No tan perfecto
¡El día perfecto de Adeline había terminado oficialmente!
Una historia real desde Francia.
Adeline terminó de marcar la última casilla de verificación en su hoja. Junto a ella, escribió: Orar por la mañana y por la noche.
“¿Qué es eso?”, le preguntó la mamá.
“Estoy haciendo una lista de verificación para mañana. ¡Voy a tener un día perfecto!”, dijo Adeline.
La mamá levantó las cejas. “¿De veras?”.
Adeline asintió. “En la Primaria aprendimos acerca de ser perfeccionados en Cristo. Voy a ser muy buena para poder tener días perfectos”.
“Me alegro de que quieras tomar buenas decisiones”, dijo mamá, y añadió: “Pero sabes que solo hubo una persona en la tierra que fue perfecta: Jesucristo”.
Adeline suspiró. “Lo sé, ¡pero yo de verdad quiero intentarlo! Creo que puedo lograrlo”.
A la mañana siguiente, Adeline estaba lista. Hizo su cama y su oración matutina.
Durante el desayuno, ayudó a darle comida a su hermanita, Sylvia. Cuando Sylvia derramó los duraznos (melocotones) sobre la silla, Adeline respiró hondo, contó hasta cuatro y ayudó a limpiar.
En la escuela, Adeline buscó personas que necesitaran ayuda. Lucas tenía un esguince de tobillo, así que ella le llevó la bandeja del almuerzo.
Al salir de la escuela, Adeline esbozó la sonrisa más grande que podía hacia la señora que mantenía abierta la puerta de la escuela, quien solía tener cara de estar molesta. ¡Pero hoy le devolvió la sonrisa!
Después de la escuela, Adeline le dio a Sylvia su animal de peluche favorito para que jugara con él, y antes de acostarse, hizo una oración. Marcó los puntos de su lista y se acurrucó con su manta. Se sentía muy orgullosa y muy cansada. ¡Estaba lista para otro día perfecto al día siguiente!
Cuando Adeline se despertó al día siguiente, todas sus muñecas estaban desparramadas por el suelo. Sylvia tenía una en sus manos y la estaba chupando. ¡Debe haberlas sacado todas!
“¡Sylvia!”, gritó Adeline. “¡Te dije que no tocaras mis muñecas!”. Agarró la muñeca que tenía Sylvia y ella se puso a llorar y salió corriendo.
Adeline miró su lista de verificación en la puerta. Le invadió la tristeza.
La mamá entró justo cuando Adeline sentía una lágrima en su mejilla.
“¿Qué pasó?”, le preguntó la mamá.
“Olvidé mi oración, no hice mi cama”. La voz de Adeline tembló. “Y fui mala con Sylvia. ¡Mi día perfecto se acabó!”
La mamá le dio un abrazo. “Es muy difícil ser perfecto todo el tiempo. De hecho, es imposible”.
Adeline frunció el ceño. “Pero entonces, ¿cómo puedo ser perfecta en Cristo?”.
“De eso se trata. No podemos ser perfeccionados sin Jesucristo”, dijo la mamá. “Él dio Su vida por nosotros porque el Padre Celestial sabía que cometeríamos errores y necesitaríamos ayuda. Jesús toma nuestros intentos imperfectos y los hace mejores”.
Adeline pensó sobre eso. “¿Entonces no puedo tener días perfectos todos los días?”, preguntó.
La mamá respondió que no con la cabeza. “No, tendrás días difíciles, pero también tendrás días buenos”. La mamá acomodó el cabello de Adeline detrás de la oreja. “Lo que importa es que intentes hacerlo lo mejor que puedas. Incluso si un día comienza con una mala decisión, siempre podemos hacer una oración para arrepentirnos e intentarlo de nuevo. Con la ayuda de Jesucristo, eres suficiente”.
Adeline tuvo una sensación cálida por dentro.
“Ahora, con respecto a tu lista”. La mamá señaló la lista. “¿Qué tal si nos centramos en una sola cosa?”
Adeline miró su lista. Arrancó parte del papel y pegó con cinta la otra parte en la puerta. Lo único que estaba en la lista decía: Hacer oraciones por la mañana y por la noche.
Adeline sonrió. “Puede que mi día no haya comenzado perfecto, pero todavía puedo hacer una oración ahora, y con la ayuda de Jesucristo, ¡será suficiente!”.
Ilustraciones por Giovanni Abeille