Devocionales de 2025
Palabras iniciales


22:37

Palabras iniciales

Eso fue notable, hermoso, asombroso. Y pienso en ello aquí mismo, con la hermosa imagen del Salvador, el Christus, y sé que Sus manos están extendidas hacia ustedes. Y gracias por esa hermosa expresión de amor por el Salvador. Muchas, muchas gracias.

Mis queridos hermanos y hermanas de todo el mundo, les expreso mi amor y les transmito el amor de la recientemente reorganizada Primera Presidencia de la Iglesia: el presidente Dallin H. Oaks, el presidente Henry B. Eyring y el presidente D. Todd Christofferson.

También les traigo el amor, por supuesto, de mi cuórum, el Cuórum de los Doce Apóstoles. Kathy y yo estamos muy agradecidos de estar aquí, en el centro de visitantes del Templo de Washington D. C., a la sombra de esta hermosa Casa del Señor.

Estoy muy feliz de estar con ustedes, nuestros maravillosos jóvenes adultos, tanto aquí como en todo el mundo. Los amamos. Estamos muy agradecidos por su devoción por Jesucristo y por ser Sus discípulos.

Oro fervientemente para que, durante la próxima hora, el Espíritu del Señor esté con nosotros y que nuestra fe en el Salvador y en Su Evangelio restaurado se fortalezca y se ratifique. Esta noche, hablaremos del profeta y del templo, y de cómo nos dirigen hacia nuestro Salvador, Jesucristo.

Pero primero, una expresión de amor hacia el presidente Oaks de parte de los jóvenes adultos que están lejos de aquí.

Jóvenes adultos del norte de Canadá: ¡Hola, presidente Oaks! Solo queríamos decirle que usted y la hermana Oaks están en nuestros pensamientos. Les enviamos nuestras oraciones y amor desde el norte de Canadá. ¡Adiós!

Grupo de jóvenes adultos de Ensign College: Presidente Oaks, estamos muy agradecidos por su ejemplo y sus enseñanzas. Estamos deseosos de aprender de usted.

Jóvenes adultos de Sudáfrica: ¡Hola desde Johannesburgo, Sudáfrica! ¡Lo amamos, presidente Oaks!

Jóvenes adultos de las Filipinas: ¡Saludos, presidente Oaks, desde las Filipinas! Estamos muy emocionados de aprender de sus mensajes.

Élder Neil L. Andersen: De todo el mundo. Quiero comenzar por contarles acerca de una experiencia sagrada que tuve hace solo unos días, el martes 14 de octubre.

Fue ese día que nos reunimos los catorce apóstoles ordenados, en ayuno y ferviente oración, para la bendición del Señor en la reorganización de la nueva Primera Presidencia. Es un momento que une el cielo y la tierra.

Cuán agradecido estoy por el poderoso e inolvidable testimonio y confirmación que recibimos cada uno de nosotros, de manera individual y conjunta. Con las manos de los trece Apóstoles sobre la cabeza del presidente Dallin H. Oaks, el presidente Jeffrey R. Holland apartó al Apóstol del Señor de mayor antigüedad como Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Les doy mi solemne y humilde testimonio de que él es el profeta del Señor en la tierra. Él conoce la voz del Señor. Él nos guiará en verdad y nos guiará hacia el Señor Jesucristo. En la medida en que estemos dispuestos, que seamos enseñables, nuestra mente y espíritu se expandirán y los poderes del cielo bendecirán nuestra vida.

Las llaves del sacerdocio de Dios se encuentran en su plenitud y el presidente Dallin H. Oaks posee la autoridad para ejercer esas llaves. Recordarán las palabras de Jesús a Pedro, Su Apóstol.

Él dijo: “A ti te daré las llaves del reino de los cielos, y todo lo que ates en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desates en la tierra será desatado en los cielos”.

El Señor dijo acerca del profeta José Smith: “Porque recibiréis su palabra con toda fe y paciencia como si viniera de mi propia boca”. Esas palabras también son ciertas para nuestro profeta, el presidente Dallin H. Oaks. Piensen en ello.

Durante cuarenta y un años en su sagrado llamamiento, el presidente Oaks ha dado testimonio en calidad de testigo especial del Señor Jesucristo. Veamos.

