Un desafío con el baile
En su mayor prueba, Sinah M., de Alemania, se dijo a sí misma: “Prefiero salir de esto más fuerte que tener dudas de repente”.
Fotografías por David A. Edwards
Por lo general, los desafíos no se presentan de la manera ni en el momento en que nos gustaría; por eso son desafíos. Entonces, cuando la vida te presenta un desafío, ¿cómo lo enfrentas? Cuando es algo doloroso que no se puede explicar, ¿qué haces? Cuando te obliga a cambiar de vida y la imagen que tienes de ti mismo, ¿a dónde acudes?
Hace unos tres años, Sinah M., una joven de diecisiete años de Renania del Norte-Westfalia, en Alemania, se enfrentó a estas preguntas. En sus respuestas influyó lo que le había sucedido hasta entonces.
Una prueba repentina
“Había bailado durante toda mi vida y me apasionaba”, dice Sinah. “Hacía ballet, baile moderno, jazz, un poco de todo; pero, sobre todo, ballet”. Bailar la hacía feliz y era una gran parte de su identidad. “Todo giraba en torno al baile”, dice.
Pero un día comenzó a sentir dolor en los pies cada vez que bailaba. Lo sentía incluso cuando caminaba, y no desaparecía. Buscó respuestas y sanación por medio de médicos, bendiciones del sacerdocio y la oración, pero la causa de su dolor seguía siendo un misterio y su sufrimiento físico no se aliviaba.
“Obviamente, hubo momentos en los que, de repente, pensaba: ‘¿Me ama el Padre Celestial? ¿Por qué tengo que pasar por esto? ¿Por qué permite Él que me duela tanto?’”, dice Sinah.
A pesar de esos pensamientos, ella respondió a esa prueba con una fe y una confianza abrumadoras en el Señor.
La fe antes de la crisis
Antes de afrontar ese desafío, Sinah ya había desarrollado fe en el Padre Celestial y en Jesucristo.
“Siempre me ha interesado el Evangelio”, dice Sinah. Le alegra que sus padres le enseñaran el Evangelio, la llevaran a la iglesia y sembraran en su interior el deseo de aprender sobre el Evangelio por sí misma.
“Soy una persona que se cuestiona muchas cosas, pero no me desespero al hacerlo”, dice. “Fue en mi adolescencia cuando aprendí que está bien tener preguntas. Me permití tener preguntas y oré para obtener conocimiento y fortaleza, y para que el Padre Celestial me ayudara a fortalecer mi testimonio aún más”.
Con el tiempo, se dio cuenta de que ese método, de hecho, había fortalecido su testimonio. “Siempre he estado muy abierta al Evangelio, pero también me permití tener preguntas cuando surgieron, y seguí buscando el conocimiento del Evangelio”.
Sinah ya no baila, pero tiene otros intereses, como el piano y el violín. “Hace poco tuvimos un concierto en las estacas de Dortmund y Düsseldorf, y practiqué mucho porque quería hacerlo bien. Sonó muy bien y me divertí mucho. Mirando atrás, sucedió así porque tenía una meta en mente”.
La fe puesta a prueba
Aunque sus problemas físicos a veces eran difíciles de sobrellevar, el cimiento de fe de Sinah la preparó para afrontar ese desafío.
“De hecho, me dije a mí misma desde el principio que por difícil que sea, por mucho que duela, pase lo que pase, no quiero culpar al Señor ni enojarme con Él”, afirma. “Así que me dije que podía estar frustrada, que podía estar triste, pero que no quería que esa fuera una razón por la que mi testimonio de repente comenzara a desmoronarse. Prefiero salir de esto más fuerte que tener dudas de repente”.
Sinah también decidió desde el principio que no pasaría por esa prueba sola. Dado que ya no baila, ahora encuentra gran gozo en estar con sus familiares y amigos, y ha buscado consuelo y consejo en su Padre Celestial, así como en sus padres y líderes.
Por ejemplo, dice: “He hablado mucho de ello con personas en viajes al templo y otras ocasiones, y me han dicho que a menudo vienen preguntas a la mente, que uno siempre se pregunta por qué. También me han dicho: ‘El Padre Celestial sabe que eres lo suficientemente fuerte como para lidiar con eso’. Y escuchar decir eso a otras personas me ayuda mucho”.
También ha sentido el amor y la fortaleza del Padre Celestial al estar con otros jóvenes en las conferencias FSY, pero quizás lo que más fortaleza y paz le han brindado hayan sido las bendiciones del sacerdocio. “Con cada bendición que he recibido, he sentido el Espíritu con mucha fuerza y he notado de verdad que el Padre Celestial está ahí y que realmente me ama. Me doy cuenta de que eso no me lo ha dicho simplemente el poseedor del sacerdocio, sino que ha sido algo realmente inspirado”.
Sinah tiene un testimonio de las bendiciones del sacerdocio y hace poco recibió su bendición patriarcal. “Esa bendición confirmó que el Padre Celestial me conoce y me ama de verdad, y que puedo saber lo que Él me ha proporcionado en esta vida terrenal y lo que me espera”.
Lo que Sinah ha aprendido
“Como ya no podía bailar, tuve que centrarme en otras cosas”, dice Sinah. “Y el Evangelio se está convirtiendo cada vez más en ese centro. Por supuesto, sigue resultándome difícil, pero simplemente he aprendido a confiar mucho más en el Señor”.
Esa confianza significa que es capaz de seguir adelante a pesar de no obtener las respuestas o el resultado que le hubiera gustado. “La sanación que esperaba aún no ha llegado”, dice Sinah, “pero he aprendido aún más que el Padre Celestial sí tiene un plan, que estoy pasando por esto por una razón”.
Su fe también le aporta perspectiva. “No sé cuándo podré volver a estar libre de dolor o si me sentiré así el resto de mi vida”, dice. “No lo sé, pero tengo fe en el Señor y en que, a más tardar, cuando regrese con Él, dejaré de sentir dolor y que, de alguna manera, hay una razón por la que estoy pasando por esto”.