2025
¡Mírenme!
Para la Fortaleza de la Juventud, junio de 2025


¡Mírenme!

Un hijo de Dios

Ayuda a los demás a ver tu verdadero yo.

ojos de personas

Una vez dije a un grupo de alumnos: “¡Mírenme!”. Me di cuenta de que, cuando dije eso, todos me miraron a los ojos. No miraron mis zapatos, mi traje ni mi corbata; no me miraron el pelo ni las manos: me miraron a los ojos. Mis ojos son como ventanas donde vive el verdadero “yo”.

En Para la Fortaleza de la Juventud: Una guía para tomar decisiones, se nos enseña que nuestro cuerpo es sagrado y que debemos “tratar[lo] […], y el cuerpo de otras personas, con respeto”. Leemos: “Al tomar decisiones en cuanto a tu ropa, peinado y apariencia, pregúntate: ‘¿Estoy honrando mi cuerpo como un don sagrado de Dios?’. El Padre Celestial desea que nos veamos unos a otros por lo que realmente somos: no solo como cuerpos físicos, sino como Sus amados hijos e hijas con un destino divino. Evita los estilos que destaquen o llamen la atención de una forma inapropiada hacia tu cuerpo físico en lugar de lo que eres como hijo o hija de Dios”.

Cuando serví como presidente de misión, a menudo les recordaba ese principio a los misioneros, ya que muchas personas se vestían de manera inmodesta. “Miren a los ojos”, les decía a los misioneros. “Vean a la persona. No vean solamente un cuerpo. Vean a un hijo de Dios”.

Cuando mires a los demás, trata de verlos a ellos. No los juzgues por su ropa (o la ausencia de ropa) ni por su peinado. Míralos a los ojos. Ve más allá de la apariencia externa para ver quiénes son en realidad: hijos de Dios.

Siguiendo esta línea de razonamiento, puedes optar por vestirte y presentarte de una manera que no te distraiga de tu verdadera identidad como hijo de Dios. Puedes hacer que sea lo más fácil posible para los demás que no se distraigan y vean quién eres en realidad. Vístete de manera modesta y apropiada. Vístete de manera que las personas te vean a ti, no solamente tu apariencia externa.

Así demuestras que sabes, como leemos en la guía Para la Fortaleza de la Juventud, que “tu cuerpo es un asombroso don de tu Padre Celestial; Él te lo dio para ayudarte a llegar a ser más como Él”.