2024
El desastre del dardo
Septiembre de 2024


“El desastre del dardo”, El Amigo, septiembre de 2024, págs. 4–5.

El desastre del dardo

¿Tenía Daniel el valor suficiente para decir la verdad?

Esta historia ocurrió en EE. UU.

Daniel levantó la tapa de la vieja caja de juguetes del abuelo y miró lo que había dentro. Sus primos se acercaron a mirar. ¡Les encantaba jugar juntos en casa del abuelo!

Dentro había muchos juguetes antiguos con los que la mamá y la tía de Daniel habían jugado cuando eran niñas.

“¿Qué es eso?”. Noah, el primo de Daniel, señaló seis dardos de jardín brillantes y anticuados que tenían extremos puntiagudos y banderas de colores: unas rojas y otras amarillas.

Daniel tomó uno. “Mi mamá me habló de ellos”, dijo. “Hay que colocar un aro en el césped y luego turnarse para lanzarlos al aire e intentar que caigan dentro del aro”.

“¡Qué divertido!”, dijo Noah, mientras corría hacia el jardín para preparar el juego.

Al poco tiempo, Daniel y sus primos se encontraban lanzando los dardos metálicos al aire por todo el jardín del abuelo. A Daniel le gustaba que los dardos cayeran con fuerza y se quedaran clavados en el césped.

“Apuesto a que puedo lanzar el mío más alto que el tuyo”, dijo Lily, la prima de Daniel.

Los niños reían y lanzaban los dardos cada vez más alto.

Entonces Daniel tuvo una idea. “¡Apuesto a que puedo lanzar el mío desde el otro lado de la entrada de los autos y hacer que caiga en el aro!”, dijo, y corrió hasta allá y lanzó el dardo con fuerza.

Este voló por los aires, pero no cayó en el césped, sino que cayó sobre el nuevo auto de la tía Robilyn con un fuerte PLAF.

Un niño lanzando un dardo de jardín contra un auto

“¡Oh, no!”, gritó Noah.

Daniel recogió el dardo. El auto tenía una abolladura gigante en el lugar donde había caído el dardo.

Los niños se miraron unos a otros con temor y, sin decir nada, dejaron los dardos en el césped y entraron corriendo a la casa.

Más tarde, todos fueron a sus autos para regresar a casa y la tía de Daniel notó la abolladura de su auto. “¿Qué pasó?”, preguntó.

Daniel sintió que se le hacía un nudo en el estómago, pero no dijo nada; simplemente se subió al auto y agitó la mano para despedirse de sus primos.

En el viaje de regreso a casa, Daniel se sentó en silencio en el asiento de atrás y trató de leer su libro, pero no podía concentrarse. Se sentía mal por lo que había sucedido. Sabía que ser honesto era lo correcto, ¡pero decir la verdad sería terrible! Sus padres se enojarían con él, y también su tía.

Entonces Daniel pensó en su héroe favorito de las Escrituras. Daniel, del Antiguo Testamento, fue echado al foso de los leones por hacer lo correcto. Él fue valiente. Tal vez Daniel también podía ser valiente.

“Mamá”, dijo Daniel, “arrojé un dardo de jardín y cayó sobre el auto de la tía Robilyn y le hizo la abolladura. Fue culpa mía”.

La mamá lo miró por el espejo retrovisor. No estaba tan enojada como Daniel pensaba que estaría. “Gracias por decirme la verdad”, dijo.

Una mamá y un niño en un auto

Daniel respiró hondo. “¿Puedo llamar a la tía Robilyn cuando lleguemos a casa?”, preguntó. “Quiero pedirle perdón; y trabajaré mucho para ganar el dinero para pagar el arreglo del auto”.

La mamá sonrió. “Es una gran idea”.

Daniel ya no tenía el nudo en el estómago y sentía paz. Había sido lo suficientemente valiente como para decir la verdad. Gracias a Jesucristo, él podía arrepentirse y hacer lo correcto.

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Ilustraciones por Josh Talbot