“Escuchar al Espíritu Santo”, El Amigo, marzo de 2025, págs. 40–41.
Escuchar al Espíritu Santo
“Adivina lo que aprendí en la Primaria”, dijo Chim.
Un relato verídico de las Filipinas.
Chim abrió los ojos somnolientos. ¡Por fin era fin de semana!
“Es hora de despertar, o llegaremos tarde”, dijo la mamá.
Chim deseaba poder dormir más, pero hoy era día de mercado. Tenía que ayudar a su mamá a comprar comida para la semana, así que se levantó y desayunó rápidamente.
Mamá hacía mucho por Chim y sus dos hermanos. Estaba muy ocupada trabajando y no tenía mucho tiempo para estar en casa. Chim y sus hermanos trabajaban juntos para hacer la mayoría de las tareas de la casa. A Chim le alegraba ayudar.
Cuando Chim y su mamá regresaron del mercado, la mamá tuvo que irse a trabajar. Mientras ella no estaba, Chim y sus hermanos se prepararon para el domingo. Chim buscó los zapatos, los pantalones y la camisa que se pondría para ir a la iglesia al día siguiente. Su hermano mayor, Robin, lo ayudó a planchar la camisa y luego prepararon la cena.
Chim estaba limpiando la cocina cuando su mamá llegó a casa. Se veía muy cansada.
“Aquí tienes, mami”. Chim le entregó un plato de comida caliente para que comiera.
La mamá sonrió. “Gracias por tu ayuda de hoy; ¡se ve delicioso!”.
A la mañana siguiente, Chim se levantó temprano y se preparó para ir a la iglesia. Estaba emocionado de ver a sus amigos en la Primaria y aprender acerca de Jesucristo.
“¿Mamá?”, preguntó en voz baja, llamando a la puerta. “¿Vienes hoy con nosotros a la iglesia?”.
“No puedo”, dijo la mamá. “Tengo que trabajar esta tarde”.
“Está bien”. Chim se sintió un poco triste. Había pasado casi un año desde la última vez que su mamá había asistido a la iglesia con ellos. “Maneja con cuidado y que tengas un buen día”, le dijo.
“¿Listo para irnos?”, preguntó Mattew, su hermano pequeño.
“¡Sí!”. Chim se puso los zapatos y salió corriendo por la puerta con sus hermanos para tomar el autobús.
Chim se sintió feliz cuando entró en el edificio de la Iglesia. Trató de pensar en Jesucristo durante la Santa Cena y, durante su clase en la Primaria, se esforzó mucho por escuchar la lección de la hermana Ortega.
“Hoy aprenderemos acerca del Espíritu Santo”, dijo la hermana Ortega. “El Espíritu Santo nos da mensajes del Padre Celestial. Algo así como una radio”.
Chim miró la imagen de una radio que sostenía la hermana Ortega.
“Las radios funcionan recibiendo una señal y convirtiéndola en ondas sonoras que podemos escuchar”, explicó ella. “Hay que ponerlas en el canal correcto para escucharla. Para escuchar al Espíritu Santo, también debemos orientar nuestro corazón y nuestra mente hacia el canal correcto. ¿Cómo podemos hacerlo?”.
Todos se pusieron a pensar. Entonces Chim dijo: “Siguiendo a Jesucristo y guardando los mandamientos”.
La hermana Ortega sonrió. “¡Así es!”.
Después de la iglesia, Chim ayudó a preparar la cena de nuevo. Sintió calidez por dentro mientras ayudaba. Sabía que, al servir a su familia, estaba orientando su corazón al canal correcto para sentir el Espíritu Santo.
Cuando la mamá llegó a casa, Chim le dio un fuerte abrazo; bendijeron la comida y comenzaron a comer.
“Adivina lo que aprendí hoy en la iglesia”, dijo Chim. Le gustaba contarle a su mamá acerca de la Primaria.
“¿Qué?”, preguntó la mamá.
“Aprendimos acerca del Espíritu Santo”, dijo Chim. “Es como una radio; cuando guardamos los mandamientos, podemos orientar nuestro corazón hacia el canal correcto para escucharlo a Él”.
La mamá asintió. “¡Genial! Entonces, ¿cuál es un ejemplo de guardar los mandamientos?”.
Chim sonrió. “¡Ayudarle a tu mamá!”. Se echó a reír. “Te amo, mamá”.
Ilustraciones por Uran Duo