Transmisiones anuales
El poder está en ellos


24:7

El poder está en ellos

Transmisión de la capacitación anual de SeI de 2025

Jueves 23 de enero de 2025

Introducción

¡Qué gran mensaje del hermano Webb! Es un momento muy emocionante en Seminarios e Institutos. Tenemos los nuevos cursos de estudio de Preparación para la vida. Tenemos la iniciativa Innovar de Instituto. Cada vez hay más alumnos participando en Seminario e Instituto. Y pienso que todo lo que estamos haciendo está ayudando a que las experiencias de las clases y los alumnos sean maravillosas. Pero estoy de acuerdo con el hermano Webb; hay una medida adicional de fortaleza que proviene de los convenios. Y cuando la gente joven —los jóvenes y los jóvenes adultos— inician, hacen y renuevan convenios, hay una fortaleza en nuestra labor que intensifica todo lo que hacemos.

Me gustaría hablar hoy un poco acerca de profundizar el aprendizaje en las clases. Como Autoridad General, periódicamente llevo a cabo lo que llamamos giras misionales, donde revisamos el progreso de una misión, observamos a los líderes de la misión y evaluamos las costumbres y el espíritu de los misioneros.

En una de esas visitas, viví un momento conmovedor al observar el consejo de líderes de la misión, que estaba compuesto por misioneros con asignaciones de liderazgo de toda la misión. Todos estos jóvenes líderes eran fieles, pero estaban teniendo dificultades respecto a si debían hacer participar a algunos misioneros con menos experiencia en las responsabilidades que el presidente de misión había dado a toda la misión. Uno de ellos expresó la preocupación específica de que a los otros misioneros no se les podían confiar estas expectativas tan altas. Él no estaba seguro de que fueran lo suficientemente capaces de realizar la tarea y de que tuvieran la madurez espiritual para responder eficientemente. Para otros, el hacer participar a los misioneros con menos experiencia les parecía demasiado trabajo y se preguntaban si no sería más eficiente para el grupo de líderes asumir la responsabilidad ellos mismos.

Tuve que sonreír al mirar a estos jóvenes misioneros que, en un sentido más amplio de experiencia en la Iglesia, no tenían mucha más madurez que los otros que tanto les preocupaban. Entonces pedí al grupo de líderes que reflexionaran sobre la oportunidad que el Padre Celestial da a todos Sus hijos de actuar, crecer y recibir responsabilidades en el Evangelio. Reconocí que, desde su punto de vista, probablemente parecía que había una gran diferencia entre su experiencia y capacidades en comparación con el resto de la misión. Luego les pedí que pensaran en cómo se vería desde el punto de observación privilegiado de Dios cuando Él mira hacia abajo a todos nosotros.

La diferencia entre los líderes de la misión y el resto de los misioneros podría parecer inexistente al compararse con el estado elevado desde el que Dios nos ve a todos nosotros. Y, sin embargo, Él delega constantemente responsabilidades significativas y nos hace participar a muchos como obispos, presidentas de Sociedad de Socorro, presidentes de cuórum de élderes y, sí, líderes de zona y de capacitación de hermanas.

En Doctrina y Convenios leemos: “De cierto digo que los hombres deben estar anhelosamente consagrados a una causa buena, y hacer muchas cosas de su propia voluntad y efectuar mucha justicia; porque el poder está en ellos, y en esto vienen a ser sus propios agentes. Y en tanto que los hombres hagan lo bueno, de ninguna manera perderán su recompensa”.

Hoy me gustaría hablar de la confianza que necesitan los maestros para permitir a sus alumnos que utilicen su albedrío para profundizar el aprendizaje y la conversión personal. Voy a basarme mucho en el manual Enseñar a la manera del Salvador, en la sección titulada “Fomentar el aprendizaje diligente”.

En Éter, capítulo 3, el hermano de Jared rogó al Señor: “Toca estas piedras con tu dedo, oh Señor, y disponlas para que brillen en la obscuridad […] para que tengamos luz mientras atravesemos el mar”. Muchas veces he leído esta historia y esta conversación como un acto de iniciativa y albedrío por parte del hermano de Jared, lo cual lo era. Pero hasta hace poco, yo no había reconocido lo que el Señor hizo al invitar al hermano de Jared a que asumiera la responsabilidad en primer lugar. Antes de que este profeta del Libro de Mormón reconociera que las piedras tenían el potencial para iluminar, fue el Señor quien lo invitó a asumir la responsabilidad, no solo de la construcción de los barcos, sino también de encontrar una posible solución para iluminarlos.

