Conferencia General
La Proclamación sobre la familia: Palabras de Dios
Conferencia General de octubre de 2025


13:58

La Proclamación sobre la familia: palabras de Dios

La proclamación tiene un origen divino, por lo que debemos tratarla con la reverencia que merecen las palabras de Dios.

Esta Conferencia General de octubre de 2025 marca el aniversario número 30 de la presentación de “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”. Por designio divino, esta proclamación, con sus reveladoras palabras, fue creada para “fortalecer a la familia y […] mantenerla como la unidad fundamental de la sociedad”.

Todos pertenecemos a una familia, ya seamos padres, hijos, nietos, abuelos, tíos, hermanos o primos y, lo que es más importante, como afirma la proclamación, cada uno de nosotros “es un amado hijo o hija procreado como espíritu por padres celestiales […] [con] una naturaleza y un destino divinos”.

Cuando fui llamado al santo apostolado en 2015, recibí el siguiente consejo: “Esta proclamación es ahora suya. Su nombre está aquí”, me dijeron señalando las palabras ‘Consejo de los Doce Apóstoles’ en el título. “Siéntala y enséñela como algo que le pertenece”.

Amo la Proclamación sobre la familia. He testificado en todo el mundo, desde África hasta Australia y en todos los lugares intermedios, de la función de la familia en el plan eterno de Dios. La proclamación tiene un origen divino, por lo que debemos tratarla con la reverencia que merecen las palabras de Dios.

Recuerden, hermanos y hermanas, que “las palabras importan”, como dije desde este mismo púlpito en una conferencia general anterior.

Permítanme darles un poco de contexto sobre la proclamación como mensaje central de lo que creemos.

En 1994, un año antes de que se presentara la proclamación, el Cuórum de los Doce Apóstoles analizó el modo en que la sociedad y los gobiernos se estaban apartando de las leyes de Dios concernientes a la familia, el matrimonio y el género. “Pero eso no fue lo único que vimos”, dijo el presidente Russell M. Nelson más tarde. “Pudimos ver los esfuerzos de varias comunidades por abolir toda norma y límite relacionados con la actividad sexual. Vimos la confusión de los géneros. Pudimos ver que todo eso se aproximaba”.

Los Doce decidieron preparar un documento, una proclamación oficial, que resumiera la posición de la Iglesia en cuanto a la familia. En el transcurso de ese año, esos apóstoles, videntes llamados por Dios, prepararon una declaración sobre la familia. El presidente Dallin H. Oaks recuerda que, con espíritu de oración, acudieron al Señor para saber “lo que debía[n] decir y de qué manera hacerlo”, y lo presentaron a la Primera Presidencia: a los presidentes Howard W. Hunter, Gordon B. Hinckley y Thomas S. Monson para su consideración.

Pocos meses después, en marzo de 1995, el presidente Hunter falleció y el presidente Hinckley llegó a ser el decimoquinto Presidente de la Iglesia. La proclamación ahora estaba en sus manos. ¿Cuándo sería el momento adecuado para hacer esa declaración a la Iglesia?. Ese momento llegó seis meses después.

Días antes de la reunión general de la Sociedad de Socorro del 23 de septiembre, que precedió a la conferencia general, el presidente Hinckley y sus consejeros se reunieron en consejo con la Presidencia General de la Sociedad de Socorro. Las hermanas, al igual que los apóstoles, habían estado sopesando algunas inquietudes relacionadas con las mujeres y las familias, y habían enfocado su próxima reunión en la familia.

El presidente Hinckley, que estaba previsto que se dirigiera a las mujeres en esa reunión, había estado meditando sobre la dirección de sus palabras y, a medida que avanzaba la conversación, se refirió por su nombre a “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, que se había redactado recientemente, pero todavía no se había publicado. ¿Era esa reunión de mujeres el contexto adecuado para hacer una declaración decisiva sobre la familia?.

