Ven, sígueme
Ideas a tener presentes: El convenio


“Ideas a tener presentes: El convenio”, Ven, sígueme — Para el hogar y la Iglesia: Antiguo Testamento 2026 (2026)

“El convenio”, Ven, sígueme: 2026

Ícono de ideas

Ideas a tener presentes

El convenio

A lo largo de todo el Antiguo Testamento, a menudo leerás la palabra convenio. Hoy en día, por lo general, vemos los convenios como promesas sagradas con Dios, pero en el mundo antiguo los convenios también eran una parte importante de las interacciones de las personas entre sí. Para su seguridad y supervivencia, las personas necesitaban poder confiar la una en la otra, y los convenios eran una forma de garantizar dicha confianza.

De modo que, cuando Dios hablaba a Enoc, a Noé, a Moisés y a otras personas en cuanto a los convenios, los estaba invitando a entablar una relación de confianza con Él. Llamamos a dicho convenio el nuevo y sempiterno convenio, o el convenio abrahámico, que es una referencia al convenio que Dios hizo con Abraham y Sara, y que luego renovó con sus descendientes Isaac y Jacob (también llamado Israel). En el Antiguo Testamento, se lo conocía simplemente como “el convenio”. Notarás que el Antiguo Testamento es, en esencia, la historia de las personas que se veían a sí mismas como las herederas de ese convenio: el pueblo del convenio.

El convenio de Abraham sigue siendo importante en la actualidad, en especial para los Santos de los Últimos Días. ¿Por qué? Porque nosotros también somos el pueblo del convenio, ya sea que seamos descendientes directos de Abraham, Isaac y Jacob, o no. Por ese motivo, es importante entender qué es el convenio de Abraham y cómo se aplica a nosotros hoy en día.

¿Qué es el convenio de Abraham?

Abraham quería “ser un seguidor más fiel de la rectitud” (Abraham 1:2), por lo que Dios lo invitó a entablar una relación por convenio con Él. Abraham no fue el primero en tener ese deseo, ni fue el primero en recibir convenios. Después de todo, se trataba de un convenio sempiterno. Abraham buscó “las bendiciones de los padres” (Abraham 1:2): las bendiciones que se ofrecieron por convenio a Adán y a Eva, y de allí en más, a quienes procuraran dichas bendiciones diligentemente.

El convenio de Dios con Abraham prometía magníficas bendiciones: ciertas tierras por herencia, una gran posteridad, el acceso a las ordenanzas del sacerdocio y un nombre que las generaciones venideras honrarían. Sin embargo, la esencia de tal convenio no se centraba solo en las bendiciones que Abraham y su familia recibirían, sino también en la bendición que ellos serían para el resto de los hijos de Dios. Dios declaró: “Serás una bendición […] y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Génesis 12:2–3).

¿Ponía el convenio a Abraham, a Sara y a sus descendientes en una situación privilegiada entre los hijos de Dios? Solo en el sentido de que el bendecir a los demás es un privilegio. La familia de Abraham debía “llev[ar] este ministerio y sacerdocio a todas las naciones” y compartir “las bendiciones del evangelio, que son las bendiciones de salvación, sí, de vida eterna” (Abraham 2:9, 11). Ser el pueblo del convenio de Dios no significaba que fueran mejores que los demás; sino que tenían el deber de ayudar a los demás a ser mejores.

Ese convenio era la bendición que Abraham anhelaba. Tras recibirlo, Abraham dijo en su corazón: “Tu siervo te buscó diligentemente; ahora te he hallado” (Abraham 2:12).

Aquello fue hace miles de años, pero el convenio se ha restaurado en nuestros días, y actualmente se está cumpliendo en la vida del pueblo de Dios. El cumplimiento del convenio genera impulso en los últimos días conforme la obra de Dios progresa, bendiciendo a las familias en todo el mundo; y cualquiera que, al igual que Abraham, quiera ser un seguidor más fiel de la rectitud, cualquiera que busque al Señor con sinceridad, puede ser parte de dicho cumplimiento.

Una familia frente a un templo

¿Qué significa el convenio de Abraham para mí?

Tú eres hijo o hija del convenio. Conciertas un convenio con Dios cuando eres bautizado y cuando tomas la Santa Cena, y recibes la plenitud del convenio con las sagradas ordenanzas del templo.

Mediante esos convenios y ordenanzas, llegamos a ser el pueblo de Dios. Estamos ligados en unión a Él “con lazos sempiternos”. “Cuando hacemos un convenio con Dios”, enseñó el presidente Russell M. Nelson, “abandonamos el terreno neutral para siempre. Dios no abandonará Su relación con aquellos que han forjado tal vínculo con Él. De hecho, todos los que han hecho convenio con Dios tienen acceso a un tipo especial de amor y misericordia […]. Debido a nuestro convenio con Dios, Él jamás cejará en Sus esfuerzos por ayudarnos, y nunca agotaremos Su misericordiosa paciencia para con nosotros”. Verás esto en la historia del pueblo del convenio de Dios en el Antiguo Testamento, y lo verás en tu propia vida como uno de Sus hijos del convenio.

Jesús de pie sobre el agua con la mano extendida

Be Not Afraid [No temáis], por Dan Wilson

Ese es el preciado conocimiento que se nos ha concedido gracias a la restauración del convenio de Abraham mediante el profeta José Smith. De modo que, cuando leas en cuanto a convenios en el Antiguo Testamento, no te limites a pensar solamente en la relación de Dios con Abraham, Isaac y Jacob; piensa también en la relación de Él contigo. Cuando leas acerca de la promesa de una posteridad innumerable, no pienses solo en los millones de personas que hoy en día consideran que Abraham es su padre; piensa también en la promesa que Dios te hace en cuanto a familias eternas y aumento eterno. Cuando leas sobre la promesa de tierras por herencia, no pienses solo en la tierra prometida a Abraham; piensa también en el destino celestial de la tierra misma: una herencia prometida a los “mansos” que “esperan en Jehová” (Mateo 5:5; Salmo 37:9, 11). Y cuando leas acerca de la promesa de que el pueblo del convenio de Dios bendecirá a “todas las familias de la tierra” (Abraham 2:11), no pienses solo en el ministerio de Abraham o de los profetas que descendieron de él; piensa también en lo que tú puedes hacer, como discípulo de Jesucristo por convenio, a fin de ser una bendición para las familias que te rodean.