Antes de que el hermano de Jared propusiera una solución, fue el Señor quien le preguntó lo siguiente: “¿Qué deseas que prepare para vosotros, a fin de que tengáis luz cuando seáis sumergidos en las profundidades del mar?”. Ahí estaba, justo delante de mí. Nunca lo había visto, pero antes de que el hermano de Jared hiciera lo que tanto admiramos, se le invitó a actuar, a hacerse responsable de la solución. Sí, el hermano de Jared tomó la iniciativa, pero el Maestro de maestros había aumentado la oportunidad y probabilidad de que esto sucediera al invitarlo a pensar, actuar y encontrar una solución.

En Enseñar a la manera del Salvador, leemos: “Tuvo que haber sido impresionante ver al Salvador caminar sobre el agua, pero para Pedro eso no fue suficiente; él quería hacer lo que el Salvador hacía, estar donde Él estaba y experimentar aquello por sí mismo”. En otras palabras, el Salvador fomentó el aprendizaje diligente de Sus discípulos, al igual que lo hace con todos nosotros.

Hoy voy a basarme en tres formas de fomentar un aprendizaje diligente según se describe en Enseñar a la manera del Salvador. Primero, “invitar a los alumnos a prepararse para aprender”. Segundo, “animar a los alumnos a compartir las verdades que están aprendiendo”. Y tercero, “invitar a los alumnos a vivir lo que están aprendiendo”.

Al analizar cada uno de estos aspectos para fomentar el aprendizaje diligente, espero que podamos hacer dos cosas: primero, espero que podamos ver a nuestros alumnos de la forma que Dios los ve, reconociendo que el poder está en ellos y que, desde el punto de vista de Dios, todos somos capaces de aprender cuando se nos dan oportunidades iguales de actuar y usar nuestro albedrío. Segundo, espero que ustedes reflexionen sobre las maneras en que pueden fomentar el aprendizaje diligente, áreas en las que pueden mejorar. Y ruego que el Espíritu los ayude a ver esas oportunidades en su propia enseñanza.

En Predicad Mi Evangelio leemos: “Aprender de un buen maestro es importante, pero también es importante que usted tenga experiencias significativas de aprendizaje mediante su propio estudio de las Escrituras”. Una de las formas en que fomentamos que los alumnos se preparen para aprender es invitarlos a estudiar las Escrituras. Debemos ayudarlos a depender menos de las clases para su edificación personal a medida que aprenden a desarrollar una relación personal y directa con el Señor a través de las Escrituras. Más allá de nuestra invitación general de asistir a Seminario o Instituto, invitamos a cada alumno a leer las Escrituras y otros mensajes proféticos. Esto es más eficaz cuando se produce antes de un análisis en clase, porque la preparación profundiza el aprendizaje y mejora el análisis en persona o en línea.

Hay muchas maneras de ayudar a los alumnos a prepararse para aprender. Una forma en que yo lo hago es terminar cada lección con un recordatorio de la lectura de la siguiente clase. Cuando estoy en un salón de clases, a menudo hago esto poniendo la asignación de lectura en la esquina superior derecha de la pizarra y hago referencia a ella al finalizar. Por supuesto, cuando se está en línea, esto se puede hacer mediante programación en el mismo diseño del curso. Otras formas de fomentar el estudio de las Escrituras antes de la clase podría ser enviar recordatorios por correo electrónico o mensajes de texto antes del análisis en clase. También se puede reforzar el estudio futuro de las Escrituras al reconocer la preparación que han hecho los alumnos cuando ustedes piden a alguien que comparta algo que haya aprendido de su lectura o una pregunta que esperan que se les responda al venir a clase esa noche.

Más allá del estudio de las Escrituras, hay otras formas de invitar a los alumnos a prepararse para aprender. He visto maestros eficaces que envían preguntas a sus alumnos para que mediten antes del análisis en clase. Otro recurso eficaz para prepararlos es invitar selectivamente a algunos alumnos a prepararse antes de clase para enseñar alguno de los conceptos de la lección o compartir una experiencia que pueda profundizar el aprendizaje de los demás. Estos esfuerzos implican mayor dedicación por parte del maestro, y normalmente requieren que ustedes sepan mucho más sobre las necesidades y las experiencias de sus alumnos, pero marcan una diferencia enorme en profundizar las experiencias de aprendizaje de toda la clase.

Siempre me doy cuenta cuando los maestros han invitado a los alumnos a prepararse de antemano porque esas invitaciones traen como resultado esfuerzo por parte de los alumnos y el análisis es más profundo, más significativo y tiene una porción completa del Espíritu. Consideren cómo pueden invitar a los alumnos a prepararse para aprender antes de los análisis o actividades de la clase.

El aprendizaje profundo requiere más que escuchar pasivamente. Necesitamos que los alumnos den un paso hacia delante y sean participativos. Una de las formas en que esto ocurre es cuando se permite a los alumnos compartir con otros lo que están aprendiendo. Si saben que se espera que compartan lo que se está enseñando, se preparan de manera diferente. Esta expectativa también ayuda a escuchar de manera diferente y más activamente. Por supuesto, el solo hecho de expresar lo que han aprendido profundiza esos pensamientos y clarifica lo que los alumnos aprenden y experimentan.

