Devocionales de Navidad
Celebrar la Navidad


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Celebrar la Navidad

Devocional de Navidad de 2024 de la Primera Presidencia

Domingo 8 de diciembre de 2024

Mis queridos hermanos y hermanas, hemos sido abundantemente bendecidos con los maravillosos mensajes que hemos escuchado de la hermana Runia, del élder Palmer y del élder Cook. Me siento privilegiado de poder enseñarles algunas de las cosas que ellos ya han explicado.

La Navidad es una época maravillosa del año. Al conmemorar el nacimiento de nuestro Salvador, nuestro corazón se pone en sintonía con lo que es más importante en nuestra vida. La Navidad nos hace más conscientes y más agradecidos de los sacrificios que se han hecho por nosotros.

I.

La Navidad nos recuerda que debemos pensar los unos en los otros; valoramos más a nuestras familias; renovamos la comunicación con antiguos amigos; superamos las barreras que nos separan durante otras épocas del año; los extraños se saludan sin sentirse avergonzados; y la bondad y la consideración hacia los demás vuelve. El espíritu de la Navidad saca a relucir lo mejor que hay en nosotros.

La calidez y la luz de la Navidad es la Luz de Cristo. Como podemos leer en las Escrituras modernas, el Salvador es “la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene al mundo”. Todos los que celebran el nacimiento de Cristo —todos los que tienen lo que llamamos el “espíritu de la Navidad”— tienen una porción de esa luz.

Más de mil millones de personas celebran el nacimiento de Jesucristo durante esta época navideña. El mundo entero debería hacerlo. Incluso según el criterio del mundo, Jesús de Nazaret es la persona más importante que jamás haya vivido. Él ha sido el tema principal de profetas y poetas por más de seis mil años. Él es el tema de la mejor música y arte del mundo. Él es el Maestro más grandioso que jamás haya vivido. Y lo más importante, Él es el Unigénito Hijo de Dios, el Padre Eterno. Él es el Dios ante quien toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que es nuestro Creador y Redentor, el Salvador y Dios de este mundo.

“Paz, buena voluntad para con los hombres” es el mensaje de la Navidad. Es el tema preferido de poetas y músicos que nos han dado la gloriosa música de la Navidad. Nos encantan los villancicos que reflejan este tema.

En la Judea, en tierra de Dios,

fieles pastores oyeron la voz:

¡Gloria a Dios, gloria a Dios,

gloria a Dios en lo alto!

¡Paz y buena voluntad!

¡Paz y buena voluntad!.

Estas palabras, que se han cantado innumerables veces en nuestras actividades navideñas, nos recuerdan que no hay nada nuevo en la celebración y las canciones de la Navidad. El mensaje es antiguo y familiar, le fue predicado a Adán, le fue predicado a los hijos de Israel, le fue predicado a los descendientes del padre Lehi. Una y otra vez, los profetas declararon las verdades fundamentales de la Expiación de Jesucristo. Una y otra vez, declararon Su mandamiento de que debemos amarlo y servirlo a Él, y amarnos y servirnos unos a otros. Y Él agregó: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”. Estas declaraciones que se repiten a través del tiempo son el mensaje más importante de toda la eternidad; son para nosotros, para nuestro beneficio.

Las cosas más importantes de la vida son repetitivas. Nunca nos cansamos de oír el sagrado nombre de nuestro Salvador. Nunca nos cansamos de la compañía de las personas a las que amamos. Nunca nos cansamos de oír “Te amo”.

Así es que el mensaje repetitivo de la Navidad no es un mensaje que se deba revisar, sino un mensaje que se debe renovar en nuestra vida.

II.

Desde nuestra infancia, cada uno de nosotros ha sabido que la Navidad es un tiempo de dar regalos entre familiares y amigos. Es un tiempo de ser especialmente bondadosos con aquellos a quienes amamos. Sin embargo, el espíritu de dar en Navidad debe extenderse más allá de nuestro círculo de familiares y amigos. En la actualidad, muchos de nuestros jóvenes tienen experiencias memorables cuando sus cuórums, clases y otros grupos de la Iglesia visitan y llevan regalos a quienes necesitan ser recordados en Navidad, en hospitales, en hogares de ancianos, en situaciones de confinamiento y en muchos otros sitios. En incontables días de Nochebuena, buenos hombres y mujeres, al enterarse de la difícil situación de padres pobres y afligidos, se han acercado a ellos con juguetes, comida y dulces de tal modo que sus hijos, inocentes y con ojos abiertos de asombro, han sentido el gozo de ser recordados en la mañana del día de Navidad. Miles de grandes hombres y mujeres unen sus esfuerzos en organizaciones que prestan servicio en Navidad para aliviar a los hambrientos, vestir a los pobres, alojar a personas sin hogar, visitar a los enfermos y olvidados, y brindar felicidad a los niños. ¡Que Dios bendiga a esas manos que ayudan! Todos debemos apoyarlos. Aquellos que sirven con amor y sin egoísmo son verdaderos siervos del Príncipe de Paz.

III.

¿Qué significa “en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres”? El Salvador primero enseñó: “Amarás […] a tu prójimo como a ti mismo”. Él enseñó incluso que debemos amar a nuestros enemigos, bendecir a los que nos maldicen, hacer bien a los que nos aborrecen, y orar por los que nos ultrajan y nos persiguen.

En nuestro esfuerzo por alcanzar la meta expresada en esas enseñanzas, la Navidad debe ser una época para perdonar, una época para sanar viejas heridas y restaurar las relaciones que se han dañado.

