“El plan maravilloso”, El Amigo, marzo de 2026, págs. 4–7.
El plan maravilloso
Antes de venir a la tierra, el Padre Celestial tenía un maravilloso plan para nosotros. Naceríamos, aprenderíamos y creceríamos en la tierra. Podríamos seguir Su senda de los convenios y tomar buenas decisiones.
El Padre Celestial sabía que necesitaríamos ayuda, que tomaríamos malas decisiones y que a veces pecaríamos. No podíamos regresar a Él si no estábamos limpios.
Necesitábamos a alguien especial que nos ayudara a ser limpios de nuestros pecados. Jesucristo fue el primer Hijo procreado como espíritu del Padre Celestial. Él se ofreció a venir a la tierra y salvarnos de nuestros pecados.
Durante cientos de años, la gente esperó a que Jesús naciera. Finalmente, una nueva estrella brilló en el cielo para anunciar al mundo que el Salvador había venido.
Cuando Jesús creció, enseñó el Evangelio a las personas. Él era bondadoso, estaba lleno de amor y bendijo a los niños.
Él enseñó que debemos seguirlo y tratar a los demás como Él lo haría. Sanó a quienes estaban enfermos y devolvió la vida a personas que habían muerto.
Jesús sabía que había llegado el momento de Su mayor milagro. Fue al Jardín de Getsemaní y oró. Sintió el dolor de todos nuestros pecados, tristezas y enfermedades.
Algunas personas se enojaron con Jesús. No les gustaba lo que enseñaba y no creían que fuera el Hijo de Dios. Jesús fue arrestado y lo clavaron en una cruz, donde murió.
Los amigos de Jesús estaban muy tristes. Ellos colocaron Su cuerpo en un sepulcro y rodaron una piedra grande para cubrir la puerta.
Tres días después, algunas mujeres fueron al sepulcro. La piedra había sido quitada, ¡y el sepulcro estaba vacío! María Magdalena comenzó a llorar porque el cuerpo de Jesús no estaba. Un hombre bondadoso que estaba cerca le preguntó por qué lloraba. Cuando ella le contó, la llamó por su nombre. ¡Ella lo miró y vio que era Jesús! ¡Estaba vivo otra vez!
En la Pascua de Resurrección celebramos lo que Jesucristo hizo por nosotros. Gracias a que Él sufrió por nosotros, podemos arrepentirnos y ser limpios. Debido a que Él resucitó, ¡también viviremos otra vez! Gracias a Él, podemos regresar a nuestro Padre Celestial y estar con nuestra familia para siempre.
Ilustraciones por Matt Sweeney. Se pueden copiar únicamente para uso de la Iglesia.