Presidente Dallin H. Oaks (1984): Esta conferencia semestral es la primera oportunidad que tengo de hablar a los miembros de la Iglesia y de expresar mi aceptación de mi llamamiento al Consejo de los Doce […]. Me dedicaré con todo mi corazón, alma, mente y fuerza a los importantes deberes que se me encomienden, especialmente a las responsabilidades de ser testigo especial del nombre de Jesucristo en todo el mundo.

Presidente Dallin H. Oaks (1987): Amamos al Señor Jesucristo. Él es el Mesías, nuestro Salvador y Redentor. Su nombre es el único nombre por el cual podemos ser salvos.

Presidente Dallin H. Oaks (1994): La fe en el Señor Jesucristo [nos] prepara para lo que la vida [nos] pueda deparar. Esta clase de fe [nos] prepara para encarar las oportunidades de la vida, para aprovechar aquellas que [nos] lleguen a [la] vida y perseverar a través de las desilusiones por aquellas que haya[mos] perdido.

Presidente Dallin H. Oaks (2000, “El Cristo Viviente”): Damos testimonio, en calidad de Sus apóstoles debidamente ordenados, de que Jesús es el Cristo Viviente, el inmortal Hijo de Dios. Él es el gran Rey Emanuel, que hoy está a la diestra de Su Padre. Él es la luz, la vida y la esperanza del mundo.

Presidente Dallin H. Oaks (2006): Testifico de Jesucristo, nuestro Salvador, que nos invita a todos venir a Él y a ser perfeccionados en Él. Jesús vendará nuestras heridas y sanará a los que se hallan con pesadas cargas.

Presidente Dallin H. Oaks (2013): Seguir a Cristo no es una práctica casual ni ocasional, sino una dedicación continua y una manera de vivir que debe guiarnos en todo tiempo y en todo lugar.

Presidente Dallin H. Oaks (2025): Testifico del Señor Jesucristo, quien es el Hijo Unigénito de Dios, nuestro Padre Eterno. Él nos invita a seguir la senda de los convenios que conduce a una reunión familiar celestial. Los poderes selladores del sacerdocio, dirigidos por las llaves restauradas en el Templo de Kirtland, unen a las familias por la eternidad. Actualmente se están ejerciendo en un número cada vez mayor de templos del Señor en todo el mundo. Esto es real. Ruego que seamos parte de ello.

Presidente Dallin H. Oaks (2025): Sé con absoluta certeza que esta es La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Testifico del Señor Jesucristo, quien dirige esta Iglesia, e invoco Sus bendiciones sobre todos nosotros al esforzarnos por servirle. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Élder Neil L. Andersen: Hoy queremos hablar sobre algunas de las poderosas enseñanzas que hemos recibido del presidente Oaks y deseamos pensar en cómo esas enseñanzas pueden bendecir nuestra vida. Y en este sagrado entorno del templo, también deseamos hablar de cómo la Casa del Señor brinda poder, paz y revelación es este momento tan importante en la vida de ustedes.

Kathy tuvo una experiencia, en ocasión del anuncio del templo de Washington D. C., que me gustaría que escucharan de boca de ella. Kathy.

Hermana Kathy Andersen: Este templo, el Templo de Washington D. C., es muy especial para mí. Cuando era niña, crecí en Florida, al sur de los Estados Unidos, y nuestro templo más cercano estaba a unos 3700 kilómetros, en Salt Lake City.

Cuando tenía cuatro años, mi familia viajó a Salt Lake City para que pudiéramos sellarnos como familia. Cuando tenía doce años, se anunció que se construiría el templo de Washington D. C. Estábamos muy emocionados de pensar que habría un templo a tan solo 1450 kilómetros de nosotros.

Recuerdo vívidamente un domingo en el que el obispo les pidió a todos los padres que se quedaran después de las reuniones para tener una reunión especial con él. Al ser una niña, me preguntaba, con algo de temor, creo, por qué el obispo quería reunirse con todos los padres.

Cuando salieron de la reunión, nos subimos al coche para ir a casa, y mis padres me dijeron: “El obispo nos ha pedido, y es un pedido de los líderes de la Iglesia, que donemos una suma significativa de dinero para construir el templo de Washington D. C.”.

