Devocionales de 2025
La revelación


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La revelación

Élder Neil L. Andersen: Nuestro tercer tema es la revelación. Este es un tema que el presidente Oaks no solo lo ha mencionado, sino que lo ha vivido. Tal como lo mencioné antes, él ha dicho: “A lo largo de mi vida, mi maestro supremo ha sido la voz apacible y delicada y los sentimientos que el Espíritu del Señor comunica”.

En un poderoso discurso pronunciado en 1992, habló de una experiencia en la que su vida estuvo en peligro y en la que la guía del Espíritu Santo lo salvó a él y a un joven desconocido de una tragedia segura. Vivía en Chicago. Tarde, después de una reunión de la Iglesia, él y la hermana Oaks llevaron a casa a una hermana del barrio que vivía en una zona problemática de Chicago. Él acompañó a la hermana hasta a la entrada de su casa.

Cuando regresaba al auto, un joven salió de la nada con un arma en la mano y se la puso contra el estómago al élder Oaks. Le exigió dinero, con el arma todavía contra el estómago, y después de un tenso diálogo, el élder Oaks cuenta que un autobús se acercaba y que recibió la siguiente inspiración. Veamos.

Presidente Dallin H. Oaks (1992): Mientras esto sucedía a espaldas del ladrón y sin que él se diera cuenta, de repente se puso nervioso y algo distraído; había movido el arma hasta que ya no me apuntaba al estómago sino que estaba ligeramente hacia la izquierda. Yo ya tenía el brazo algo levantado y con un rápido movimiento podría quitarle el revólver, evitando tal vez que me hiriera; yo era más alto y más robusto que él, y en esa época de mi vida estaba en buen estado físico. Sabía que podía ganarle en una lucha rápida si lograba quitarle el revólver.

Precisamente en el momento en que pensaba llevar a cabo mi plan, tuve una experiencia única. No vi ni oí nada, pero supe algo. Supe lo que sucedería si conseguía asir el revólver: lucharíamos y yo daría vuelta el arma hasta que quedara apuntándole al pecho; el revólver se dispararía y él moriría. También supe que no debía tener la sangre de ese muchacho en mi conciencia por el resto de mi vida.

Me tranquilicé y, mientras el autobús partía, seguí el impulso de ponerle la mano derecha sobre el hombro y de darle una reprimenda June y yo teníamos varios hijos adolescentes y el dar reprimendas era algo natural.

“Jovencito”, le dije, “esto no está bien. Lo que estás haciendo no está bien. El próximo auto que aparezca puede ser de la policía y podrías perder la vida o terminar en la cárcel por esto”.

Poniéndome nuevamente el revólver contra el estómago, el joven ladrón respondió a mi reprimenda repitiendo sus demandas por tercera vez. Sin embargo, esa vez su tono había perdido fuerza. Cuando volvió a amenazarme con quitarme la vida, no sonaba muy convincente. AI negarme nuevamente a sus demandas, vaciló un momento, se metió el revólver en el bolsillo y salió corriendo. June abrió la puerta y partimos del lugar musitando una oración de agradecimiento.

El élder Neil L. Andersen con jóvenes adultos: Y acá tenemos a Joy, Lindsey, Nicole y Max. Estamos hablando de la revelación. Escucharon al presidente Oaks en esa experiencia. Él dijo: “No vi ni oí nada, pero supe algo”. ¿A alguno de ustedes les ha sucedido algo similar?

Nicole: Una cosa que me viene a la mente es la decisión de formar una familia. Creo que eso requirió mucha oración y mucho ayuno de mi parte. Quería traer hijos al mundo. No estaba exactamente segura de cómo iba a salir todo; solo recuerdo que le expresé mis deseos al Señor y le hice saber que quería tener hijos.

Era el deseo que tenía en el corazón. Y en repetidas ocasiones sentí mucha paz de Dios, sentí que Él vio mi corazón, que vio lo que estaba sintiendo, que reconoció mis deseos y que era un deseo noble.

Élder Neil L. Andersen: Olivia, ¿qué nos cuentas?

Olivia: Creo que los momentos de revelación que he recibido y que más atesoro en el corazón sucedieron en el templo, y estoy muy lejos de entender todo lo que pasa en la investidura. Creo que, más que una comprensión de todos los aspectos de la investidura, es una comprensión o sentimiento de que Jesucristo está en la ordenanza misma, que la plenitud de Su sacerdocio está allí y que es Él quien me santifica y me permite tener ese entendimiento.

Mi himno favorito es “Mi buen pastor es Jehová” y la última estrofa dice: “Mi hogar será Tu gran mansión, allí te alabaré”. Y sé que somos huéspedes en el templo pero realmente he llegado a comprender lo que se siente ser un niño en su hogar al sentarme en el templo y tratar de estar en comunión con Dios.

Élder Neil L. Andersen: Hermoso.

Notas

  1. “Acknowledgements”, en Dallin H. Oaks, Life’s Lessons Learned, Deseret Book, 2011

  2. Dallin H. Oaks, “Historias bíblicas y protección personal”, Liahona, enero de 1993