El Amigo
Manos felices que ayudan
El Amigo, febrero de 2026


“Manos felices que ayudan”, El Amigo, febrero de 2026, págs. 18–19.

Manos felices que ayudan

¡Era el Año Nuevo lunar y las niñas estaban listas para prestar servicio!

Una historia real de Taiwán.

Ilustración de dos niñas con mochilas junto a su mamá

Yu-Qian y Yu-He estaban emocionadas. ¡Era hora de celebrar el Año Nuevo lunar! Habían esperado todo el año ese día especial.

Esa noche, toda la familia se reuniría para celebrar una gran fiesta; habría comida deliciosa y hermosos fuegos artificiales en el cielo. Tanto Yu-Qian como Yu-He recibirían un sobre rojo con dinero de la suerte.

Sin embargo, no todos podrían celebrar esta noche como ellas. Había muchas personas que no tenían un hogar o ni siquiera una familia, y esto entristecía a Yu-Qian y Yu-He. Ellas deseaban ayudar y habían decidido hacer comida para las personas que la necesitaban. Esperaron con ansias que su mamá regresara a casa con los suministros.

Finalmente, la mamá y su amiga Mavis llegaron con comestibles. Yu-Qian corrió para ayudarlas a llevar las bolsas.

“¡Has vuelto!”, dijo Yu-He. “¿Conseguiste todo?”.

“¡Sí!”, dijo su mamá. “Cocinaremos muchas gachas de taro y tartaletas de huevo para compartir”.

Durante las siguientes horas, Yu-Qian, Yu-He, la mamá y Mavis trabajaron mucho para preparar la comida. Cuando terminaron, ¡tenían veinte recipientes de gachas de taro y treinta tartaletas de huevo! También tenían muchos kits con pañuelos desechables, vendas, toallitas húmedas para las manos y calcetines.

“¿Podemos ayudar a entregar todo?”, preguntó Yu-He.

“Lo dejaremos en la estación de tren”, dijo Mavis. “Una organización benéfica repartirá todo a las personas que lo necesiten”.

“Está bien”, dijo Yu-Qian. “¡De todas formas, queremos ir!”.

La mamá sonrió. “Estoy orgullosa de ustedes, chicas, por dar su tiempo durante este día festivo para hacer esto”.

Después de dejar los suministros, Mavis se despidió y se fue a su casa.

“Es hora de que nosotras también nos vayamos a casa”, dijo la mamá.

“Espera”, respondió Yu-He. “¿Podemos esperar para verlos repartir la comida?”.

La mamá lo pensó. “Muy bien, todavía tenemos algo de tiempo, veamos desde aquí”.

Las niñas y la mamá esperaron afuera de la estación de tren. Observaron cómo los miembros de la organización benéfica daban alimentos y kits a las personas que se habían reunido afuera. ¡Se veían tan felices!

Ilustración de una mujer arrodillada para entregar una bolsa a un hombre sentado en una estación de tren

Yu-Qian señaló. “¡Miren! ¡Ahí están nuestras tartaletas de huevo!”.

“¡Y nuestros kits de suministros!”, dijo Yu-He.

Las niñas se quedaron en silencio. Un sentimiento familiar las inundó y sintieron calidez en el corazón. Sabían que eso provenía del Espíritu Santo.

De camino a casa, Yu-Qian y Yu-He no pensaban en la comida, los regalos, los fuegos artificiales y los juegos que las esperaban. Pensaban en las personas a las que habían ayudado.

“Mamá, ¿cuál es el pasaje de las Escrituras que siempre te gusta decir?”, preguntó Yu-Qian. “¿En el que Jesús dice: ‘más pequeños’?”.

“‘De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos, mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis’”, recitó la mamá.

Yu-Qian y Yu-He se sonrieron la una a la otra. Estaban felices de poder hacer algo especial por Jesucristo durante esa noche especial.

PDF del relato

Ilustraciones por Valentina Fontana