“Lista para seguir creciendo”, El Amigo, noviembre de 2025, págs. 36–37.
Lista para seguir creciendo
¡Jewel no quería dejar a sus amigos de la Primaria!
Una historia real de Palaos
Jewel se sentó en la banca en la reunión sacramental con sus padres y su hermano. Hizo dibujos de relatos de las Escrituras. Intentó escuchar al discursante, ¡pero se sentía muy nerviosa!
Hoy era el primer día que Jewel iba a ir a la clase de las Mujeres Jóvenes en lugar de ir a la Primaria. No quería estar sin sus amigos de la Primaria. Le encantaba cantar y leer las Escrituras con ellos.
Pero Jewel cumplía doce años este año y era hora de pasar al programa de las Mujeres Jóvenes.
Jewel cerró los ojos y ofreció una oración en silencio: “Padre Celestial, por favor ayúdame a tener una buena clase de las Mujeres Jóvenes”.
Después de la última oración en la reunión sacramental, Jewel respiró hondo y caminó hacia el salón de clases. Las chicas mayores ya estaban allí; eran cuatro. Estaban hablando y riendo.
“Hola”, dijo Jewel.
Ellas sonrieron. “Hola”.
La maestra entró y le dio la bienvenida a Jewel. Luego comenzó la lección.
Durante la mayor parte de la clase, Jewel se sintió sola. Estaba nerviosa de hablar porque aún no conocía a las otras chicas. Tendría que quedarse en las Mujeres Jóvenes por mucho tiempo. ¡Le parecía que era eterno! ¿Se sentiría siempre sola aquí?
Entonces, le vino un pensamiento a la mente. “No estarás en las Mujeres Jóvenes para siempre. Simplemente tenías la edad suficiente para hacer este cambio y aprender más acerca de ser discípula de Jesucristo”.
Jewel se sintió consolada por esas palabras. Las reconoció como ayuda del Espíritu Santo. Aunque todavía no tenía muchas amigas en las Mujeres Jóvenes, no estaba sola; tenía al Espíritu Santo.
Después de que terminó la clase, Jewel fue a buscar a su familia.
“¿Cómo te fue en la clase de las Mujeres Jóvenes?”, preguntó la mamá.
Jewel le dio un abrazo. “No estuvo mal. Extraño la Primaria y todavía no conozco a las chicas, pero sentí el consuelo del Espíritu Santo”.
Su mamá sonrió. “¡Me alegra escuchar eso! Y tal vez la próxima vez sea aún mejor”.
Jewel asintió con la cabeza. Esperaba que su mamá tuviera razón.
La siguiente vez que fue a la clase de las Mujeres Jóvenes, Jewel volvió a saludar a las chicas.
“Hola”, dijo una de ellas. “¡Ven y siéntate a mi lado!”.
Jewel sonrió y se sentó junto a la joven; se llamaba Ellie. Conversaron mucho antes de que comenzara la lección. Ellie fue amable y la hizo sentir bienvenida.
Durante la lección, la maestra preguntó si alguien había tenido alguna experiencia con el Espíritu Santo.
Jewel levantó la mano. “Sentí que el Espíritu Santo me ayudaba cuando estaba nerviosa por unirme a las Mujeres Jóvenes”, dijo. “El Espíritu Santo me ayuda cuando crezco y afronto desafíos”.
Jewel estaba pensando en cómo el Espíritu Santo la había consolado cuando se sintió sola. Se sintió bien al relatar su experiencia a las chicas de las Mujeres Jóvenes.
Después de que ella habló, algunas otras chicas también lo hicieron. A Jewel le gustaba escuchar sus comentarios.
Jewel todavía extrañaba la Primaria a veces, pero, gracias al Espíritu Santo, estaba lista para seguir creciendo.
Ilustraciones por Liz Brizzi