Mi familia no tenía mucho dinero y parecía que la suma de dinero que les habían pedido dar era bastante grande. Pero mis padres dijeron: “Tendremos, como familia, que sacrificar algunas cosas para esto. Pero ¿se imaginan lo bendecidos que seremos al tener un templo a tan solo 1450 kilómetros de aquí?”. Este templo ocupa un lugar especial en mi corazón y en el de mi familia.

Élder Neil L. Andersen: Gracias. Hermoso. Gracias, Kathy.

El profeta y el templo nos dirigen al Salvador. En un mundo de conmoción, confusión y tantas distracciones, el profeta y el templo nos mantienen anclados a nuestro cimiento espiritual.

A medida que el mundo se aleja de sus amarras espirituales, el Señor envía un poder compensatorio a ustedes, Sus discípulos. Dos de las bendiciones compensatorias más grandes para los justos son las enseñanzas de los profetas y los dones de la Casa del Señor.

El presidente Dallin H. Oaks ha sido preservado, preparado y refinado a lo largo de más de nueve décadas. En la conferencia general, hace un mes, él habló de la enorme tristeza que sintió a los siete años cuando su padre falleció. Fue criado por una madre sola, profesora en la escuela pública local.

En su juventud, su mente y espíritu florecieron y fue aceptado en una de las universidades de Derecho más prestigiosas de los Estados Unidos, la Universidad de Chicago. Sobresalió de tal manera que el presidente del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, el juez Earl Warren, quien ocupaba el cargo judicial más alto de todo el país, seleccionó a Dallin Oaks, recién egresado de la facultad de Derecho, para que fuera su asistente y secretario.

Esto marcó el inicio de un camino que le presentaría a este joven de enorme inteligencia y capacidad enormes oportunidades en el mundo. El presidente Oaks no dejó que las muchas ofertas de prosperidad económica y reconocimiento del mundo lo desviaran del plan que el Señor tenía para él.

En cambio, él siguió aquellas silenciosas impresiones conforme el Señor lo iba guiando. Él ha dicho: “A lo largo de mi vida, mi maestro supremo ha sido la voz apacible y delicada y los sentimientos que el Espíritu del Señor comunica”. A los treinta y ocho años, fue nombrado rector de la Universidad Brigham Young.

De manera personal, el presidente Oaks y sus lecciones me han enseñado, instruido e influido durante más de cincuenta años. Mi primer contacto con el presidente Oaks se produjo cuando regresé de mi misión y él era el dinámico y visionario rector de BYU; era cálido y afable, y los estudiantes lo querían mucho.

Aquí tienen un corto video de un discurso que él pronunció el mismo año en que yo me gradué.

Presidente Dallin H. Oaks (1975): Durante el año, suelo visitar una de los comedores del campus, tomar una bandeja y disfrutar de mi almuerzo con algún grupo de sorprendidos estudiantes. Creo que es una de mis mejores oportunidades para averiguar qué ronda las mentes de nuestros estudiantes. Hace unos años, en otoño, me senté a la mesa de unos jóvenes de primer año en el Cannon Center. Sin presentarme, empecé a preguntarles acerca de sus experiencias y su opinión sobre BYU. Pronto, uno de los jóvenes, aparentemente un poco molesto por el interrogatorio de un desconocido, me dijo: “¿Trabaja usted aquí o algo así?”. Cuando le respondí que sí, fue él quien hizo algunas preguntas: “¿Qué hace usted?”. “Soy el rector”, le respondí. Haciendo caso omiso de los codazos de sus compañeros, insistió: “¿Rector de qué?”. Se lo expliqué y todos nos reímos un poco nerviosos. Luego añadió un comentario que nunca olvidaré. “Ah”, dijo, “voy a todos los actos universitarios y lo veo allá, pero está tan lejos que no le veo la cara”.

Cuando este joven de primer año hizo ese comentario, tomé la decisión de que algún día le ayudaría a los estudiantes a ver mi cara. Esa determinación se reforzó cuando le dije a un estudiante que con mi esposa y mis hijos habíamos acampado mucho, y que de hecho habíamos pasado la noche en carpa, durmiendo en el suelo, en veinticinco estados diferentes del país. Él estaba incrédulo. “¿De verdad hace eso?”, preguntó. “No me imagino a un rector haciendo ese tipo de cosas”.

