“Caridad”, Temas y preguntas, 2023
Guía para el estudio del Evangelio
Caridad
Tener el amor puro de Cristo
Todos nos sentimos frustrados o molestos de vez en cuando; o, tal vez, a menudo. Quizás no estamos de acuerdo con nuestros vecinos o compañeros de trabajo o, a veces, podemos ser impacientes con nuestros hijos o nuestro cónyuge. Tal vez nos encontremos criticando y juzgando a los demás. Claro está que nadie es perfecto, y es normal sentirse así a veces. Sin embargo, ¿se ha preguntado alguna vez cómo puede ser más amoroso y paciente con quienes le rodean?
La respuesta es sencilla: su corazón puede ablandarse mediante la caridad, que es un don de Dios. Desarrollar caridad es llegar a ser semejante a Jesucristo, y esa es una búsqueda de toda la vida; no obstante, su Padre Celestial y su Salvador Jesucristo le ayudarán a medida que procure fielmente llegar a ser más como Ellos.
¿Qué es la caridad?
La caridad es el amor puro de Jesucristo (véase Moroni 7:47). Es la forma más elevada y más fuerte de amor. La caridad nos motiva a servir a Dios y a los demás con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza (véase Doctrina y Convenios 59:5).
Reseña del tema: Caridad
Guías para el estudio del Evangelio relacionadas: Jesucristo, Fe, Esperanza, Dones del Espíritu, Servicio
Sección 1
La caridad es el amor puro del Padre Celestial y de Jesucristo por todas las personas
El Padre Celestial y Jesucristo nos aman perfectamente. El profeta Mormón enseñó que “la caridad es el amor puro de Cristo” (Moroni 7:47). Durante Su vida, Jesucristo mostró amor y compasión hacia los hambrientos, los pecadores, los afligidos y los enfermos. Ministró tanto a pobres como a ricos, amigos y extraños, e incluso perdonó a quienes lo acusaron y a quienes lo crucificaron (véase Lucas 23:34). Jesucristo fue el ejemplo perfecto de amor perfecto.
Algo en qué pensar
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El amor perfecto de Jesucristo influyó en cada una de Sus acciones. Considere los siguientes ejemplos: Mateo 26:39; Lucas 7:22; 1 Nefi 19:9. ¿Cómo demuestra cada uno de estos pasajes el amor que Cristo siente por nosotros? Podría comparar estos ejemplos del amor del Salvador con la descripción que hizo Pablo de la caridad en 1 Corintios 13. ¿De qué manera ha mostrado el Salvador esa clase de amor hacia usted?
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El profeta José Smith enseñó: “El amor es una de las características principales de la Deidad”. Considere escribir en su diario las palabras Sé que Dios me ama porque… y, a lo largo de la semana, escribir las maneras en que completaría esta oración. Podría leer o escuchar una canción como “El sublime Creador” o “Mi Padre Celestial me ama” para obtener ideas.
Actividades para aprender juntos
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Consideren la siguiente enseñanza del élder Jeffrey R. Holland: “El primer gran mandamiento de toda la eternidad es amar a Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza. Ese es el primer gran mandamiento; pero la primera gran verdad de toda la eternidad es que Dios nos ama con todo Su corazón, alma, mente y fuerza”. Analicen cómo el saber del gran amor de Dios por ustedes podría cambiar lo que sienten y cómo piensan y actúan.
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Ver el video “Caridad: Un ejemplo de los creyentes” (4:50) podría inspirar un análisis sobre cómo el amor como el de Cristo cambia vidas. ¿De qué manera las mujeres jóvenes de este video demuestran amor como el de Cristo a la nueva animadora? ¿Qué impacto tuvo este amor en ella? ¿Qué efecto tuvo en las otras mujeres jóvenes? Piensen en las personas que los rodean que podrían necesitar sentir el amor del Salvador y hablen sobre las maneras en que podrían compartir el amor de Cristo con una o dos de ellas.
Más información
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Alan T. Phillips, “Dios los conoce y los ama”, Liahona, noviembre de 2023, págs. 49–52
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Michael T. Ringwood, “De tal manera nos amó Dios”, Liahona, mayo de 2022, págs. 88–90
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Susan H. Porter, “El amor de Dios: El de mayor gozo para el alma”, Liahona, noviembre de 2021, págs. 33–35
Sección 2
La caridad es la virtud más grandiosa que pueden obtener los seguidores de Jesucristo
La caridad no es algo que hacemos ni algo que damos, sino que es un estado de nuestro corazón y una forma de vivir. Es lo que llegamos a ser y lo que sentimos, y nos lleva a actuar con amor (véase Moroni 7:45–47).
