“La Navidad de Keola”, El Amigo, diciembre de 2025, págs. 16–17.
La Navidad de Keola
Un sentimiento cálido llenó el corazón de Keola; ¡estaba feliz de estar ayudando!
Una historia real de Australia
“¡Apúrate, Pae!”, le dijo Keola a su hermanito. “¡Puedes hacerlo!”.
Keola y su familia estaban en la casa de la abuela y del abuelo. Jugaban a pescar dulces con sus primos, su juego favorito para el día de Navidad. Pae llevaba una venda en los ojos. Estaba tratando de recoger dulces con una espátula y ponerlos en un balde.
“¡Te quedan cinco segundos!”, dijo su hermano mayor, Tauinaola, que estaba sosteniendo el cronómetro.
“¡Es difícil!”. Pae se rio y se le movió la espátula, regando dulces por todo el suelo.
“¡Tiempo!”, anunció Tauinaola.
Pae se quitó la venda de los ojos. “¡Al menos tengo algunos! Ahora juguemos a lanzar aros”.
Pae, Tauinaola y sus primos fueron a otra habitación. Keola estaba a punto de seguirlos, pero entonces escuchó la voz de la abuela.
“¿Cómo ha sido tu Navidad, Keola?”. La abuela pasó por encima de los dulces y el papel de regalo que había en el suelo y le dio a Keola un fuerte abrazo.
“Ha sido fantástica”, dijo Keola.
Anteriormente, la abuela, la bisabuela y las tías de Keola habían preparado deliciosa comida filipina para la cena. El platillo favorito de Keola se llamaba pancit, hecho con fideos de arroz, pollo y verduras fritas en una sartén.
Después de la cena, todos se habían reunido para leer Lucas 2. Keola y Pae usaron su pesebre para ayudar a contar la historia. Fue lindo recordar juntos el nacimiento de Jesucristo.
Pero ahora la Navidad estaba a punto de terminar. Keola frunció el ceño. “Me gustaría que no tuviera que acabarse”.
“A mí también, pero estoy agradecida de que pudiéramos pasar el día juntos”. La abuela le dio otro abrazo fuerte a Keola. “Debería ir a ayudar a limpiar. Estaré en la cocina si me necesitas”.
Mientras Keola la observaba irse, vio a sus padres ayudando a sus tíos a limpiar la cocina. Estaban lavando y secando los platos. A Keola no le gustaba mucho limpiar pero sabía que todavía había mucho que hacer en la casa.
Tal vez yo debería ayudar, pensó para sí mismo.
Todavía había envoltorios de dulces y papel de regalo en el suelo. Keola tomó una bolsa de basura de la cocina y metió todos los papeles en la bolsa. Luego fue recogiendo servilletas sucias y otra basura. Después de unos minutos, ¡la habitación ya se veía más limpia!
Keola se preguntó qué más podría hacer. Sus primitos habían estado jugando con algunos libros y juguetes que todavía estaban en el suelo. Los juntó y los guardó. Luego recogió los juegos que habían dejado después de jugar.
Un sentimiento de calidez llenó el corazón de Keola; sabía que el Espíritu Santo le estaba diciendo que había hecho algo bueno. ¡Estaba feliz de estar ayudando!
El buen sentimiento permaneció con él mientras llevaba platos y vasos al fregadero de la cocina. La mamá le sonrió mientras lavaba los platos.
“Gracias por tu ayuda, Keola”, dijo.
Keola también le sonrió. “¡De nada!”.
Después ayudó a su tío a trapear el piso de la cocina y a guardar la comida sobrante. Después de eso, ¡la casa estaba prácticamente reluciente!
Pronto llegó el momento de regresar a casa.
Keola se despidió de la abuela y el abuelo, y luego caminó por la calle con su papá, su mamá y sus hermanos. Los grillos cantaban y Keola vio las estrellas que brillaban en el cielo. Él sonrió. Esta había sido una buena Navidad. Estaba feliz de haber ayudado a su familia a limpiar y sabía que Jesucristo también estaba feliz.
Ilustraciones por Mattia Lo Russo