
Mayormente, las personas de la actualidad no son la audiencia principal a la que se dirigen los profetas del Antiguo Testamento. Aquellos profetas tenían que abordar problemas apremiantes en esos tiempos, que eran propios de su época y lugar, tal como nuestros profetas de los últimos días atienden hoy los problemas que urgen en estos tiempos.
Al mismo tiempo, los profetas también pueden ver más allá de los problemas inmediatos; enseñan verdades eternas, relevantes para cualquier tiempo y lugar; y, al ser bendecidos con la revelación, tienen un panorama más amplio de la obra de Dios. Por ejemplo, Isaías advirtió a las personas de su época acerca de sus pecados; también escribió acerca de la liberación de los israelitas que vivirían doscientos años después; y, al mismo tiempo, enseñó acerca de la liberación que todo el pueblo de Dios busca. Además, escribió profecías que, incluso hoy, aguardan ser cumplidas: por ejemplo, la promesa de una “nueva tierra” (Isaías 65:17) que “estará llena del conocimiento de Jehová” (Isaías 11:9), en la cual las tribus perdidas de Israel habrán sido recogidas y en la que “las naciones […] [no] se adiestrarán más para la guerra” (Isaías 2:4). Parte de la dicha y la inspiración que provienen de la lectura de las palabras de los profetas del Antiguo Testamento como Isaías es darnos cuenta de que nosotros tendremos una función que cumplir en aquel glorioso día que ellos pudieron vislumbrar.
De modo que, cuando leas profecías antiguas, puede serte útil aprender sobre el contexto en el que se escribieron, pero también deberías verte a ti en ellas, o compararlas a ti mismo (1 Nefi 19:24; véase también el versículo 23). A veces, eso significa ver a Babilonia como símbolo del pecado y del orgullo, y no solo como una ciudad de la antigüedad; o entender a Israel como el pueblo de Dios en cualquier tiempo y lugar; o ver a Sion como la causa de los últimos días que el pueblo de Dios abraza, en lugar de verla simplemente como otra palabra para referirse a Jerusalén.
Podemos aplicar las Escrituras a nuestras vidas, pues comprendemos que una determinada profecía puede cumplirse de varias maneras. Un buen ejemplo de ello es la profecía que se encuentra en Isaías 40:3: “Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino de Jehová”. Para los judíos cautivos en Babilonia, tal declaración quizás haya hecho referencia a que Jehová proveería la vía para salir del cautiverio y regresar a Jerusalén. Para Mateo, Marcos y Lucas, dicha profecía hablaba de Juan el Bautista, quien preparó el camino para el ministerio terrenal del Salvador. A su vez, José Smith recibió revelación de que esa profecía aún se está cumpliendo en los últimos días en preparación para el ministerio milenario de Cristo. Los profetas de antaño ciertamente nos han hablado a nosotros y de formas que aún estamos empezando a comprender. Además, nos han enseñado muchas verdades preciosas y eternas que son tan relevantes para nosotros como lo eran para el antiguo Israel.
Los profetas de la antigüedad testificaron de Jesucristo
Quizás más importante que vernos a nosotros mismos en las profecías del Antiguo Testamento es que veamos a Jesucristo en ellas. Si lo buscas, lo hallarás, aunque no se lo mencione por Su nombre. Tal vez te resulte de ayuda recordar que el Dios del Antiguo Testamento —Jehová el Señor— es Jesucristo. Cada vez que los profetas describen lo que Jehová hizo o hará, se refieren al Salvador.
The Lord Appearing unto Abraham [Jehová se aparece a Abraham], por Keith Larson
También encontrarás referencias a un Ungido, un Redentor y un futuro Rey del linaje de David; todas esas referencias son profecías sobre Jesucristo. Ya en un sentido más general, leerás acerca de liberación, perdón, redención y restauración; si tienes presente al Salvador en la mente y el corazón, dichas profecías te señalarán naturalmente en dirección al Hijo de Dios. Después de todo, la mejor manera de entender las profecías es tener “el espíritu de profecía”, que Juan nos dice que es “el testimonio de Jesús” (Apocalipsis 19:10).