2025
Elegir confiar de nuevo en Dios después de experimentar dificultades en mi misión
Abril de 2025


Solo para la versión digital: Jóvenes adultos

Elegir confiar de nuevo en Dios después de experimentar dificultades en mi misión

El autor vive en España.

Mi misión no fue como siempre lo había imaginado y eso me hizo sentir confundido y solo, hasta que aprendí a poner mi confianza en Dios.

un joven sentado mirando por una ventana

Cuando comencé mi misión, tenía grandes expectativas. Serviría fielmente, bautizaría a muchas personas y regresaría a casa con confianza e historias inspiradoras que contar. Haría que mi familia se sintiera orgullosa.

Sin embargo, durante mi entrenamiento, me invadió una ansiedad inesperada. Amaba el Evangelio, pero no entendía por qué me resultaba tan difícil compartirlo. Las dificultades para sentir confianza al enseñar me hacían empezar a dudar de mí mismo y de mi fe.

Con el paso del tiempo, me fui deprimiendo (el COVID-19 tampoco ayudó). Mi presidente de misión no estaba muy familiarizado con los problemas de salud mental y no siempre nos entendíamos muy bien durante nuestras conversaciones. Comencé a ver a un terapeuta, lo cual me ayudó mucho, pero mis dificultades con el Evangelio no desaparecieron. Tenía miedo de volver a hablar con mi presidente de misión en cuanto a mis sentimientos porque temía que me enviara a casa y yo quería terminar mi misión.

Creía erróneamente que las personas no deberían tener problemas en la misión ni cuando están tratando de hacer lo correcto, así que mi situación me confundía. ¿No se suponía que debía estar experimentando gozo al hacer la obra del Señor?

Fe en medio de las dificultades

Después de terminar la misión, tuve dificultades para encontrar respuestas y apoyo en cuanto a mis complicados sentimientos. No tenía contacto con mis compañeros ni con el presidente de misión y sentía mucha vergüenza por mis sentimientos. Me daba miedo compartirlos porque nadie más parecía haber tenido dificultades en su misión, o al menos no hablaban de ello.

Un día en la iglesia, mi maestra de la Escuela Dominical habló de cómo su hijo, que había vivido fielmente el Evangelio y servido en una misión, afrontaba desafíos continuamente en su vida y sentía que eso era injusto. ¡Describió la misma situación en la que me encontraba yo!

Testificó que tener el conocimiento del Evangelio no nos protege de las dificultades y de los desafíos, pero tener fe y guardar los convenios puede ayudarnos a recibir fortaleza del Padre Celestial y de Jesucristo, y el consuelo del Espíritu Santo.

La vida consiste en elegir confiar en el Padre Celestial en esos momentos y en encontrar paz, progreso y mayor fe en medio de las dificultades y la injusticia.

El presidente Henry B. Eyring, Primer Consejero de la Primera Presidencia, enseñó en una ocasión: “Deseo alentar a aquellos que están en medio de pruebas difíciles, quienes sienten que su fe se va disipando bajo la avalancha de problemas. Las dificultades mismas pueden ser la forma de fortalecer y, al final, obtener una fe inquebrantable”.

Me di cuenta de que servir en una misión, y todo lo que el Señor nos pide que hagamos, no siempre es fácil. Y, desde un principio, las pruebas que yo pensaba que estaban debilitando mi fe eran las experiencias que podían fortalecerla. Necesitaba cambiar mi perspectiva. Por medio de mi Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo, pude permitir que las dificultades que afronté en mi misión, y después de ella, aumentaran mi fe.

Confiar de nuevo

El élder Dieter F. Uchtdorf, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó recientemente: “La fe soporta las pruebas y las incertidumbres de la vida porque está arraigada firmemente en Cristo y en Su doctrina. Jesucristo, y nuestro Padre Celestial, quien lo envió, juntos constituyen el objeto perfectamente fiable y siempre constante de nuestra confianza”.

Cuando la vida resulta diferente de lo esperado, en lugar de creer que el Padre Celestial nos ha abandonado o que el Evangelio no es verdadero, podemos elegir confiar en Él.

También he aprendido lo importante que es hablar con personas de confianza y no sufrir en silencio. No todos entenderán nuestras experiencias por completo, pero tener una conexión significativa con los demás es muy importante para nuestro bienestar mental y espiritual.

Nuestro Padre Celestial nos ama perfectamente y tenemos un Salvador que nos comprende. Quieren que recordemos que podemos confiar en Ellos, siempre.