Sin caridad no somos nada y con ella lo tenemos todo (véanse Éter 12:34; Moroni 7:44). Todo lo demás perece, pero la caridad permanece para siempre y nunca deja de ser (véase Moroni 7:46–47). Entonces, ¿cómo obtenemos este don? El profeta Mormón dijo: “Pedid al Padre con toda la energía de vuestros corazones, que seáis llenos de este amor […] para que cuando [Jesucristo] aparezca, seamos semejantes a él” (Moroni 7:48).
Aprendemos a practicar la caridad en nuestras relaciones interpersonales: en nuestras familias, en nuestras congregaciones de la Iglesia, en nuestras comunidades y con todas las personas que conocemos. Al esforzarnos por aceptar a los demás por quienes son y verlos como los ven nuestro Padre Celestial y Jesucristo, podemos comenzar a amar a las personas como Ellos las aman.
Algo en qué pensar
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Lea 1 Corintios 13:1–7 e imagínese a sí mismo en esos versículos; luego lea el versículo 8. ¿Qué significa para usted que “la caridad nunca deja de ser”? Considere si hay algunos de los atributos enumerados en los versículos 4–7 en los que podría trabajar para ayudarle a ser un mejor ejemplo de caridad.
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Si bien la caridad es un don de Dios, como sucede con cualquier don, tenemos que recibirlo. ¿Qué aprende de Moroni 7:48; 8:26 acerca de cómo recibir el don de la caridad?
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El presidente Russell M. Nelson enseñó estas importantes verdades sobre la caridad: “La caridad es el antídoto de la contención. La caridad es el don espiritual que nos ayuda a despojarnos del hombre natural, el cual es egoísta, se pone a la defensiva y es soberbio y celoso. La caridad es la característica principal de un verdadero seguidor de Jesucristo. La caridad define a los pacificadores”. Al meditar en las palabras del presidente Nelson, ¿qué le inspira a hacer el Espíritu? Considere poner la declaración del presidente Nelson en algún lugar donde la vea a menudo como un recordatorio de mostrar caridad por los demás.
Actividades para aprender con otras personas
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¿Cómo se puede reconocer a un seguidor de Jesucristo? El Salvador mismo enseñó: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros” (Juan 13:35). En grupo, piensen en personas a las que admiren y que sean verdaderos ejemplos de caridad. ¿De qué maneras los han visto demostrar el amor puro de Jesucristo? Consideren enviar un mensaje de texto o escribir una nota a una de esas personas y mencionar lo que admiran de él o ella.
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Hablen de algunas decisiones importantes que toman todos los días y luego lean “Ama a Dios y ama a tu prójimo” en Para la Fortaleza de la Juventud: Una guía para tomar decisiones, 2023, págs. 10–15. Analicen cómo el don de la caridad podría ser una guía al tomar cada una de esas decisiones.
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Consideren este consejo del presidente Dieter F. Uchtdorf: “Cualesquiera que sean los problemas que enfrente su familia, sea lo que sea lo que deban hacer para solucionarlos, el principio y el fin de la solución es la caridad, el amor puro de Cristo”. Trabaje con su grupo para elaborar una lista de algunos problemas o desafíos que las personas o las familias enfrentan en la actualidad, tales como la contención o la envidia. Luego, podrían leer Moroni 7:45 y hablar sobre cómo los atributos de la caridad que se describen en ese versículo podrían ayudar a resolver los problemas de la lista. Después, podrían elaborar un plan sencillo para poner en práctica la caridad a fin de ayudar a resolver uno de los problemas. Hagan partícipe a Dios de su plan y busquen la ayuda de otras personas según sea apropiado.
Más información
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Russell M. Nelson, “Se necesitan pacificadores”, Liahona, mayo de 2023, págs. 98–101
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Ulisses Soares, “Seguidores del Príncipe de Paz”, Liahona, mayo de 2023, págs. 85–87
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J. Anette Dennis, “Su yugo es fácil y ligera Su carga”, Liahona, noviembre de 2022, págs. 80–82
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Marvin J. Ashton, “La lengua puede ser una espada aguda”, Liahona, julio de 1992, págs. 20–22
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“La caridad, el amor puro de Cristo”, Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2011, págs. 451–462