De nuevo se me recordó que el aura y la lejanía de mi cargo eran tan grandes que mi familia y yo no éramos personas reales para la mayoría. Incluso mis hijos sintieron la distancia después de que me vieron sentado en el estrado durante una de mis charlas. Una de mis dos hijas mayores me dijo: “Papá, te veías muy enfadado y gruñón. Si no te conociéramos, habríamos pensado que estabas enojado”. Esto me recordó que solo mis allegados más cercanos me habían oído reír o sabían que era de buen humor aun en medio de circunstancias muy estresantes. Yo quería cambiar eso porque soy un profesor y no es sabio que los profesores estén tan distantes que los demás no los vean como a una persona real. Es importante que vean mi cara, tanto como yo trato de ver la de ustedes.

Élder Neil L. Andersen: Durante mi tiempo en BYU, por una serie de eventos, tuve la oportunidad, en ocasiones, de interactuar personalmente con él. Experimenté su fe y su sentido de la justicia, su consideración y su interés por las personas. Asistía, según le era posible, a las celebraciones de bodas de muchos estudiantes de la universidad.

Acá está con la hermana June Oaks en nuestra boda. Curiosamente, esto fue solo unas semanas antes de que naciera la sexta de los hijos de la familia Oaks, la reconocida violinista Jenny Oaks Baker.

Al dejar BYU, aprendí de sus discursos y enseñanzas. Sin embargo, dieciséis años después, en 1991, en calidad de miembro del Cuórum de los Doce, su asignación lo llevó a Burdeos, Francia, donde yo prestaba servicio como presidente de misión.

En mis treinta y dos años como Autoridad General, yo, al igual que mis hermanos en el Cuórum, he sido bendecido por su disposición a enseñarme, a escucharme y a compartir su notable sabiduría conmigo. Esta es una foto del presidente y la hermana Kristen Oaks con Kathy y conmigo en Latinoamérica, hace algunos años.

En los noventa y tres años de vida del presidente Oaks, ha logrado enormes éxitos, así como momentos de tristeza y decepción. Lo conocía cuando yo estaba en los Setenta y él estaba en los Doce, cuando su esposa, la hermana June Oaks, falleció hace veintisiete años. Presencié su dolor y sufrimiento en los meses siguientes. Para honrar a su amada June, escribió un extraordinario libro sobre la vida de ella, el amor que él le tenía y las reflexiones sobre ella que quería compartir con su familia.

No fue sino hasta dos años después que abrió su corazón roto y conoció a la hermana Kristen McMain. Ella ha traído un enorme amor y felicidad a su vida durante los últimos veinticinco años. Kathy, ¿podrías decir algo sobre la extraordinaria hermana Kristen Oaks?

Hermana Kathy Andersen: Me encantaría decir algo acerca de la hermana Oaks. Amo a la hermana Kristen Oaks, y si aún no la conocen, también ustedes la van a amar. Mi esposo regresó a casa hace un par de días y me dijo: “¿Viste el video del presidente y la hermana Oaks?”.

Y él —no sé si me dijiste si lo habías visto o no—, pero le dije: “Bueno, es increíble, y a los jóvenes adultos les va a encantar”. Y él dijo: “Bueno, probablemente todos los jóvenes adultos ya lo hayan visto”.

Le dije: “No importa. Les encantará volver a verlo porque a mí me encanta mirarlo todos los días. Es muy hermoso”. Y él estuvo de acuerdo.

Presidente Dallin H. Oaks: ¿Los incitaste a hacer esto?

Hermana Kristen Oaks: Yo no los incité.

Presidente Dallin H. Oaks: En tu cumpleaños, quiero agradecerte por hacerme feliz, por hacerme un mejor hombre y un líder de la Iglesia mejor informado; y un abuelo, bisabuelo y tatarabuelo más eficaz. Tenemos veintinueve nietos, setenta y cinco bisnietos y dos (que pronto serán tres) tataranietos. Esta es una mujer que, con veintiocho años, preside una gran población.

Hermana Kristen Oaks: Para mí es un privilegio. Creo que lo más maravilloso para mí es tener una familia, tener una familia unida y ser tu esposa.

Presidente Dallin H. Oaks: Gracias.

Hermana Kristen Oaks: Yo siempre le digo que es mi persona favorita en el mundo.

