“Sigue las palabras felices”, El Amigo, mayo de 2025, págs. 44–45.
Lectura fácil
Sigue las palabras felices
Un relato verídico de EE. UU.
“¿Podemos ir a dibujar con tiza?”, le preguntó Quinn a su mamá.
“¡Claro!”, dijo la mamá. “¡Vamos!”.
Quinn, su hermanito y su hermanita corrieron afuera.
“¡Quiero el azul!”, gritó Quinn.
Kade y Chloe también tomaron tizas. Se sentaron y comenzaron a dibujar en la acera. La mamá tomó una tiza roja y empezó a escribir.
“¿Qué estás haciendo?”, le preguntó Quinn.
“Escribo palabras felices para cuando los niños de la escuela regresen a casa hoy”, dijo la mamá.
Quinn podía ver la escuela desde la ventana de su casa. Le gustaba saludar a los niños cuando pasaban.
“¿Qué mensajes podemos escribir para hacerlos sonreír?”, preguntó la mamá.
Quinn leyó por encima del hombro de su mamá. “Eres…”.
“… genial”, terminó la mamá.
Quinn sonrió y siguió leyendo. “Eres lo máximo. ¡Tú puedes lograrlo!”.
Entonces Quinn tuvo una idea. Comenzó a dibujar una larga línea en uno de los mensajes de su mamá. Trazó una línea hasta el siguiente mensaje. Luego siguió hasta otro.
“¿Qué estás haciendo?”, preguntó la mamá.
“Estoy haciendo una línea para que los niños caminen”, dijo Quinn. Comenzó a correr por la línea. “¿Lo ves? Les estoy mostrando dónde encontrar todas las palabras felices”.
“Creo que es una excelente manera de hacer sonreír a todos”, dijo la mamá. Y eso hizo que Quinn sonriera aún más.