La Presidenta General de la Sociedad de Socorro, Elaine Jack, dijo más tarde: “En ese momento no sabíamos lo que era la Proclamación sobre la Familia […]. Por el título, podíamos intuirlo, y sentimos que cualquier cosa sobre la familia […] sería algo positivo. […] Sabía con toda certeza que los miembros del Cuórum de los Doce estaban recibiendo revelación”.

La reunión de la Sociedad de Socorro de aquel sábado fue histórica. El presidente Hinckley dijo como introducción a la Proclamación sobre la familia estas palabras importantes: “Con tanta sofistería que se hace pasar como verdad, con tanto engaño en cuanto a las normas y los valores, con tanta tentación de seguir los consejos del mundo, hemos sentido la necesidad de amonestar y advertir […] de las normas, doctrinas y prácticas relativas a la familia que los profetas, videntes y reveladores de esta Iglesia han repetido a través de la historia”.

A continuación, leyó la proclamación en su totalidad. Tal como dijo el Señor, “sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo”.

La proclamación declara: “La familia es ordenada por Dios”. Me encanta la claridad de esta afirmación. La proclamación es un llamado a vivir en la vida terrenal siendo siempre conscientes de la divinidad que hay en nosotros y del futuro eterno que nos espera. El presidente Nelson enseñó: “Ustedes son literalmente hijos procreados como espíritus de Dios […]. No se confundan al respecto: su potencial es divino. Si lo buscan con diligencia, Dios les dará destellos de quiénes pueden llegar a ser”.

Cuando se presentó, la proclamación no representaba los puntos de vista de muchas personas en el mundo. No lo hacía entonces y no lo hace ahora. Hay quienes discrepan con la declaración sobre la familia, el matrimonio y el género. Algunos sugieren que la Iglesia dé marcha atrás, revise o incluso revoque la proclamación.

Mis queridos hermanos y hermanas, como dijo el presidente Hinckley, la proclamación sobre la familia es doctrina. Los principios no están desfasados, sino en perfecta sintonía con las vías del Señor y Su senda de los convenios. Nuestro Señor Jesucristo reveló las enseñanzas de la proclamación a Sus apóstoles entonces y ahora. Esta es Su Iglesia; Él ha establecido las verdades por las cuales vivimos.

Es posible que algunos de ustedes, al reflexionar sobre la proclamación, digan: “Esto no es para mí”. “No muestra ninguna sensibilidad”. “Mi familia no es como la que describe”. “No encajo en ella”.

Para aquellos que tienen inquietudes, sepan que son hijos de padres celestiales; son parte de la familia de su Padre Celestial. Nadie los conoce mejor ni se preocupa más profundamente por ustedes que Él. Vuélvanse a Él, derramen su corazón hacia Él, confíen en Él y en Sus promesas. Su Salvador Jesucristo es su familia, y Él los ama. Él vino a la tierra para expiar nuestros pecados y llevar la carga de nuestros errores y nuestros días malos. Él entiende lo que ustedes afrontan y sienten. Acudan a Él, confíen en que Él enviará al Espíritu Santo para que esté con ustedes, los eleve y los guíe. Sientan Su amor que “se derrama ampliamente en el corazón de los hijos de los hombres […], es más deseable que todas las cosas […] y el de mayor gozo para el alma”.

Todos los Apóstoles del Señor los aman profundamente. Oramos por ustedes y procuramos la guía del Señor para ustedes. Permanezcan con nosotros. Viven en tiempos difíciles en los que el adversario procura hacerlos suyos. No se aparten; y, si se han apartado, regresen. Nuestros brazos se extienden hacia ustedes, al igual que los de otras personas que los aman.

La proclamación declara: “Los padres tienen el deber sagrado de criar a sus hijos con amor y rectitud”. El Libro de Mormón proporciona un segundo testigo de esta verdad. En el primer versículo del primer capítulo, leemos: “Yo, Nefi, nací de buenos padres”. ¿Cuántos de nosotros hemos comenzado a leer el Libro de Mormón una y otra vez y, en el proceso, hemos aprendido esas palabras de memoria? Grábenlas en su corazón.

