“La esperanza de la Pascua de Resurrección”, El Amigo, abril de 2026, págs. 22–23.
La esperanza de la Pascua de Resurrección
Gracias a Jesucristo, algún día podría volver a abrazar a su papá.
Una historia real de Brasil.
Melissa estaba sentada durante la clase de la Primaria, emocionada por aprender una canción nueva. Su maestra, la hermana Costa, les dijo que la canción se llamaba “Getsemaní”.
“Esta canción habla de lo mucho que Jesucristo nos ama y de lo que hizo por nosotros. Escuchen atentamente y traten de cantarla”.
La hermana Costa reprodujo un video que mostraba la letra de la canción con imágenes en la pantalla.
Melissa cantó a pesar de que todavía no sabía toda la letra. Se sintió muy tranquila en su interior al escuchar las palabras: “¡Getsemaní! Él me ama a mí”.
Cuando terminó la canción, la hermana Costa sostuvo en alto una lámina de Jesucristo saliendo del sepulcro. “Jesús murió, ¡pero luego volvió a vivir! Gracias a Él, todos nosotros viviremos de nuevo”, dijo ella.
Melissa sintió paz, como si recibiera un gran abrazo. “Entonces… si alguien muere, ¿no es para siempre?”, preguntó Melissa.
“Así es, Melissa”, dijo la hermana Costa. “Gracias a que Jesucristo resucitó, un día todos resucitaremos también”.
Ese domingo, Melissa se fue a casa sintiéndose feliz y pensó acerca del amor del Salvador por ella.
Al cabo de un tiempo, la casa de Melissa se volvió silenciosa y triste. Su padre había estado enfermo durante un tiempo y había fallecido. Su madre lloraba muy a menudo y la gente le daba abrazos más largos. Melissa sentía que algo muy importante había cambiado.
El día del funeral, hacía mucho frío y el sol apenas se veía en el cielo. Había flores alrededor del ataúd, la gente permanecía de pie en silencio y algunos lloraban.
Melissa tomó con fuerza la mano de su madre. Cuando se acercó al ataúd y miró a su padre, recordó la imagen de Jesucristo saliendo del sepulcro. También recordó que la hermana Costa había dicho que, gracias al Salvador, todos volveremos a vivir algún día.
“Mamá, Jesús está vivo. Él murió, pero resucitó. Un día, papá también resucitará, ¿verdad?”, preguntó Melissa.
“Sí, cariño”, dijo la mamá. “Gracias a Jesús, todos volveremos a ver a papá algún día”.
Melissa extrañaba a su padre y quería abrazarlo, escuchar su voz y volver a jugar con él. Gracias a Jesucristo, algún día podría hacerlo, pero tendría que esperar. Melissa colocó la mano sobre el ataúd y susurró: “Hasta luego, papá”.
Aunque fue un día muy triste, Melissa sintió la misma paz que había sentido en la Primaria y supo que era el Espíritu Santo.
En los días siguientes, cada vez que extrañaba a su padre, Melissa cantaba suavemente las estrofas de “Getsemaní” para sí misma y cada vez que lo hacía, se sentía consolada.
Cuando llegó el domingo de Pascua de Resurrección, Melissa se sintió diferente.
En lugar de pensar en los huevos de chocolate o en los conejitos, pensó más en Jesucristo y en su padre. Sabía que todavía lo extrañaría, pero también sabía que la muerte no era el final.
Sabía que Jesús había resucitado y que un día su padre también viviría de nuevo.
Y hasta que llegara ese día, podía cantar, recordar y sentir paz.
Ilustraciones por Teresa Alberini. Se puede copiar únicamente para uso de la Iglesia.