La solución de la sombra
“¿Y si plantamos algunos árboles?”, preguntó Cristal.
Una historia real de Argentina.
“¿Podemos ir a la plaza?”, preguntó Cristal, la hermana de Iván.
Iván miró hacia afuera y dijo: “Quiero ir, pero tal vez deberíamos esperar que se ponga el sol. Hace mucho calor”.
La plaza era un gran campo de césped cerca de su casa, donde les encantaba jugar a la mancha (pilla pilla) o a las escondidas con sus amigos. Sin embargo, la plaza no tenía sombra para protegerse del calor; y este verano, eso era un gran problema.
Cristal se quedó callada un momento y luego dijo: “¿Y si plantamos algunos árboles? ¡La plaza tendría sombra y así podríamos jugar incluso cuando hace calor!”.
Iván sonrió y contestó: “Me encanta esa idea”.
Iván y Cristal le contaron a su papá todo sobre su plan. “Le pediré permiso a la ciudad”, dijo.
Unas semanas más tarde, tenían el permiso que necesitaban y estaban listos para comenzar. El papá llevó a Iván y a Cristal junto al árbol grande que crecía detrás de su casa, debajo del cual crecían muchos arbolitos.
“Cuando el árbol grande florece, deja caer las semillas al suelo”, explicó el papá, “con el tiempo, de esas semillas crecen arbolitos. ¡Son como pequeños milagros de la naturaleza!”.
El papá les mostró cómo desenterrar cuidadosamente los arbolitos. Iván y Cristal los plantaron con cuidado en macetas.
Luego, un sábado por la tarde, cuando el sol se ocultaba detrás de las nubes, Iván y Cristal cargaron los arbolitos en un carrito y, lentamente, lo empujaron hasta la plaza. Los hermanos y hermanas menores de Iván ayudaron a llevar baldes o cubos de agua y la mamá y el papá llevaron unas palas.
Juntos eligieron el lugar para cada árbol. Cavaron hoyos y plantaron cada árbol con cariño. La mamá les enseñó a cavar zanjas alrededor de los árboles para regarlos. “Los árboles necesitan la luz del sol, agua y muchos nutrientes para crecer fuertes”, dijo, “¡igual que los niños!”.
Iván pensó en el árbol que estaba detrás de su casa e imaginó cómo se verían estos árboles algún día. “¿No les parece increíble que algún día estos árboles serán más altos que nosotros?”, comentó.
En la primavera, los árboles deslumbrarían a todos con sus hermosas y brillantes flores rosadas; en verano, su sombra se extendería por toda la plaza; y en otoño, las hojas cubrirían el suelo como una alfombra amarilla.
Iván y Cristal visitaban la plaza todos los días para ver cómo estaban los árboles. Se aseguraron de que cada árbol tuviera suficiente agua y cada vez que brotaba una nueva hoja o rama, se sentían muy orgullosos. ¡Su trabajo arduo estaba dando sus frutos!
Iván se sintió feliz pensando en todas las personas que algún día disfrutarían de la sombra en la plaza. Él había ayudado a hacer del mundo un lugar más hermoso para todos los hijos del Padre Celestial.
Ilustraciones por Colleen McKeown