Cito: “Por tanto, os digo que debéis perdonaros los unos a los otros; pues el que no perdona las ofensas de su hermano, queda condenado ante el Señor, porque en él permanece el mayor pecado.

“Yo, el Señor, perdonaré a quien sea mi voluntad perdonar, mas a vosotros os es requerido perdonar a todos los hombres”.

Así pues, la Navidad es un tiempo para extender aún más nuestros lazos normales de amor y amistad. “Paz, buena voluntad para con los hombres” no es un mensaje para aquellos por los que ya sentimos amor y afecto, como las personas de nuestra Iglesia o de nuestro país, ciudad o vecindario, o aquellos de nuestra propia cultura. Las huestes celestiales proclamaron buena voluntad para con todos los hombres, tanto los amigos casuales, como los extraños e incluso los enemigos. La Navidad es un tiempo para recordar que todos somos hijos de un Padre Celestial, quien dio a Su Hijo Unigénito para que todos pudieran ser redimidos de la muerte. Nuestro Padre Celestial también ha ofrecido las bendiciones de la salvación y la exaltación a todo el género humano bajo las mismas condiciones: fe en el Señor, Jesucristo; arrepentimiento; bautismo; y cumplimiento de las leyes y ordenanzas del Evangelio.

IV.

El espíritu de la Navidad nos anima a utilizar esta época del año para cruzar barreras y promover la comprensión y el amor con personas de todas las razas, credos y países de origen. Ya sea que los Santos de los Últimos Días sean la mayoría, como ocurre aquí en Utah, o sean una minoría, como ocurre en el resto del mundo, debemos acercarnos a todos los hijos e hijas de Dios. Debemos extender la mano sincera de hermandad a todas las personas, a quienes son de nuestra fe y a quienes no lo son. Debemos cumplir el mandamiento que Dios mandó al profeta Moisés que diera a los hijos de Israel:

“Cuando el extranjero more contigo en vuestra tierra, no le oprimiréis. Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que peregrine entre vosotros; y lo amarás como a ti mismo”.

Debemos enseñar a nuestros hijos a ser amables y considerados con todas las personas. Me entristece cuando escucho a padres que no son Santos de los Últimos Días de esta comunidad lamentarse debido a que creen que sus hijos e hijas han sido excluidos o marginados por niños o jóvenes que son miembros. Tengo la esperanza de que esos casos sean poco frecuentes y estén disminuyendo. Debemos ser las personas más amigables y consideradas de todas, en todo el mundo.

Por supuesto, debemos evitar los tipos de relaciones y actividades que comprometan nuestra conducta o debiliten nuestra fe y adoración. Pero ese tipo de limitación no nos excluye de mostrar consideración hacia los demás, ni debería excluirnos de muchas formas de participación que conllevan esfuerzos conjuntos en el ámbito general de interés común que incluyen a todas las personas.

El espíritu con el que debemos recibir el mensaje de “paz, buena voluntad para con los hombres” es el espíritu de dar de nosotros mismos al servicio de los demás. Del mismo modo que la Navidad celebra el nacimiento de Él, quien dio Su vida por todos nosotros, cada uno de nosotros debe utilizar la Navidad como una época para mejorar la manera en que damos a nuestros semejantes.

Al hacerlo —a medida que el espíritu de dar de la Navidad impregna nuestros pensamientos y acciones—, cada uno de nosotros estaremos haciendo nuestra propia contribución a la meta eterna de que haya “en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres”. Es tiempo para que todos lo hagamos, pues cada día estamos un día más cerca de la venida del Señor. Como el presidente Russell M. Nelson enseñó en la última conferencia de octubre, cito: “Lo mejor está por llegar porque el Señor está apresurando Su obra. Lo mejor está por llegar conforme volvamos por completo nuestro corazón y nuestra vida a Jesucristo”. Fin de la cita.

Ahora cito de “El Cristo Viviente: El Testimonio de los Apóstoles”. En esta leemos, cito:

“Al conmemorar el nacimiento de Jesucristo hace dos milenios, manifestamos nuestro testimonio de la realidad de Su vida incomparable y de la virtud infinita de Su gran sacrificio expiatorio. Ninguna otra persona ha ejercido una influencia tan profunda sobre todos los que han vivido y los que aún vivirán sobre la tierra”.

Continúo con la cita: “Testificamos solemnemente que Su vida, que es fundamental para toda la historia de la humanidad, no comenzó en Belén ni concluyó en el Calvario. Él fue el Primogénito del Padre, el Hijo Unigénito en la carne, el Redentor del mundo […].

“Declaramos en palabras de solemnidad que Su sacerdocio y Su Iglesia han sido restaurados sobre la tierra, ‘edificados sobre el fundamento de […] apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo’”.

Continúo con la cita: “Testificamos que [en algún momento] Él regresará a la tierra. ‘Entonces se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá’”. Fin de la cita. “Él regirá como Rey de reyes y reinará como Señor de señores, y toda rodilla se doblará, y toda lengua hablará en adoración ante Él […].

“Damos testimonio, en calidad de Sus apóstoles debidamente ordenados, de que Jesús es el Cristo Viviente, el inmortal Hijo de Dios. Él es el gran Rey Emanuel, que hoy está a la diestra de Su Padre”. Cito de nuevo: “Sabemos que “Él es la luz, la vida y la esperanza del mundo. Su camino es el sendero que lleva a la felicidad en esta vida y a la vida eterna en el mundo venidero. Gracias sean dadas a Dios por la dádiva incomparable de Su Hijo divino”.

En el nombre de Jesucristo. Amén.