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Sean uno, trabajen juntos
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Meditar:¿Qué significa “ser uno”? ¿Qué relación tiene el “ser uno” con lograr ser autosuficiente?
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2:1
“A la manera del Señor” (¿No tiene el video? Lea la página siguiente.)
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Analizar:¿Qué enseña este mensaje en cuanto a servirse y ayudarse mutuamente?
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Leer:Moisés 7:18; Doctrina y Convenios 104:15–17 (a la derecha)
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Practicar:Realice la siguiente actividad:
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Individualmente y en silencio piense en los talentos, contactos u otros recursos con los que usted cuenta. ¿Cómo pueden sus talentos ayudar a otros miembros del grupo a ser más autosuficientes? Escriba sus ideas:
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Como grupo, comparta con los demás los talentos, contactos y otros recursos que usted enumeró. Tome nota de los contactos o recursos que otras personas tienen que pudieran ayudarle a usted.
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Ahora haga una lista de los recursos disponibles en el Centro de Autosuficiencia de la Iglesia, incluyendo mentores, computadoras, etc. ¿Por qué necesita estos recursos?
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¿Con qué recursos cuenta que pudieran ayudarle a usted y a otros a ser autosuficientes?
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¿Cómo ayudará a otros en su camino a la autosuficiencia?
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¿Cómo puede utilizar la ayuda de otros en su propio camino?
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Leer:Para practicar ser uno, puede hacer lo siguiente:
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Ayude a los miembros de su familia a ser más unidos y a trabajar juntos.
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Hable con los miembros de su barrio que son autosuficientes. Pregunte quiénes o qué recursos les ayudaron. ¡Pregúnteles si pueden ser su mentor!
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Visite tres lugares en su comunidad que cuentan con recursos para ayudarle a ser más autosuficiente. Tome nota de los servicios que pueden prestar. ¡Comience a utilizarlos!
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Comprométase:Comprométase a hacer las siguientes tareas durante la semana. Marque las casillas al completar cada tarea:
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Practique trabajar con otros (trabaje con su familia, los miembros del barrio y los recursos de la comunidad que apuntó más arriba).
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Enseñe este principio a su familia.
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Continúe practicando los principios fundamentales anteriores.
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A la manera del Señor
Si no le es posible ver el video, lea el siguiente guión.
PRESIDENTE EYRING: Los principios básicos del programa de bienestar de la Iglesia no son sólo para una época ni para un lugar; son para todas las épocas y todo lugar. …
La manera de hacerlo es clara. Quienes han acumulado más deben humillarse para ayudar a los necesitados.
Quienes tienen mucho deben sacrificar voluntariamente su comodidad, tiempo, destrezas y recursos para aliviar el sufrimiento del necesitado. La ayuda debe facilitarse a fin de incrementar el poder de los receptores para cuidar de sí mismos [y luego de otros].
Si se hace a la manera del Señor, puede ocurrir algo notable: el que da y el que recibe son bendecidos.
(Henry B. Eyring, discurso pronunciado en la dedicación del Centro de servicios de bienestar en Sugarhouse, Utah, junio de 2011, lds.org; las palabras entre corchetes fueron agregadas por el presidente Eyring durante una entrevista en marzo de 2014)
PRESIDENTE UCHTDORF: Hermanos y hermanas, cada uno de nosotros tiene una responsabilidad bajo convenio de ser sensible a las necesidades de los demás y de prestar servicio como lo hizo el Salvador, tender una mano de ayuda, bendecir y elevar a quienes nos rodean.
A menudo, la respuesta a nuestra oración no viene cuando estamos de rodillas sino cuando estamos de pie sirviendo al Señor y a quienes están a nuestro alrededor. Los actos de servicio desinteresado y la consagración purifican nuestro espíritu, quitan las escamas de nuestros ojos espirituales y abren las ventanas de los cielos. Al convertirnos en la respuesta a la oración de alguien, con frecuencia hallamos la respuesta a la nuestra.
(Dieter F. Uchtdorf, “A la espera en el camino a Damasco”, Ensign o Liahona, mayo de 2011, págs. 75–76