En Doctrina y Convenios, se nos exhorta: “Nombrad de entre vosotros a un maestro; y no tomen todos la palabra al mismo tiempo, sino hable uno a la vez y escuchen todos lo que él dijere, para que cuando todos hayan hablado, todos sean edificados de todos y cada hombre tenga igual privilegio”.

Por supuesto, el maestro asignado normalmente tiene más experiencia y debería haber estudiado el material con más profundidad que la mayoría de los alumnos. Pero ¿recuerdan la experiencia que compartí al comienzo de mi mensaje acerca de los misioneros que no confiaban en que otros pudieran hacerse responsables de su propio desarrollo? Cuando el maestro controla la experiencia de aprendizaje, puede tener la sensación de que es un maestro eficaz porque su mensaje es convincente y coherente con sus propios sentimientos. Sin embargo, al no incluir a los alumnos, seguramente no sabe hasta qué punto la enseñanza está impactando el aprendizaje de ellos. Además, una única fuente de instrucción a menudo priva a otros alumnos de las mismas oportunidades profundas para compartir lo que están aprendiendo.

Hay muchas formas de invitar a los alumnos a compartir lo que aprenden. Una de las más sencillas es darles tiempo para reflexionar. Esto puede darse mediante un diario de aprendizaje o incluso una actividad para reflexionar como parte de un análisis. También se puede hacer al presentar una parábola, una situación o una aplicación personal, y luego permitir que los alumnos reflexionen escribiendo antes de compartir con otros.

Otra forma de que todos reciban igual privilegio en la experiencia de aprendizaje es hacer un análisis con preguntas que inviten a los alumnos a pensar y expresar sus ideas. Yo solía decir que, si tenía tres buenas preguntas, con eso podía enseñar una clase de una hora. Cuando preparo mis clases, primero formulo preguntas al centrarme en el tema y los objetivos de aprendizaje de la lección. Decido qué pasajes de las Escrituras, declaraciones proféticas o experiencia personal apuntan mejor hacia esos objetivos de aprendizaje, luego escribo y reescribo más de diez versiones diferentes de preguntas que siento que pueden ayudar a los alumnos a descubrir verdades sobre esos objetivos de aprendizaje. Algunas de las preguntas que escribo son más profundas que otras, pero otras son eficaces a la hora de profundizar las preguntas del tema principal.

También hay formas en que pueden hacer sus preguntas y entornos de análisis más eficaces. Tener uno o dos alumnos que controlen el análisis no es diferente a tener al maestro controlando la clase. Cuando hago preguntas a un grupo, a menudo espero un poco después de hacer la pregunta antes de pedir a los alumnos que respondan. Esto puede ser incómodo para un maestro que quiere respuestas inmediatas, pero dar lugar a ese momento de pausa produce al menos dos cosas. Primero, da a los alumnos tiempo para reflexionar. Segundo, proporciona al maestro tiempo adicional para aumentar el grupo de personas que participan en el análisis. Recuerden que no tienen que elegir a quien levanta primero la mano. También he descubierto que preguntar a los alumnos con anticipación lo que les va a preguntar en clase les ayuda a prepararse, y puede ser particularmente eficaz para los alumnos que son tímidos o que piensan que sus comentarios podrían no ser valorados. Recuerden también que fomentar la participación requiere que los alumnos sientan que el entorno de aprendizaje es seguro en todo sentido. Utilizar el comentario de un alumno o incluso enviarle una nota después son formas de reforzar la participación y ayudar a los alumnos a sentir que su participación se ha valorado.

Por último, incluso el mejor de los análisis en grupo podría no permitir que todos o incluso la mayoría de los alumnos participen en un lapso de tiempo limitado. A menudo utilizo una de mis preguntas principales y pido a los alumnos que trabajen en parejas o pequeños grupos para asegurarme de que todos tengan al menos una oportunidad de compartir las verdades que están aprendiendo. Cuando animamos a los alumnos a compartir las verdades que están aprendiendo, los invitamos a que se hagan responsables de su aprendizaje.

Nefi enseña que el poder del albedrío está en que nos permite actuar por nosotros mismos y no que se actúe sobre nosotros. ¿Permiten nuestras clases que los alumnos actúen y se hagan responsables de su aprendizaje, o son entornos pasivos en los que simplemente se actúa sobre ellos mientras escuchan en silencio? Si alguien visitara su clase esta semana, ¿vería que los alumnos tienen oportunidades para participar en el proceso de aprendizaje? Es difícil fomentar el aprendizaje diligente si no permitimos que los alumnos compartan sus propios puntos de vista, inspiración y analicen las verdades. Animen a los alumnos a compartir las verdades que están aprendiendo y hagan que eso sea parte de la experiencia en la clase.

