“Desde ya un misionero”, El Amigo, febrero de 2025, págs. 44–45.
Desde ya un misionero
Un relato verídico de EE. UU.
Thad ayudó a su mamá a poner la mesa para la cena. “¿Puedo ponerme mi ropa de domingo esta noche?”, preguntó Thad. “¿Ya que los misioneros vienen a cenar?”.
La mamá sonrió. “Me parece una gran idea”.
Antes de la cena, Thad subió las escaleras para ponerse la camisa blanca y la corbata.
“¿Por qué tienes puesta corbata hoy?”, le preguntó su hermana mayor, Mindy. “Hoy no es domingo”.
“Los misioneros vendrán”, dijo. “¡Quiero ser como ellos!”
Sonó el timbre, y Thad y Mindy bajaron corriendo las escaleras. Vieron entrar a dos misioneros con camisas blancas. Se sentaron, bendijeron la comida y comenzaron a comer. Thad tuvo cuidado de no derramar los espaguetis sobre su camisa blanca y limpia.
“Me gusta su corbata”, dijo el élder Cowley. “Parece un misionero”.
Thad sonrió. “Voy a servir en una misión cuando sea grande”.
“¡Qué buena meta!”, dijo el élder Wakefied. “Incluso puede empezar a ser misionero ahora mismo”.
Thad se sentó más erguido en su silla. “¿Cómo?”.
“Puede ser un buen ejemplo para los demás; puede fortalecer a su familia y puede ser un buen amigo”.
Thad pensó al respecto. “Puedo hacer eso”.
Al día siguiente, Thad se esforzó por ser amable con Mindy. Ayudó a su mamá con los quehaceres. Compartió sus juguetes cuando uno de sus amigos vino a jugar.
Al final del día, la mamá lo abrazó. “Algún día vas a ser un gran misionero”.
Thad mostró una gran sonrisa. “¡Ya lo soy!”.
Ilustraciones por Melissa Manwill Kashiwagi