Sesión del domingo por la mañana
“Yo soy”
Extractos
A lo largo de la historia muchos han simplificado, incluso trivializado nuestra imagen de [Jesucristo] y de Su testimonio de quién era Él. Han reducido Su rectitud a mero puritanismo, Su justicia a simple ira, Su misericordia a pura permisividad. No debemos ser culpables de esas versiones simplistas de Él que convenientemente ignoran las enseñanzas que nos resultan incómodas. Esta “bajada de nivel” ha sido verdad incluso con respecto a Su virtud suprema que lo define: Su amor.
Durante Su misión terrenal, Jesús enseñó que había dos grandes mandamientos […]. “Amarás al Señor tu Dios [y] amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Si hemos de seguir fielmente al Salvador en estas dos reglas cruciales e inseparablemente ligadas, debemos aferrarnos firmemente a lo que Él realmente dijo; y lo que realmente dijo fue: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”. Esa misma noche, Él dijo que “os améis unos a otros; como yo os he amado” […].
¿Cómo amó Jesús?
Primero, Él amó con “todo [Su] corazón, alma, mente y fuerza”, lo que le dio la capacidad para sanar el dolor más profundo y para declarar las verdades más difíciles […].
La segunda característica de la caridad divina de Jesús fue Su obediencia a toda palabra que salía de la boca de Dios, alineando siempre Su voluntad y comportamiento con los de Su Padre Celestial […].
Cuando estemos ante Él y veamos las heridas en Sus manos y Sus pies, comenzaremos a comprender lo que significó para Él sufrir nuestros pecados y ser experimentado en quebranto, ser completamente obediente a la voluntad del Padre, todo por amor puro hacia nosotros.