2025
Dinero en el mercado
Mayo de 2025


Dinero en el Mercado

Esta vez, voy a hacer exactamente lo que mamá me pidió, pensó Anane.

Una historia real de Ghana.

Niño sosteniendo dinero y mirando productos en un puesto del mercado

Anane sonreía mientras caminaba por la calle. El olor a pescado frito y el bullicioso parloteo de la gente llenaban el mercado. Iba de camino a la casa de su tío. Su mamá le había dado algo de dinero para que se lo diera al tío.

Miró a su alrededor todos los puestos que vendían productos, alimentos y otros artículos, y entonces, algo le llamó la atención.

Había un puesto de comida que tenía dos de sus golosinas favoritas: caramelo y galletas. Miró el dinero que le había dado su mamá. Cien cedis es mucho, pensó. Sus golosinas favoritas valían solo 10 cedis. El tío probablemente no se daría cuenta si faltara algo.

Anane compró las golosinas, se metió un caramelo en la boca y siguió caminando hacia la casa del tío.

El tío estaba de pie afuera de su casa cuando Anane llegó.

“¡Si es el pequeño Anane! Ven”, le dijo. “¿Qué puedo hacer por ti?”.

“Te traje algo de dinero de parte de mamá”. Anane le entregó el dinero y volvió a meterse las manos en los bolsillos. ¿Se daría cuenta el tío de que faltaba dinero? Miró cómo el tío lo contaba.

“Gracias por traerlo”, dijo el tío.

Anane se alegró de que el tío no se diera cuenta del dinero que faltaba. Se despidió y comenzó la larga caminata a casa. En el camino, terminó de comerse su caramelo y galletas.

“¿Qué tal la caminata hasta la casa del tío?”, preguntó la mamá cuando Anane llegó a casa.

Y alzó los hombros. “Bien”.

“Gracias por llevarle ese dinero por mí”, dijo la mamá.

Anane miró al suelo, y comenzó a sentirse culpable. ¿Y si sus padres se enteraban de que había gastado parte del dinero? No quería perder su confianza.

A la mañana siguiente, la mamá le pidió a Anane que comprara algunas cosas en una tienda cercana. “Ven directo a casa después de que hayas terminado de comprar, ¿de acuerdo?”

“Está bien”. Anane caminó por el mercado, pero no compró nada. Frunció el ceño y pensó: Esta vez voy a hacer exactamente lo que mamá me pidió.

Apenas terminó, se fue directamente a casa y le dio a mamá todo el dinero sobrante.

Ese domingo, Anane fue a su clase de la Primaria. “¡Buenos días!”, dijo su maestra. “Hoy aprenderemos acerca de la obediencia. Es importante que escuchemos a nuestros padres y tomemos buenas decisiones”.

Anane pensó en el dinero que había gastado en los caramelos y las galletas, y sintió que se le revolvía el estómago. Sabía que había tomado una mala decisión.

Después de la Iglesia, Anane quería hablar con sus padres. Su corazón latía con fuerza.

“¿Mamá? ¿Papá? ¿Se acuerdan del dinero que me dieron para que se lo llevara al tío?”, preguntó Anane. “Usé un poco de ese dinero para comprar golosinas”. Miró al suelo y continuó: “Lo lamento”.

“Gracias por ser honesto”, dijo su papá. “Estoy muy orgulloso de ti”.

Anane sonrió. Estaba muy feliz de haber dicho la verdad y se sintió bien por dentro después de decírselo a sus padres. Ya estaba tomando una mejor decisión.

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Ilustración por Aleksandar Zolotic