Luz en la oscuridad, libertad en una cárcel

En un momento de gran necesidad, el Señor proporcionó orientación y esperanza a Su profeta y a Su pueblo.
El 1 de diciembre de 1838, los residentes de Liberty, Misuri, se reunieron cerca del centro de la ciudad. Vieron a seis hombres bajar de una carreta y subir lentamente los escalones de la cárcel del condado.

Esos seis hombres eran líderes de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días: José Smith Jr., Hyrum Smith, Sidney Rigdon, Lyman Wight, Caleb Baldwin y Alexander McRae. La milicia estatal los había arrestado y acusado falsamente de traición un mes antes. Ahora los líderes esperaban en la cárcel de Liberty hasta que pudieran comparecer ante un juez. Mientras esperaban y apelaban su caso, un juez liberó a Sidney Rigdon en febrero por motivos médicos, pero los demás permanecieron encarcelados hasta principios de abril.
Paredes de roca de la réplica de la cárcel de Liberty.
Los meses en la cárcel fueron sombríos. La cárcel era oscura, fría y estrecha. Las gruesas paredes encerraban dos pequeñas habitaciones, una encima de la otra, con solo pequeñas ventanas enrejadas para dejar entrar un poco de luz y aire. La comida era escasa y estaba contaminada. Los guardias permitían algunos paseos al aire libre y la visita de algunos amigos, pero estos ocasionales actos de bondad no servían para calmar la preocupación de los prisioneros por sus familiares y amigos fuera de la cárcel.
Puerta original de la cárcel Liberty.
El 27 de octubre de 1838, cinco semanas antes de que estos hombres ingresaran en la cárcel, el gobernador de Misuri ordenó a la milicia estatal que “exterminara” a los Santos de los Últimos Días o los expulsara del estado. Días después de que la orden saliera de la oficina del gobernador, los milicianos capturaron a José Smith y a otros líderes de la Iglesia y sitiaron su ciudad de Far West. Para diciembre, las familias de los líderes de la Iglesia se unieron a miles de otros refugiados Santos de los Últimos Días que se dirigían hacia el este, a través de Misuri, hacia Iowa e Illinois.
José Smith y los demás que estaban en la cárcel recibían noticias de su progreso de vez en cuando a través de visitas y cartas. José observó que las cartas “emana[ban] un espíritu de bondad y consuelo” y “fue[ron] tan refrescante[s] para nuestras almas como una apacible brisa”. Pero también eran recordatorios de los tiempos difíciles que se vivían fuera de los muros de la prisión. “Nuestro gozo se mezcló con aflicción”, dijo José, “por motivo de los sufrimientos de los pobres y tan perjudicados santos” (Los documentos de José Smith).

Piensen en la frustración, la ansiedad, la tristeza y la incertidumbre que sentían al no poder hacer mucho para ayudar a sus seres queridos. Previamente, algunos de los suyos los habían traicionado. ¿Se alejarían también los demás? ¿Cómo podían los Santos de los Últimos Días, tanto los que estaban en la cárcel como los expulsados, obtener la paz y la fortaleza que necesitaban? ¿Cómo podrían edificar Sion?
Interior of Liberty Jail
Sótano de la réplica de la cárcel de Liberty.
Después de dos semanas en la cárcel, José Smith escribió con optimismo: “Sion ha de vivir aún, aunque parezca estar muerta” (Los documentos de José Smith). Pero a medida que pasaba el tiempo y el Profeta sentía el peso del sufrimiento de su pueblo durante los largos meses de invierno, expresó su angustia en oración.

“Oh Dios, ¿en dónde estás?”, clamó el profeta. ”¿Y dónde está el pabellón que cubre tu morada oculta?” (Doctrina y Convenios 121:1).

”¿Hasta cuándo se detendrá tu mano, y tu ojo, sí, tu ojo puro, contemplará desde los cielos eternos los agravios de tu pueblo y de tus siervos, y penetrarán sus lamentos en tus oídos?” (Doctrina y Convenios 121:2).
Texto original de Doctrina y Convenios 121.
El Señor le contestó:

“Hijo mío, paz a tu alma; tu adversidad y tus aflicciones no serán más que por un breve momento; y entonces, si lo sobrellevas bien, Dios te exaltará” (Doctrina y Convenios 121:7).

El consejo del Señor conmovió a José y a los demás prisioneros. En un momento de gran necesidad, el Señor proporcionó orientación y esperanza a Su profeta y a Su pueblo. La luz del cielo penetró en la oscuridad de aquella prisión. A través de esta revelación, Dios bendijo a José Smith con el valor para perseverar. Él declaró a Sus hijos fieles que nunca los olvidaría, que siempre estaría con ellos en sus pruebas y que exaltaría a todos aquellos que hicieran y guardaran convenios.

A pesar de que el Profeta seguía en la cárcel, la palabra revelada de Dios llegó a quienes estaban fuera de los muros de la prisión. José Smith y sus compañeros de prisión prepararon dos cartas dirigidas a toda la Iglesia. Doctrina y Convenios 121 y 122 contienen estas palabras. En la segunda carta se incluye un mensaje del profeta que guía a los santos en sus continuos esfuerzos por edificar Sion:
“Hagamos con buen ánimo cuanta cosa esté a nuestro alcance; y entonces podremos permanecer tranquilos, con la más completa seguridad, para ver la salvación de Dios y que se revele su brazo”.
Quince hombres trasladaron a José Smith y a sus compañeros al condado de Daviess el 6 de abril de 1839. Allí, el sheriff Morgan recibió la orden de llevarlos a una audiencia. Con la ayuda de sus guardias, los cinco prisioneros escaparon el 16 de abril. Viajaron a Quincy, Illinois, donde se reunieron con sus familias y con los santos. Ese mismo año, los santos comenzarían a establecer la ciudad de Nauvoo, una piedra angular de Sion.