Una de mis afirmaciones favoritas de la proclamación es esta: “La felicidad en la vida familiar tiene mayor probabilidad de lograrse cuando se basa en las enseñanzas del Señor Jesucristo”.

¿Quién no desea ser feliz?

¿Y cuáles son las enseñanzas de Jesucristo? Nuevamente de la proclamación: fe, oración, arrepentimiento, perdón, respeto, amor, compasión, trabajo y actividades recreativas edificantes.

¿Qué vida no será mejor si se aplican estos principios clave? Ninguno de nosotros lo hará a la perfección; pero podemos seguir las sabias palabras del presidente Hinckley: “Hagan lo mejor que puedan”.

En la proclamación, leemos: “El padre debe presidir […] con amor y rectitud” y “la madre es principalmente responsable del cuidado de sus hijos”. Presidir no significa dominar y el cuidado no es una función secundaria. Dios ha dado al hombre y la mujer funciones diferentes, pero iguales y esenciales, que se complementan entre sí.

Permítanme compartir una historia personal.

Mi esposa y yo aprendimos a ser compañeros más iguales después de un día en el que decidí tomar una decisión importante sin consultarla a ella. Lo que hice la sorprendió, la tomó desprevenida y la puso en una situación muy difícil. Posteriormente, me puso las manos sobre mis hombros y me dijo con firmeza: “Ron, por favor, nunca vuelvas a hacerme esto”. Desde entonces, hemos estado bastante de acuerdo en casi todo.

En la Proclamación sobre la familia leemos: “El padre y la madre, como compañeros iguales, están obligados a ayudarse el uno al otro”.

Iguales es una palabra importante. A lo largo de los años, al trabajar juntos en lo que la proclamación describe como nuestras “sagradas responsabilidades”, la hermana Rasband y yo hemos dado forma a un matrimonio unido en yugo igual. Ahora que cada uno de nuestros hijos se ha casado, la hermana Rasband y yo hemos continuado hablando con ellos y sus cónyuges en cuanto a cómo ser compañeros iguales.

Cuando vivimos con la mira puesta únicamente en la gloria de Dios, nos respetamos y apoyamos mutuamente. Esos modelos divinos de rectitud conducen a la estabilidad en nuestra vida personal, en nuestra familia y en la sociedad.

Nuestro Padre Celestial ha proporcionado la Proclamación sobre la familia para guiarnos a casa con Él, para ayudarnos a aprender y a estar llenos de amor, fortaleza, propósito y comprensión eterna. Con toda mi alma les suplico que vivan cerca de Él y de Su Hijo Amado. Les prometo que, si lo hacen, el Espíritu los inspirará y guiará y les ayudará a sentir en el corazón Su paz prometida que “sobrepasa todo entendimiento”. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Notas

  1. La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Biblioteca del Evangelio.

  2. La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Biblioteca del Evangelio.

  3. Véase Ronald A. Rasband, “Las palabras importan”, Liahona, mayo de 2024, págs. 70, 75–77.

  4. Véase Sheri Dew, Insights from a Prophet’s Life: Russell M. Nelson, 2019, pág. 208.

  5. Esta no fue la primera proclamación oficial de la Iglesia. Antes de “La Familia: Una Proclamación para el Mundo” de 1995, hubo proclamaciones en la historia de la Iglesia en 1841, 1845, 1865 y 1980. La última proclamación se presentó en 2020: “La Restauración de la plenitud del Evangelio de Jesucristo: Una proclamación para el mundo en el bicentenario”. (Véase Emma Benson, “What We Learn from the Proclamations of the Restoration” [digital-only article], Liahona, Dec. 2021, Gospel Library.)

  6. Dallin H. Oaks, “El plan y la proclamación”, Liahona, noviembre de 2017, pág. 30.

  7. Véase Dew, Insights from a Prophet’s Life, págs. 209–210.

  8. Véase Barbara Morgan Gardner y Olivia Osguthorpe, “Delivering the Family Proclamation: Insights from Former Relief Society General President Elaine L. Jack”, Religious Educator, 2023, tomo XXIV, nro. 2, pág. 164.

