“Jesucristo”, Temas y preguntas, 2023
Guía para el estudio del Evangelio
Jesucristo
El Salvador y Redentor del mundo
Muchas personas en este mundo han oído hablar de Jesucristo, pero no son conscientes de lo que Él ha hecho por ellas. El mensaje del Evangelio restaurado nos ayuda a entender que Jesucristo fue mucho más que un personaje histórico. Él es el Hijo Unigénito de Dios, que ha hecho todo para que la salvación y la vida eterna sean posibles para todos. Cuando aprende acerca de Su función como su Salvador y Redentor, descubre que Él puede aliviar sus cargas y cambiar su vida para siempre. Cuando elige creer en Jesucristo y confiar en Su infinito poder, puede recibir guía y ayuda para cada desafío de esta vida.
¿Quién es Jesucristo?
Jesucristo es el Hijo Primogénito y Unigénito del Padre Celestial. En el mundo preterrenal, Jesucristo fue escogido para ser el Salvador de los hijos de Dios (véase Abraham 3:27). El Padre Celestial lo envió a esta tierra para sufrir y morir por nuestros pecados (véase Juan 3:16–17). Con poder divino, Jesucristo venció la muerte y resucitó. Él vive hoy y ha prometido regresar algún día a la tierra (véase Doctrina y Convenios 133:10–11, 25).
Reseña del tema: Jesucristo
Guías para el estudio del Evangelio relacionadas: Trinidad, Vida preterrenal, Creación, Nacimiento de Jesucristo, Ministerio terrenal de Jesucristo, Expiación de Jesucristo, Resurrección, Segunda Venida de Jesucristo, Salvación
Sección 1
Jesucristo es el Salvador y Redentor del mundo
No hay nada sobre lo que sea más importante aprender que sobre Jesucristo: quién es Él, qué ha hecho por nosotros y qué desea que sepamos y hagamos. Las Escrituras y las enseñanzas de los profetas y apóstoles modernos nos ayudan a reconocer Su función esencial como nuestro Salvador y Redentor.
En las Escrituras aprendemos que, en el mundo preterrenal, Jesucristo fue escogido para ser el Salvador de todos los hijos del Padre Celestial (véanse 1 Pedro 1:19–20; Abraham 3:27). Desde el principio, Jesucristo ha sido la figura clave en el cumplimiento del plan de Dios para la salvación y exaltación de Sus hijos. Bajo la dirección del Padre, Jesucristo creó los cielos y la Tierra (véase Moisés 1:32–33). En los tiempos del Antiguo Testamento, se conocía a Jesucristo como el gran Jehová. Él guio y dirigió a profetas y creyentes de la antigüedad, y Su amor y misericordia los fortaleció durante sus pruebas.
Hace más de 2000 años, Jesucristo vino a la tierra por medio de un nacimiento milagroso. Vivió y ministró entre el pueblo de la tierra de Israel y efectuó grandes milagros, tales como sanar a los enfermos y levantar a los muertos (véase Mateo 11:4–5). Estableció Su Iglesia y enseñó la doctrina del arrepentimiento, el perdón de los pecados y la vida eterna a todos los que lo siguieran. Jesucristo vivió una vida perfecta y siempre fue obediente a Su Padre (véase 2 Nefi 31:7).
Debido a que Jesucristo vino a la tierra para salvar a los hijos del Padre, voluntariamente tomó sobre Sí el castigo por los pecados de ellos. Isaías profetizó cientos de años antes: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores […]. Él herido fue por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades” (Isaías 53:4–5). Jesús sufrió una inmensa agonía que lo hizo sangrar por cada poro (véanse Lucas 22:44; Doctrina y Convenios 19:15–20). Fue arrestado y condenado por cargos falsos, y se le sentenció a muerte. Fue cruelmente clavado en una cruz, donde sufrió y dio Su vida por nosotros (véase Mateo 27:50), pero Su muerte no marcó el fin. Jesucristo se levantó de la tumba y ministró a Sus seguidores como un ser resucitado (véanse Lucas 24:36–40; 3 Nefi 11:8–15).
Hoy en día, los miembros de la Iglesia de Jesucristo esperan con anhelo Su prometido regreso a la tierra. Nadie sabe cuándo ocurrirá esto (véase Doctrina y Convenios 49:7), pero las Escrituras hablan de señales y acontecimientos que precederán a Su Segunda Venida. La tierra cambiará cuando el Señor regrese y Él revelará todas las cosas a los que sean justos (véase Doctrina y Convenios 101:23–34).
