“La caja de las preocupaciones”, El Amigo, septiembre de 2024, págs. 36–37.
La caja de las preocupaciones
Olivia pensaba mucho en sus preocupaciones.
Esta historia ocurrió en EE. UU.
Olivia salió apresurada del salón de clases antes de que terminara la escuela. Trató de no mirar a nadie a los ojos.
Hoy era su primer día de terapia. Su mamá le explicó que se reuniría con una doctora que podía ayudarla con sus preocupaciones. Olivia se sentía preocupada a menudo. A veces se sentía tan preocupada que le costaba dormir o divertirse con sus amigos.
Olivia se subió al auto con su mamá y se encorvó en el asiento.
“¿Estás bien?”, preguntó la mamá.
Olivia no respondió por un momento. “¿Por qué tengo que ir a ver a la doctora?”.
La mamá comenzó a conducir. “El Padre Celestial nos da médicos para ayudarnos, al igual que nos da otras cosas que nos ayudan, como los amigos y las Escrituras. ¿Recuerdas la cadena de pasajes de las Escrituras que hicimos?”.
Olivia asintió con la cabeza. La mamá la había ayudado a buscar versículos de las Escrituras que la ayudaran con sus preocupaciones. En cada versículo, la mamá escribió dónde podía encontrar el siguiente. Cuando Olivia estaba preocupada por las noches, hacía una oración y buscaba uno de los versículos en las Escrituras. Luego, leía los demás versículos de la cadena hasta que se podía dormir.
Cuando Olivia y su mamá entraron en el consultorio, la Dra. Posy se presentó. Le preguntó a Olivia acerca de sus sentimientos y Olivia le habló un poco de sus preocupaciones.
“Muchas personas tienen algo llamado ansiedad”, dijo la Dra. Posy. “Se preocupan mucho, como tú. Pero puedes hacer algunas cosas que te ayuden a sentirte menos preocupada. ¿Puedes intentar una de ellas conmigo?”.
Olivia fijó la vista en sus zapatos y asintió con la cabeza.
La Dra. Posy le entregó a Olivia una pequeña caja. “Esta es la caja de las preocupaciones. Mantiene nuestras preocupaciones a salvo, de modo que no necesitamos pensar en ellas”.
Olivia dio vueltas a la caja en sus manos. No parecía ser nada especial.
“La próxima vez que sientas temor, escribe tu preocupación en una hoja de papel y ponla en la caja”, dijo la Dra. Posy. “Luego, elige un momento cada día para abrir la caja y pasar un ‘momento de preocupación’. Si te sientes preocupada por algo antes del ‘momento de preocupación’, di: ‘No necesito pensar en esto ahora’”.
“Está bien”, dijo Olivia. La Dra. Posy la ayudó a escribir sus mayores preocupaciones y Olivia las puso en la caja.
Más tarde ese día, una de las preocupaciones de Olivia le vino a la mente. Está en la caja de las preocupaciones, se dijo a sí misma. Puedo preocuparme por eso más tarde. Trató de dejar de pensar en ello y se puso a jugar con su hermano.
Cuando llegó el momento de irse a dormir, Olivia se sintió nerviosa. La noche era el momento en el que sus preocupaciones empeoraban. Puso la caja de las preocupaciones y su ejemplar de las Escrituras junto a su cama y llamó a su mamá.
“¿Y si no funciona?”, preguntó.
Su mamá le dio un abrazo. “Entonces seguimos intentándolo; el Padre Celestial te ayudará a encontrar otras ideas que te ayuden”.
Olivia asintió con la cabeza. “Quizás debería escribir eso también para meterlo en la caja de las preocupaciones”.
“Buena idea”, dijo la mamá, e hizo una oración con Olivia. Eso la ayudó a sentirse un poco mejor.
Un poco después de que la mamá apagara las luces, a Olivia le vino a la mente una preocupación. Encendió la lámpara, escribió la preocupación y la puso en la caja para más tarde. Hizo otra oración para pedir al Padre Celestial que la consolara.
Luego, abrió las Escrituras y buscó un versículo resaltado de su cadena de pasajes de las Escrituras. El primero que encontró fue Isaías 41:10, que dice: “No temas, porque yo estoy contigo”.
Junto a ese versículo, la mamá había escrito “Doctrina y Convenios 6:36”. Olivia buscó ese pasaje de las Escrituras y lo leyó en voz alta. “Mirad hacia mí en todo pensamiento; no dudéis; no temáis”.
Olivia sintió paz. Sabía que probablemente pensaría en más preocupaciones, pero el Padre Celestial le había dado muchas cosas para ayudarla a sentirse mejor. Él había contestado sus oraciones, ¡y eso ayudaba mucho!
Ilustraciones por Jennifer Naalchigar