“La aventura de la excursión”, El Amigo, mayo de 2025, págs. 40–41.
La aventura de la excursión
“Alejémonos del grupo”, dijo Ralph.
Una historia real de Ghana.
Nyamedo corrió hacia el autobús con su hermano pequeño, Kwame. Subieron los escalones y se sentaron junto a una ventana. Nyamedo miró hacia afuera y vio que el sol brillaba sobre los verdes árboles. Su escuela iba de excursión a una reserva natural. ¡Hoy sería toda una aventura!
“¡Oye, Nyamedo!”.
Los amigos de Nyamedo, Ralph y Sierra, se sentaron en el asiento frente a él.
Ralph tiró de la manga de Nyamedo y susurró: “Cuando lleguemos al parque, ¡vayamos a explorar!”.
“¡Sí!”, dijo Sierra. “Podemos tener nuestra propia aventura”.
Ralph asintió entusiasmado. “Podemos escabullirnos antes de la primera actividad”.
Nyamedo imaginó todas las cosas que podrían ver en la naturaleza. Árboles altos, animales geniales, ¡y tal vez cascadas!
“¡Qué divertido! Hagámoslo”, dijo con una sonrisa.
Cuando el autobús llegó a la reserva natural, Nyamedo y Kwame se bajaron juntos. Sus maestros les dijeron a todos que se quedaran con el grupo y no se alejaran.
Ralph se acercó a Nyamedo. “¿Recuerdas el plan?”, susurró Ralph.
Nyamedo asintió. Pero entonces se detuvo a pensar. Explorar la naturaleza sonaba emocionante, pero Nyamedo también sabía que podía ser peligroso. ¿Y si se perdían o se lastimaban?
De repente, sintió una voz que le hablaba. Quédate con Kwame.
Era una voz suave y apacible. Nyamedo sabía que era el Espíritu Santo.
Le preocupaba que sus amigos se enojaran con él por no ir a explorar con ellos, pero tal vez el Espíritu Santo lo estaba protegiendo.
Nyamedo se volvió hacia Ralph. “Lo siento, en realidad tengo que quedarme con mi hermano”, dijo. “Él es mi responsabilidad”.
Ralph frunció el ceño.
“¡Pero dijiste que vendrías!”.
“La maestra dijo que debíamos quedarnos”, dijo Nyamedo. Ralph suspiró y se alejó.
Nyamedo y Kwame fueron con el resto de los alumnos y siguieron a sus maestros. Primero se subieron a la tirolesa. El viento soplaba contra sus rostros mientras se elevaban sobre los árboles de un intenso color verde. ¡Era como si volaran!
Luego, los guías de la reserva les enseñaron sobre algunos de los animales que vivían allí. Nyamedo y Kwame estaban impacientes por verlos. ¡Aprendieron sobre cebras, monos, serpientes, antílopes y muchas aves! Después de ver a todos los animales geniales, fueron a escalar rocas y a montar a caballo. Más tarde, participaron en juegos.
Nyamedo estaba feliz de haberse quedado con Kwame. Si no lo hubiera hecho, ¡se habría perdido muchas cosas divertidas!
Cuando llegó el momento de volver al autobús, Nyamedo vio a Ralph y a Sierra, que corrieron hacia él.
“Casi nos persiguen unos monos furiosos”, susurró Ralph. Parecía un poco asustado. “¡Podrían habernos hecho daño!”.
Sierra asintió. “¡Qué bueno que no hayas ido con nosotros!”.
“¡Vaya!”, dijo Nyamedo. “¡Me alegro de que estén bien!”.
El Espíritu Santo realmente me estaba protegiendo, pensó. Tomó la mano de Kwame mientras subían juntos al autobús.
Estaba agradecido de que el Espíritu Santo los hubiera mantenido a salvo y los hubiera ayudado a tener una aventura divertida.