Algo en qué pensar
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Jesucristo fue elegido por el Padre Celestial para llevar a cabo Su plan para nuestra salvación y exaltación. Lea Doctrina y Convenios 38:1–3 y considere el conocimiento y el poder que poseía Jesucristo antes de nacer en la tierra. ¿De qué manera el conocer el alcance infinito del conocimiento y poder del Señor puede aumentar su fe y confianza en Él en la actualidad?
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A Jesucristo se le conoce por muchos nombres y títulos. Lea los siguientes pasajes de las Escrituras para comprender mejor por qué a Jesucristo se le llama Salvador (Hechos 4:10–12; Helamán 14:15–16) y Redentor (Tito 2:13–14; 2 Nefi 2:6–7, 26). ¿Por qué es importante que sepa por usted mismo que Jesucristo es su Salvador y Redentor?
Actividad para aprender con otras personas
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Con los miembros de su grupo, miren el video “Extractos de ‘El Cristo Viviente: El Testimonio de los Apóstoles’” (2:45) y presten atención a las maneras en que les recuerda que deben aumentar su fe en Jesucristo. También puede invitar a los miembros del grupo a repasar la información resumida que se encuentra en la parte superior de la entrada “Jesucristo” en la Guía para el Estudio de las Escrituras (Biblioteca del Evangelio). ¿Cómo puede esta información ayudarles a pensar en Jesucristo como su Salvador y Redentor?
Más información
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“El Cristo Viviente: El Testimonio de los Apóstoles”, Biblioteca del Evangelio
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“Jesucristo se aparece en la antigua América” (video), youtube.com
Sección 2
Venid a Cristo
El Padre Celestial ha preparado abundantes bendiciones para aquellos que reciban a Su Hijo Jesucristo (véase Doctrina y Convenios 84:37–38). Jesucristo declaró: “Si venís a mí, tendréis vida eterna. He aquí, mi brazo de misericordia se extiende hacia vosotros; y a cualquiera que venga, yo lo recibiré” (3 Nefi 9:14). Demostramos nuestro deseo de aceptar la invitación del Señor de venir a Él cuando ponemos nuestra fe en Él, nos arrepentimos de nuestros pecados, somos bautizados, guardamos los mandamientos de Dios y recibimos las sagradas ordenanzas del templo.
Cuando nos volvemos a Jesucristo con humildad, fe y arrepentimiento, podemos recibir la remisión de nuestros pecados (véase Mosíah 4:2–3). La Expiación de Jesucristo también hace posible que “ten[gamos] acceso al poder divino, un poder suficiente para sobrellevar las cargas, obstáculos y tentaciones de nuestros días”. El amor, la misericordia y el perdón que recibimos de Jesucristo pueden producir un cambio duradero en nuestra vida y darnos la fortaleza para seguir adelante haciendo la voluntad de Dios (véanse Mosíah 5:2; Helamán 15:7–8).
Algo en qué pensar
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Jesucristo tomó sobre Sí nuestros dolores y enfermedades para saber cómo sostenernos y ayudarnos en nuestras propias debilidades. Lea Alma 7:11–13 y reflexione sobre cómo Jesucristo entiende perfectamente sus dolores y desafíos, y sabe cómo bendecirlo y consolarlo, incluso cuando nadie más lo sepa. ¿Cuándo le ha ayudado el Salvador en momentos de prueba o tentación? ¿Cómo puede confiar en Él cuando necesite socorro?
Actividad para aprender con otras personas
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Jesucristo tiene un poder divino e infinito para perdonarnos, elevarnos y fortalecernos. Saber eso puede ayudarnos a afrontar los desafíos con más esperanza. El presidente Russell M. Nelson enseñó:
“Sean cuales sean las preguntas o los problemas que tengan, la respuesta siempre se halla en la vida y las enseñanzas de Jesucristo. Aprendan más sobre Su Expiación, Su amor, Su misericordia, Su doctrina y Su Evangelio restaurado de sanación y progreso. ¡Acudan a Él! ¡Síganlo!”.
Analicen la declaración del presidente Nelson. Invite a los miembros del grupo a identificar algunas de las preguntas o desafíos que enfrentamos en la actualidad. Analicen las maneras en que podríamos encontrar soluciones por medio de nuestro Salvador, Jesucristo.
Más información
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Mateo 11:28–30; Efesios 5:1–2; 2 Nefi 31:16; 3 Nefi 27:21; Moroni 10:32–33
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Neil L. Andersen, “Mi mente se concentró en este pensamiento de Jesucristo”, Liahona, mayo de 2023, págs. 91–94
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Sharon Eubank, “Cristo: La luz que resplandece en las tinieblas”, Liahona, mayo de 2019, págs. 73–76