Presidente Dallin H. Oaks: Y ella es la mía.

Hermana Kathy Andersen: ¿No les encanta esto? ¿No es muy hermoso? La hermana Kristen Oaks es una devota discípula de Jesucristo. Su vida está llena de fe y amor. Tiene un corazón muy tierno y creo que ella es realmente un dulce ángel en la tierra.

Élder Neil L. Andersen: Cuán agradecido estoy de que el Señor haya preservado a Dallin Harris Oaks durante estas muchas décadas, enseñándole, guiándolo y preparándolo para estos últimos años de su vida.

A temprana edad, decidió que su lema personal sería: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.

Esto lo ha hecho sin prestar atención a la fama o la fortuna del mundo. El Señor ha moldeado su corazón y, al servir como profeta de Dios sobre la tierra, lo usará a él para ayudar a moldear a cada uno de nosotros.

Para que se den una idea de quién es nuestro profeta, esta fascinante pintura ha colgado de su oficina por más de cuarenta años. Se titula Forgotten man [Hombre olvidado].

La pintura muestra a un hombre abatido, sentado en el borde de una acera. Detrás de él, el mundo pasa de largo, sin prestarle ninguna atención.

El presidente Oaks ama a cada hijo de Dios y esta pintura le ha recordado que él debe tender la mano a quienes se sientan solos, quienes estén abatidos, quienes necesiten conocer su propio valor y el amor de su Padre Celestial.

El presidente Oaks ha señalado que aunque el hombre de la pintura se siente olvidado, el sol brilla sobre su cabeza, lo que significa que su Padre Celestial conoce sus dificultades. El presidente Oaks ha dicho que la pintura tiene un significado especial para él y le recuerda cosas que debe tener presentes. Amo el corazón del presidente Dallin H. Oaks.

Con nuestros jóvenes adultos aquí en Washington D. C., hablamos de tres temas importantes que el presidente Oaks ha tratado con frecuencia. Pero primero, recibamos otra expresión de amor al presidente Oaks por parte de jóvenes adultos de todo el mundo.

Grupo de jóvenes adultos de Hawái: ¡Aloha, presidente y hermana Oaks! Estamos muy agradecidos por el ejemplo que ambos nos dan a nosotros y a la Iglesia. Los amamos y los sostenemos.

Grupo de jóvenes adultos de Ogden, Utah: ¡Hola, desde Ogden, Utah! Presidente Oaks, estamos muy agradecidos por su consejo, especialmente por decir que la exaltación es un asunto familiar. Lo amamos y lo sostenemos.

Jóvenes adultos de Roma, Italia: ¡Hola, presidente Oaks! Le enviamos nuestro amor desde Roma, Italia. Nos encantan sus enseñanzas sobre la familia eterna y estamos deseosos de verlo aquí, en la Ciudad Eterna. ¡Adiós! ¡Los amamos!

Élder Neil L. Andersen: Nuestros temas de hoy son, en primer lugar, defender la verdad; segundo, la familia, el matrimonio y los hijos; y tercero, la revelación.

Notas

  1. Mateo 16:19

  2. Doctrina y Convenios 21:5

  3. Dallin H. Oaks, “¿Por qué servimos?”, Liahona, enero de 1985

  4. Dallin H. Oaks, “La Luz y la Vida del mundo”, Liahona, enero de 1988

  5. Dallin H. Oaks, “Fe en el Señor Jesucristo”, Liahona, julio de 1994

  6. “El Cristo Viviente: El Testimonio de los Apóstoles”, Biblioteca del Evangelio

  7. Dallin H. Oaks, “Él sana a los que están cargados”, Liahona, noviembre de 2006

  8. Dallin H. Oaks, “Seguir a Cristo”, Liahona, noviembre de 2024

  9. Dallin H. Oaks, “El Evangelio de Jesucristo centrado en la familia”, Liahona, noviembre de 2025

  10. “Special Announcement: The New First Presidency of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints”, en “Dallin H. Oaks Named 18th President of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints”, 14 de octubre de 2025, newsroom.ChurchofJesusChrist.org

  11. Dallin H. Oaks, “The Student Body and the President”, devocional de la Universidad Brigham Young, 9 de septiembre de 1975, speeches.byu.edu

  12. Mateo 6:33