  9. Véase Gardner y Osguthorpe, “Delivering the Family Proclamation”, págs. 162–165; véase también Elaine•L. Jack, “La Sociedad de Socorro: Un bálsamo de Galaad”, Liahona, enero de 1996, pág. 106. En sus palabras, la presidenta Jack enseñó: “La familia nos brinda nuestros mayores gozos y algunas de nuestras más dolorosas aflicciones; provee un ambiente de aprendizaje, un aula de la cual nunca nos graduamos, pero de la que siempre aprendemos. En el seno familiar aprendemos a reconocer la paz espiritual que se logra al aplicar los principios de la caridad, la paciencia, el compartir, la integridad, la bondad, la generosidad, el autodominio y el servicio. Estos no son solo valores familiares, sino que son el modo de vida del Señor”.

    El élder Dallin•H. Oaks, presidente del Consejo Ejecutivo del Sacerdocio en aquel entonces, también asistió a esa reunión (véase Gardner y Osguthorpe, “Delivering the Family Proclamation”, pág. 167).

  10. Véase Gardner y Osguthorpe, “Delivering the Family Proclamation”, pág. 165.

  11. “La Familia: Una Proclamación para el Mundo” sería la primera proclamación oficial de la Iglesia desde el 6 de abril de 1980. Hasta ese momento, la Iglesia solo había emitido cuatro proclamaciones oficiales, que abordaban asuntos de doctrina, fe, historia, advertencias, invitaciones y declaraciones sobre el crecimiento y progreso de la Iglesia (véase Encyclopedia of Mormonism, 1992, “Proclamations of the First Presidency and the Quorum of the Twelve Apostles,” tomo III, págs. 1151–1157).

  12. Elaine L. Jack en Gardner y Osguthorpe, “Delivering the Family Proclamation”, pág. 166.

  13. Gordon B. Hinckley, “Permanezcan firmes frente a las asechanzas del mundo”, Liahona, enero de 1996, pág. 116. En la Conferencia General de octubre de 1976, el presidente Spencer W. Kimball citó a un autor estadounidense que observó: “A través de la historia, las naciones han podido sobrevivir una gran cantidad de enfermedades, invasiones, hambre, terremotos, epidemias y depresiones económicas; pero jamás han podido sobrevivir los efectos de la desintegración de la familia”. (en “Informe y desafío a los miembros”, Liahona, febrero de 1977, pág. 3).

  14. Doctrina y Convenios 1:38.

  15. La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Biblioteca del Evangelio.

  16. Russell M. Nelson, “Decisiones para la eternidad”, devocional mundial para jóvenes adultos, 15 de mayo de 2022, Biblioteca del Evangelio.

  17. Véase Gordon B. Hinckley, “Permanezcan firmes frente a las asechanzas del mundo”, pág. 116.

  18. Véase “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Biblioteca del Evangelio.

  19. 1 Nefi 11:22–23.

  20. La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Biblioteca del Evangelio.

  21. 1 Nefi 1:1.

  22. La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Biblioteca del Evangelio.

  23. La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Biblioteca del Evangelio.

  24. Gordon B. Hinckley, “Las mujeres de la Iglesia”, Liahona, enero de 1997, pág. 78.

  25. La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Biblioteca del Evangelio. “Cuando no hubiere un esposo o padre en el hogar, la madre preside la familia” (Manual General: Servir en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 2.1.3).

  26. La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Biblioteca del Evangelio.

  27. La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Biblioteca del Evangelio.

  28. La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Biblioteca del Evangelio.

  29. En la Conferencia General de octubre de 1991, el presidente Gordon B. Hinckley enseñó que Adán y Eva “[estaban] uno al lado del otro en el jardín, fueron expulsados juntos del jardín, trabajaron juntos, uno al lado del otro y se ganaron el pan de cada día con el sudor de su frente” (“Nuestras solemnes responsabilidades”, Liahona, enero de 1992, pág. 63).

  30. Filipenses 4:7.