El élder David A. Bednar enseñó: “La invitación a actuar es importante porque la fe en el Salvador es un principio de acción y de poder. Como siervo del Señor, mi función no es solo difundir información. Si las personas han de aumentar su fe en Jesucristo, deben actuar de acuerdo con las enseñanzas del Salvador”.

El propósito de la enseñanza religiosa en el Sistema Educativo de la Iglesia es “enseñar el Evangelio restaurado de Jesucristo de maneras que ayuden a cada alumno a convertirse en discípulo de Jesucristo para toda la vida, que haga y guarde los convenios, que ame a Dios y a otros y que sea capaz, desee y esté comprometido a congregar a Israel a ambos lados del velo”. Ese tipo de discipulado no se produce a menos que nuestra enseñanza incluya invitaciones a convertirse en algo mejor y vivir lo aprendido.

El siguiente pasaje está sacado directamente de Enseñar a la manera del Salvador: “‘Así alumbre vuestra luz delante de los hombres’, ‘amad a vuestros enemigos’, ‘pedid, y se os dará’, ‘entrad por la puerta estrecha’ [Mateo 5:16, 44; 7:7, 13]. Algunas de las invitaciones más vívidas y memorables de todo el ministerio terrenal del Salvador se pronunciaron cuando enseñó a Sus discípulos en la ladera de una montaña con vistas al mar de Galilea. El propósito del Salvador era cambiar vidas, como expresó en Su última invitación: ‘A cualquiera […] que me oye estas palabras y las hace, le compararé a un hombre prudente que edificó su casa sobre la roca’ [véase Mateo 7:24; cursiva agregada]”. Invite a los alumnos de su clase a que vivan lo que aprenden.

Como preparación para mi mensaje les he pedido a cada uno de ustedes que se preparen mediante el estudio de la sección “Fomentar el aprendizaje diligente” de Enseñar a la manera del Salvador. Dado que no estamos juntos en persona y algunos de ustedes pueden estar viendo esto de forma individual, los animo a que compartan sus impresiones a las siguientes preguntas con sus grupos en funciones que estén reunidos en persona o en línea, y a los líderes en funciones que hagan de facilitadores. Las preguntas son:

  • ¿Por qué el aprendizaje del Evangelio es más eficaz cuando este incluye acción personal, preparación, compartir y responder a invitaciones personales?

  • ¿Qué declaraciones proféticas y de las Escrituras confirman lo que han observado sobre la pregunta anterior?

  • ¿Con qué parte de estas declaraciones se sienten identificados personalmente?

Por último, piensen en cada uno de los principios que hemos revisado y cómo pueden fomentar el aprendizaje diligente en sus alumnos: primero, invitar a los alumnos a prepararse para aprender; segundo, animar a los alumnos a compartir las verdades que están aprendiendo; y tercero, invitar a los alumnos a vivir lo que están aprendiendo.

Mi última invitación es la de considerar cómo podrían fortalecer su enseñanza en cada una de estas tres áreas:

  • ¿Cómo puedo de manera más constante y eficaz invitar a mis alumnos a prepararse antes de una experiencia de aprendizaje?

  • ¿De qué maneras puedo animar a mis alumnos a compartir lo que están aprendiendo y a ser participantes activos en mi clase?

  • Por último, ¿qué invitaciones fortalecerán a mis alumnos y los ayudarán a vivir lo que están aprendiendo?

Hermanos y hermanas, los amamos muchísimo y tenemos la oportunidad de seguir el patrón del Salvador para fomentar el aprendizaje diligente. Confíen en los alumnos. Esa es la única manera en que llegarán a ser quienes el Señor necesita que lleguen a ser. No estamos difundiendo información, ni simplemente inspirando a nuestros alumnos con una personalidad dinámica y con lecciones interesantes. Estamos preparando a los alumnos para que sobrevivan espiritualmente en una época cada vez más difícil. La supervivencia espiritual dependerá de la capacidad para reconocer la guía del Espíritu Santo.

El presidente Russell M. Nelson ha enseñado: “En los días futuros, no será posible sobrevivir espiritualmente sin la influencia guiadora, orientadora, consoladora y constante del Espíritu Santo”.

Cuando enseñamos a los alumnos a aprender diligentemente al convertirse en participantes activos, también les enseñamos cómo buscar y recibir guía del Espíritu Santo. Esas son las habilidades que los bendecirán mucho después de que hayan dejado nuestras clases. A medida que se esfuercen por fomentar este aprendizaje diligente, les prometo que verán milagros en la vida de sus alumnos. El poder está en ellos, de esto testifico en el nombre de Jesucristo. Amén.